¿Crónica de un fracaso anunciado? No necesariamente

Hace algunos meses, publicamos un artículo en el que hablábamos de cómo uno de los retos más grandes de emprender es no perder la cabeza en el intento y no dejar que nuestros miedos nos paralicen y nos eviten conseguir nuestras metas, objetivos y sueños. Los emprendedores nos guiamos por la pasión; nuestra brújula interna nos lleva a pensar de manera innovadora todo el tiempo y a hacer que las cosas funcionen, o mejor dicho dejamos el corazón en la cancha (esta metáfora es patrocinada por el Mundial Rusia 2018). Pero aunque siempre vamos a hacer todo lo posible por que nuestros proyectos y empresas prosperen, para muchos llega un momento en el que hay que tomar decisiones que nos hacen replantearlo todo y hacernos la pregunta más temida por todos los emprendedores: ¿es momento de tirar la toalla?

Replantear tu negocio no es sinónimo de fracaso

Existen muchas, más bien infinitas, razones por las que una empresa no está logrando los resultados esperados. Algunas son internas y otras externas, el cambio en el mercado, los avances tecnológicos y las innovaciones dentro de las industrias son sólo algunos de los aspectos que nos afectan directamente y si no estamos preparados nos puede llevar la corriente. Antes de tirar la toalla y dejar que los pensamientos de fracaso inunden nuestra mente, cerremos los ojos, tomemos una inhalación profunda, exhalemos y lo más importante, no entremos en pánico.

Quien ha pasado por esta situación sabe que tomarse un momento para respirar es difícil (y no entrar en pánico puede llegar a ser casi imposible), el hacer una pausa para replantear el negocio no es malo, al contrario, puede ser justo lo que tu y tu negocio necesitan para poder continuar y regresar con más fuerza.

¿Qué es lo que tienes que hacer en este pequeño momento de pausa? Te lo contamos:

1.- Haz cuentas. Conoce cuanto tienes y para cuanto tiempo te alcanza. La temporada de vacas flacas es más que conocida por los emprendedores, pero la realidad de las vacas flacas se ve reflejada cuando estás en un momento de crisis y aún así debes de pagar gastos fijos, nóminas y todos aquellos gastos que son inminentes para que sigas operando. Si los número no te dan, puedes buscar un inversor que este dispuesto a apostar por ti y por tu empresa o también optar por buscar un crédito. Cualquiera de las dos opciones suponen un riesgo que debes de asumir y del cual debes de estar convencido que vas a poder solventar en un futuro para no endeudarte.

2.- Replantea tu estrategia. Nadie aprende sin equivocarse y puede ser que te encuentres en este punto precisamente por que haz apostado por una estrategia que termino por no funcionar de la manera correcta (aunque sea consecuencia de un cambio externo). La gran maravilla de los errores es que se puede aprender de ellos, así que siéntate (solo o con tu equipo), toma un papel y una pluma y literal arrastra el lápiz para encontrar el nuevo camino que debes de tomar teniendo en consideración todo lo que has aprendido. Puedes replantear tu mercado, tu producto o tu canal de venta, apuesta por estrategias de comunicación que te ayuden a tener visibilidad y piensa más allá de lo obvio para que tu negocio renazca como el ave fénix.

3.- Elige bien con quien vas a trabajar. Los momentos de cambio no son fáciles, la tensión se acumula y tendemos a ver un sentido de urgencia sobre todo cuando sentimos el agua hasta el cuello. Ser el dueño del negocio y estar en este tipo de situaciones no es fácil y se complican un poco más cuando tienes a un equipo (grande o pequeño) que tiene sus propias necesidades. Lo que tienes que hacer, primero que nada y habiendo pasado por los puntos uno y dos, es ser sincero con ellos. Probablemente ya saben que la situación no va bien, pero siempre es reconfortante escucharlo directamente del que lleva la batuta. Si te sinceras con ellos, les describes la situación actual y los haces partícipes de la solución es muy probable que cuentes con ellos para sacar adelante el barco y que se pongan la camiseta por todos para salir del bache. En situaciones de crisis, un equipo unido puede llegar a lograr maravillas; aliéntalos, motívalos, pero sobre todo hazles saber que pueden confiar en ti y que tu también estas haciendo tu parte para que todos salgan ganando.

4.- No hay ideas malas ni tiempo que perder. Cuando llegamos a este punto, ya no podemos irnos por lo seguro, debemos de ser capaces de identificar aquellas ideas que pueden aportar de las que no y no sólo estar dando patadas de ahogado. Es el momento de sacar todos los proyectos que tenias planeados hacer en el mediano y largo plazo e implementarlos. Pero no lo hagas “como el borras”, tomate el tiempo de planear y ejecutar de manera inteligente para que den resultados y que realmente aporten valor. No esperes más para hablar con ese nuevo cliente, proveedor o distribuidor, quítate la pena, el agobio y haz lo que tengas que hacer para que esta nueva etapa de tu negocio prospere.

5.- Pon un plazo. Aunque muchas veces el plazo lo dictan los números, tienes que ser consciente de hasta que punto vale la pena luchar. Cuando establezcas tus nuevos objetivos, utiliza la metodología SMART para plantearlos y que todo quede claro. Se honesto contigo y pon un tiempo realista en el que puedes sacar adelante tu empresa y si en ese periodo de tiempo tienes que volver a alguno de los puntos antes mencionados, esta bien. Es mejor regresar mil veces, a mentirnos a nosotros mismos sobre la realidad en la que vivimos.

6.- En verdad no entres en pánico. Este punto es el último mencionado a propósito para que después de las reflexiones que tuviste con los otros cinco, te des cuenta que no debes de entrar en pánico. Si mientras leías los puntos anteriores llegaron a ti nuevas ideas, anotaste algunas cosas que tienes que hacer y hasta con quien tienes que hablar, no hay entonces alguna razón por la que debas de entrar en pánico. Sabes lo que tienes que hacer, con quien lo vas a hacer y que tiempos necesitas, por lo tanto haz tu nuevo plan y confía en que tienes todo lo necesario para seguir triunfando. Transmite esta tranquilidad a las personas que han decidido remar contigo en el barco y no bajes la guardia. Una mente tranquila trabaja mejor que una mente agobiada.

Tomate un día, dos, el fin de semana o el tiempo que sea necesario para replantear tu negocio. Despeja tu mente, respira y responde todas las preguntas que te vengan a la mente (tanto buenas como malas); se honesto contigo, con lo que quieres obtener de esta nueva etapa para tu negocio y confía en que tu espíritu emprendedor te ayudará a seguir de la mejor manera. Acuérdate que ser emprendedor, aventurero y salirte de lo normal no es fácil, muchos de los grandes fracasaron miles de veces antes de encontrar la pepita mágica, pero lo que los hace diferentes es que a pesar de fracasar, no desistieron de perseguir sus sueños. El fracaso no es malo, es sólo una nueva oportunidad de aprender.

Así que agárrate bien los pantalones y chíngale, por que esto apenas comienza.

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Emprender sin miedo, no es emprender.

Como por arte de magia, un día tienes una idea de negocio. Piensas a quien le vas a vender, buscas más información y lo platicas con un par de personas sólo para descartar que sea la idea más descabellada del mundo. Consigues validar la idea y enloqueces. Evalúas los pros y contras de hacerlo, haces cuentas, revisas tus ahorros y con cada paso estás más convencido de que puede funcionar.

Los días pasan, sigues emocionado. Buscas más información sobre la industria, piensas en tu ventaja competitiva y encuentras a tu competencia. Piensas “No sabía que había tanta competencia” y dudas un poco. Te preguntas cómo un negocio nuevo va poder con competidores que llevan años en el mercado; “Mi ventaja competitiva. ¡Eso! Eso es lo que me va a hacer sobresalir, seré mejor que la competencia y también me comprarán a mi”. Decides dormir un poco (por que claro, llevas varios días sin dormir por esta pensando en tu futuro emprendimiento) y mañana seguirás trabajando en la idea. A la mañana siguiente, mientras te arreglas para ir al trabajo, sigues pensando; lo sientes y sabes que esto puede ser un buen cambio. ¡Por fin, podrás dejar tu trabajo!.

Llegas a tu trabajo y la rutina diaria continua. Checar correos, ir a reuniones, hacer llamadas y reportes. Acabas exhausto (como siempre) y al llegar a casa, no piensas en nada más que echarte en el sillón, con una cerveza bien fría y Netflix. Mañana seguirás con el proyecto, ahora estas muy cansado para pensar claramente. Al día siguiente la rutina vuelve a aparecer; ir al trabajo, al gimnasio, salir a cenar, regresar a casa (con más, menos variaciones dependiendo de la semana) pero el trabajo te vuelve a jalar al lado obscuro. Todos los días pospones continuar con tu proyecto, diciéndote que el fin de semana lo haces, cuando tengas más tiempo. Hasta que llega el día en que ves un post en Facebook con tu idea de negocio pero con otro nombre, te das cuenta que no le diste la atención suficiente y a alguien más se le ocurrió esa gran idea y si la hizo realidad.

Mientras tomas una cerveza con tus amigos les cuentas, entre encabronado y frustrado, que una nueva empresa desarrollo tu idea. Que lo tenías todo pensado, sólo no actuaste. Después de que te desahogas, te vas a dormir tranquilo de que pronto, muy pronto tendrás otra idea y esta si la vas a llevar a cabo.

Para muchos, esta historia es de miedo. Es de miedo por que a todos los que hemos emprendido nos ha pasado. Es la historia de terror de no poder dejar nuestro trabajo godín para poder cumplir nuestro sueño y quedarnos estancados; de hacernos mil y un preguntas: ¿Y si fracasa? ¿Y si a nadie le gusta? ¿Y si me quedo sin dinero? ¿Cómo voy a vivir? y así sucesivamente hasta generarnos tal pánico a nosotros mismos, que lo bloqueamos y seguimos adelante con la rutina ya conocida. A diferencia de una historia de terror, en este caso el malo (que es el miedo) nunca muere. El miedo a la incertidumbre, a las preguntas, a no saber si funcionará o no, siempre estará ahí. Aún después de varios años de haber iniciado, ese miedo sigue latente; cuando lanzas un nuevo producto, abres una nueva sucursal o haces un cambio de imagen. Sí, el miedo no desaparece y en su momento no lo podamos ver, pero es algo bueno. El miedo es lo que nos impulsa a seguir adelante, a buscar diferentes maneras de hacer las coas y hacer que funcionen. Se podría decir que es nuestro motor.

Pero sólo esperar a que todo salga bien y no poner manos a la obra no funciona. Por eso, te compartimos algunos tips para que dejes de tener miedo y te avientes a empezar ese nuevo negocio antes de que alguien más lo haga.

  • Planea y ejecuta. Se vale planear siempre y cuando ejecutes lo planeado. Si quieres más información sobre como planear bien tu negocio, te recomendamos nuestro artículo ¿Qué debo de saber antes de empezar mi negocio?
  • Ten un plan B. Éste no tiene que estar detallado y no debes de hacer todo un pergamino con información, sólo debes de saber que hacer en caso de que el plan A falle. Tener una red de seguridad por decirlo así.
  • Ten un guardadito. Siempre vamos a pensar en el dinero, si hay, si no hay, si se puede gastar o no. Para que estés más tranquilo, ten un guardadito para la temporada de vacas flacas. Calcula tus gastos y ahorra para los momentos en que las ventas bajen o para tomarte unas buenas vacaciones.
  • Saber que hacer cuando el negocio despegue. Cuando emprendes el inicio es lento; te vas acoplando a un nuevo ritmo de trabajo, a retos que no sabías que enfrentarías, todo es nuevo, brillante y bonito. Luego empieza a crecer y el caos viene con el crecimiento. Ten un plan para saber como operar con 5, 10, 15 o hasta 100 clientes y que recursos necesitas.

Además de estar preparados en papel, hay que estar preparados mentalmente. La confianza en uno mismo es básica para emprender y aún no existe alguien que pueda predecir si un negocio será exitoso o un completo fracaso. Así que en cada uno de nosotros está el hacer que sea un éxito y si por cualquier razón no funciona, empezarás un nuevo proyecto, una nueva empresa y lo volverás a hacer todo de nuevo, por que ya sabes que estás hecho para salir adelante y una vez que emprendes una vez, es fácil volverlo a hacer.

Empezar con miedo es mejor que empezar sin él, ya que si no te da miedo quiere decir que no vale la pena el riesgo.

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