El dilema más grande del mundo…según yo.

Desde que éramos niños, se nos ha dicho que tenemos que tener un buen trabajo y ser grandes y exitosos empresarios. Todo empieza desde que vamos a la escuela; empezamos la primaria, luego la secundaria y por fin llegando al último escalón de la cadena educativa antes de responder la pregunta: ¿A que te quieres dedicar el resto de tu vida? Cuando cursamos el último año de la prepa, nos enfrentamos al dilema de tener que elegir una carrera, nos aplican exámenes psicométricos para saber a que área somos más afines y en la que tendremos el mayor potencial para ser exitosos. Después de meses de darle muchas vueltas (y si eres como Rory Gilmore habrás hecho una lista de pros y contras) te decides por una carrera, empiezas a pensar en el futuro y lo exitoso que vas a llegar a ser.

En un abrir y cerrar de ojos empezamos y terminamos la universidad y a continuación se presenta lo que podríamos pensar que es la última pregunta existencial que nos tendremos que hacer (o que alguien nos haga): ¿En donde vas a trabajar? Antes de graduarte, empiezas a ver las empresas que te gustan, a que te quieres dedicar y a buscar prácticas profesionales para tener algo de experiencia para los dos años de experiencia que piden las empresas a los recién egresados. Ahora bien, los que ya pasamos por todo este proceso y por la lista interminable de preguntas para llegar a la mejor respuesta, sabemos que terminar la carrera no es el fin de las preguntas existenciales… es solo el inicio.

No voy a hacer la lista de preguntas que nos hacemos cuando empezamos nuestra vida profesional, ¡por que solo de pensarlo es agobiante! pero me voy a enfocar en la pregunta que creo que es una de las más importantes y una de las más difíciles e contestar, ¿Qué quiero lograr en el largo plazo? Muchas veces nos hacemos esta pregunta sin importar si somos godínez o somos emprendedores, por que queremos saber cuál es el siguiente paso y como queremos que sea nuestra vida. Todos queremos hacer lo que nos haga felices y en mi caso en particular fue iniciar un negocio; aunque ésta no es una respuesta universal; hay quienes quieren trabajar en una empresa por muchos años hasta que se tengan que retirar y en ese momento piensan en poner un negocio. En la inmensa mayoría de los casos, la respuesta se va dando sola dependiendo de las oportunidades que se nos van presentando y lo único que hay que hacer es decidir si tomamos esas oportunidades o no.

Responder esta y otras preguntas no es fácil, menos cuando nos sentimos perdidos y no tenemos ni un solo rayo de luz, una inspiración divina que nos diga “Sí, este es el camino indicado”. Para poder empezar a tener una respuesta, debemos de hacer una introspección y reflexión a profundidad de lo que realmente nos apasiona, lo que nos mueve y lo que nos motiva a hacer más cosas y vivir la vida que queremos. Ojo, el camino no es fácil; al reflexionar nos podemos dar cuenta de que muchas de nuestras creencias han podido cambiar a través de los años y algo que nos hacia felices en un inicio, puede que ya solo sea algo cómodo o normal, que no nos representa un reto. Me encantaría poder decirles que existe una fórmula mágica que cuando metes las variables te da la solución exacta y todo queda resuelto, pero no existe (si hay por aquí alguien que la pueda desarrollar … ¡adelante!).

Muchos autores que escriben sobre y para emprendedores, que se dedican a dar coaching o incluso alguno que otro psicólogo, comparten diferentes técnicas y actividades que nos pueden ayudar a encontrar la luz al final del túnel y obtener las respuestas que queremos, pero cada quien debe de buscar la manera en la que la mente se despeja y obtengamos esos momentos de claridad en donde por fin decimos “¡BINGO! esto es lo que tengo que hacer”. De manera muy personal, te comparto algunas de las prácticas que utilizo de manera constante para calmar la ansiedad y encontrar el inicio del camino que quiero seguir.

  1. Meditar: Esta buena práctica la empecé gracias a una muy buena amiga que me invitó a un curso en el Centro Budista de la CDMX. Al principio mi mente corría por todos lados, me acordaba de pendientes que había eliminado momentáneamente de mi mente y todo lo que no pensaba durante el día llegaba de un madrazo. Con la práctica, he aprendido a concentrarme más y lograr calmar mi mente. Existen muchas aplicaciones para meditar, pero no hay nada mejor que la practica constante de la meditación para dejar atrás el caos mental.
  2. Hacer yoga: Va muy de la mano con meditar y hacer ambas cosas es un súper combo. Además de relajar los músculos y fortalecerlos, nos ayuda a concentrarnos y tener un momento de paz interior.
  3. Leer: Leer de todo y en todo momento. Pueden ser artículos, revistas o libros de negocios, motivación y superación; aquí aprovecho para desmentir el tabú que hemos tenido todos de que los libros de superación son sólo para las personas que no están bien consigo mismas, al contrario todos podemos aprender una que otra cosa de estos libros.
  4. Tomarme una cerveza al terminar el día: Es muy sencillo y bastante efectivo. No digo que nos la pasemos tomando, pero no pueden negar que al terminar un día largo y pesado, tomar una cerveza (solo o acompañado) nos ayuda a relajarnos y a ver las cosas desde otra perspectiva. Recuerden que el abuso en el consumo de cerveza hará que no hagamos nada.

Cada quien tendrá sus propios rituales para encontrar que es lo que quiere hacer de su vida (personal y profesional). Compartir con otros como nos inspiramos y auto motivamos a hacer las cosas diferentes puede inspirar y motivar a alguien más a hacerlo también. Por último, les quiero decir que encontrar la respuesta a todas nuestras preguntas existenciales no es cosa de una sola vez, nuestras motivación y aspiraciones cambian constantemente y por eso hay que trabajar en nosotros mismos para no entrar en pánico cada vez que el plan cambie de rumbo.

Conozcámonos, sigamos nuestros instintos y vivamos la vida que queremos vivir.

 

hombre viendo a una estatua a los ojos

De nosotros para ti: consejos que sí aplican para emprendedores.

Cuando uno decide ser emprendedor, todo empieza muy bello y romántico; por fin tienes el tiempo que tanto querías, estás persiguiendo tu sueño y todos te dicen los huevos que tienes por dejar la comodidad del mundo Godín para tener tu propio negocio. Una vez que empiezas, te das cuenta que no todo es color de rosa, debes de ser un One Man Band en lo que arrancas y consigues a personas que trabajen contigo y cada tope con pared es una oportunidad de aprender y mejorar.

Además de los aprendizajes que tienes por tu cuenta, tu familia, amigos, compañeros, colegas e incluso desconocidos te dan sabios consejos sobre lo que debes o no hacer mientras estás emprendiendo. Somos bombardeados (por gusto…y por las páginas que seguimos en Facebook) con constantes artículos sobre las mejores maneras de emprender, los Do’s and Don´ts para cualquier tema y hasta los mejores programas de televisión para emprendedores. Gracias a toda esta información, desarrollamos un sexto sentido para saber que consejos tomar y cuales no.

Para que puedas seguir desarrollando ese sexto sentido, te compartimos 8 consejos que sí son aplicables y que a nosotros nos han funcionado.

  1. No le des tanta importancia al dinero. Seguro estás pensando que es un pésimo consejo…pero no lo es. Cuando te empiezas a dar a conocer y estás buscando crecimiento y más clientes, no te preocupes por si estás o no generando mucho dinero. Mientras tengas suficiente para cubrir tus necesidades básicas como comida, renta y servicios (comprar la ropa más fashion de la temporada no es una necesidad básica) enfócate en conseguir clientes y no dinero.
  1. Toda consulta genera honorarios. Este consejo es muy sencillo. No quiere decir que a cualquier persona que te pregunte en la calle le vas a dar una factura, pero pon especial atención a aquellos que siempre te piden consejos y cuando les haces una propuesta formal la rechazan…¡y aún así continúan pidiéndote consejos!
  1. No mezcles amistad (ni amor) con los negocios. NO, NO, NO, NO y mil veces ¡¡NO!! Todos pensamos lo mejor de nuestras amistades y por lo mismo confiamos en que ambos van a honrar esa amistad cuando empiecen a trabajar juntos. Los años o meses que lleves de conocer a una persona, pueden cambiar cuando hay dinero de por medio. Así que es mejor perder un negocio a perder una amistad. Pero si aún con este consejo, quieres hacer negocios con tus amigos… ponlo por escrito.
  1. Identifica en que eres bueno y en que no. Puedes ser bueno en administrar, operar o vender, pero lo importantes es que sepas que aspecto de tu negocio es tu talón de Aquiles. Una vez que lo aceptas y reconoces, te puedas capacitar para hacerlo cada vez mejor.
  1. Si no lo sabes o ya no puedes solo, ¡busca ayuda!. Es así de fácil. Busca a alguien que te pueda ayudar en lo que necesitas y que te pueda hacer una propuesta que se adapte a tu presupuesto. Dejando a un lado nuestro ego de “el mejor emprendedor del mundo”, nos podemos enfocar en lo que mejor sabemos hacer para seguir creciendo.
  1. Ponlo por escrito. Va mucho de la mano con el consejo sobre hacer negocios con amistades, pero no es exclusivo para este segmento. No es necesario que para cada transacción se firme un contrato con cláusulas tan extensas que ni tu mismo entiendes que estás firmando. Se puede hacer de manera sencilla con un mail que respalde los temas que han hablado, desde la cotización hasta la manera en la que van a trabajar.

7. Tu negocio no es sinónimo de banco. Emprender requiere pasión y corazón, si únicamente quiere tener un negocio para hacerte millonario…te estas equivocando de camino. Tu negocio debe de ser algo que te mueva, que te apasione y que te haga dejar el corazón en la cancha. Si haces todos esos sacrificio por tu negocio, tu negocio te agradecerá generando dinero. En este caso, el orden de los factores si altera el producto.

  1. No todos los clientes son buenos, ni todos son malos. Existe de todo en este mundo emprendedor y como puedes toparte con EL mejor cliente del mundo, te puedes topar con el peor. Aquí el punto es que trates a todos tus clientes conforme a tus valores y tu moral, no reacciones ante comentarios fuertes y siempre sé profesional. La decisión de tomar o dejar un cliente siempre va a ser tuya, pero si te encuentras en una situación en donde no sabes si quedarte o huir, te puedes preguntar que vale más ¿si tu salud y paz mental o lo que puedes ganar con un cliente difícil?

Estos son los consejos que más nos han servido para seguir adelante en nuestro desmadre emprendedor y ayudar a los que están en nuestra misma posición.

Tómalos, déjalos o mejor aún… haz tu propia lista de los consejos que sí te han servido.

 

 

Mujer emprendedora trabajando

La excelencia de mi experiencia

Cuando empecé este desmadre de ser emprendedora, como todos, pensaba que iba a ser maravilloso, miel sobre hojuelas y todo color de rosa; pensaba que iba a tener todo el tiempo del mundo para hacer lo que me viniera en gana, además de que iba a ser multimillonaria en un abrir y cerrar de ojos. Pues casi dos años después no habrá ninguna sorpresa cuando les diga que no soy multimillonaria y no tengo todo el tiempo del mundo, pero si he tenido más aprendizajes que en los 27 años anteriores a emprender (por si se preguntan, tengo 29…¡si da la suma!).

He sido llamada loca, controladora, chillona y cabrona (en el buen y mal sentido de la palabra). Amistades me han defraudado, he perdido dinero por “echarle la mano” a alguien y he tenido que escuchar innumerables veces las frases “Si puedes”, “Todo te va a salir bien, solo tienes que seguir intentando”, “¡Que padre que eres emprendedora! Seguro tienes un buen de tiempo libre”. A pesar de tener que lidiar con todo eso, los retos más grandes a los que me he enfrentado han sido las chaquetas mentales que yo sola me hago; me he frustrado y enojado conmigo misma por que las cosas no salieron tal y como las había visualizado (dependiera o no de mi); me he sentido la más chingona del mundo y que nadie entiende mi inigualable inteligencia sólo por haber cerrado un nuevo cliente o haber obtenido más de 10 likes (¡!) en una publicación en Facebook. Pero todos estos sentimientos se desvanecen cuando se presenta una nueva situación de felicidad o adversidad en el negocio … que normalmente ocurre en los siguientes 10 minutos o máximo media hora.

El manejar este sube y baja emocional, toma mucho tiempo (yo apenas lo estoy descubriendo) y autocontrol de los pensamientos. Aunque se escuche como terapia de superación personal, el poder identificar como nos sentimos ante un buen o mal momento nos puede quitar un gran peso de encima y podremos lograr uno de los más grandes propósitos por los que uno emprende: disfrutar de lo que uno hace. En mi propia experiencia, ser emprendedor no ha sido fácil y menos cuando trato de superar mis propias expectativas de lo que debo de estar haciendo o las expectativas que creo que los demás tiene sobre mí y mi negocio.

Hoy, puedo estar sentada a las 5:00 p.m. y escribir con libertad lo que se cruza por mi mente, deseando que alguien encuentre consuelo en estas palabras y que sepa que estas cosas nos pasan a todos los que decidimos tomar este riesgo y aventurarnos a lo desconocido. Sigamos dándonos topes contra la pared, palmadas en la espalda por un trabajo bien hecho y tardes para hacer algo más que sólo trabajar…hagamos de nuestro emprendimiento nuestro propio camino.