Los 6 conceptos que debes saber para tener tu negocio en línea

El crecimiento es inminente en cualquier negocio, más cuando eres emprendedor y te quieres comer el mundo. Desde que nace la idea en tu mente estas pensando cual es el siguiente paso, cuantas personas vas a necesitar, a quien vas a contratar para que te lleve los temas legales y fiscales y lo más importante quien te va a ayudar (o cómo) a tener presencia en línea. Una vez que alcanzas ese punto de estabilidad en tu negocio, además de tener tranquilidad financiera y emocional, te preguntas que es lo que tienes que hacer para continuar creciendo y llegar a muchas más personas de las que llegas hoy. La respuesta parece sencilla y muy evidente: empezar a vender en internet.

Durante los últimos años hemos escuchado que todos lo que quieren dar el siguiente paso en su carrera de emprendedor son aconsejados para que vendan sus productos o servicios en línea; lo único que hay que hacer es poner una tienda, establecer los precios,  hacer los envíos y tener redes sociales para convertirte en el siguiente Jeff Bezos. La idea que se tiene del e-commerce es que es tan fácil que estás a un click de tus clientes y vas a ganar dinero mientras duermes; pero esto puede no ser tan sencillo, o incluso tan inmediato, para un emprendedor o una pyme como lo puede ser para una empresa grande con más trayectoria.

¿Qué es un e-commerce?

Empecemos por aclararnos en el concepto de e-commerce (sí, nos vamos a poner un poco técnicos para evitar confusiones de cualquier tipo). Tal como lo dice su nombre es un comercio electrónico y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) lo define como el proceso de compra, venta o intercambio de bienes, servicios e información a través de las redes de comunicación. Así que sí, es un negocio online y sí, cada vez esta tomando más fuerza en México y en el mundo. Ahora bien, para poder tener un negocio en línea, ya sea como complemento a un negocio tradicional o que se haya creado específicamente con este modelo de negocio en mente, es importante saber como lo vamos a hacer y que factores hay que considerar.

Antes de seguir, también es importante conocer el concepto de marketplace que seguramente ya viste en Facebook y es la pestañita en el que las personas compran y venden cosas. Y efectivamente, un marketplace es el lugar en donde se realizan transacciones comerciales entre empresas y consumidores o entre consumidores. En pocas y breves, un marketplace es la versión en línea de un centro comercial, ya que tienes todo tipo de productos en un solo lugar. ¿Cuál es la diferencia entre una tienda en línea y un marketplace? Que la tienda en línea tiene únicamente los productos o servicios de una empresa y el marketplace tiene varios productos de varias empresas (Amazon es el líder indiscutible de los marketplaces).

Seguramente te preguntas a que viene al caso la cátedra de conceptos que acabamos de dar, pero es importante saberlos y poderlos diferenciar par tomar la mejor decisión cuando se trata de adentrarnos en este modelo de negocio. Sin importar si tu empresa vende productos o es un proveedor de servicios, debes de tomar en cuenta lo siguiente para empezar de lleno.

¿Cómo emprender un negocio en línea?

  1. Haz números. No es lo mismo crear un sitio web a crear una tienda en línea. Tampoco es lo mismo tener tu tienda en línea a estar en un marketplace. Una tienda en línea tomará tiempo en crearse y que conforme a tus especificaciones, además del gasto de hosting, dominio y correo para poder dar una buena atención a tus clientes; mientras que en un marketplace debes de considerar los gastos de creación de la cuenta más los gastos de comisión que te cobran por cada transacción que tengas. Esto puede hacer la diferencia cuando tienes pocos productos o servicios, ya que te puede salir más caro el caldo que las albóndigas y terminarás pagando más de comisión que lo que ganas por el producto o servicio o simplemente no ganarás tanto.
  2. La entrega es crucial. Nadie podrá negar que hay un gozo inexplicable en ir a una tienda y tener la satisfacción inmediata al hacer una compra. Con los negocios online esa satisfacción inmediata se creía perdida hasta que Amazon empezó a hacer entregas en un día y en algunos casos en tan sólo unas horas. Lo mismo pasa con Zara y grupo Inditex, que en algunos países tiene la opción de entrega del vestido de moda el mismo día que lo compras. Así que debes de pensar cómo y en cuanto tiempo estarás entregando tu producto o servicio a tus clientes, porqué esto más la atención que les des van a hacer la diferencia de que te compre a ti o a tu competencia o que de plano se vayan a una tienda a comprarlo. Ojo, en este punto también tienes que hacer números, porqué sí puedes entregar en el mismo día pero créenos lo pagarás muy caro.
  3. No perder el contacto humano. Hay dos principales razones por las que la gente no compra en línea, una es la desconfianza de que su información no sea cuidada adecuadamente y la otra es el saber que hay una persona atrás de la pantalla que le pueda resolver sus dudas y no es un robot que está tratando de conquistar al mundo. La atención al cliente es importante, pero en un e-commerce se vuelve una de las prioridades para que los clientes sepan que vas a contestar sus preguntas, darle seguimiento a su pedido, que su producto llegará a su casa en el tiempo establecido y si hay algún problema hay una persona de carne y hueso que la atenderá y no es sólo una respuesta automatizada.
  4. Relación calidad precio. Las estrategias de precio deben de estar presente en cualquier negocio, pero cuando hablamos de un negocio en línea hay otros gastos que tenemos que tomar en cuenta, como la comisión del marketplace, si el costo de envío lo pones en el precio del producto o lo paga el cliente y el cobro de transacciones con proveedores como PayPal. Una vez que hayas considerado todos los gastos adicionales (los de arriba son algunos ejemplos) responde las siguientes preguntas ¿tu precio es competitivo? ¿tu cliente está dispuesto a pagarlo y esperar a que le llegue el producto o que se concrete una cita o sea el día del curso en línea? La respuestas a estas preguntas, te ayudarán a definir tu precio y ser competitivo.
  5. Promoción, promoción, promoción. Si tener una estrategia de marketing digital para un negocio tradicional es importante, para un negocio en línea es tres veces más. Imagina que todo el esfuerzo que haces para cumplir con el customer journey desemboca en poner un link a tu tienda en línea o al lugar en donde se encuentra tu producto o servicio. Esto no quiere decir que ya tienes permiso de bombardear o atosigar a tu cliente, pero la conversión puede ser más rápida (no inmediata, sigue sin ser magia), además de que el contacto y la comunicación pueden ser más constantes; eso sin mencionar el gran incremento en tu base de datos para ¡crear más promociones!
  6. Los negocios en línea también pagan impuestos. El internet no es tierra de nadie y aunque tiene la gran ventaja de que puedes vender a nivel mundial, tu sigues teniendo que pagar impuestos a nivel local. Busca la asesoría de un contador para que te ayude a identificar bajo que régimen fiscal te debes de inscribir (puede ser desde persona física con actividad empresarial hasta crear una S.A o una S.C. dependiendo de tu negocio), como debes de realizar facturas para clientes nacionales e internacionales y otras cosas que no sabemos porqué nosotros no somos contadores. ¡Asesórate bien!

 Ahora ya toca arrastrar el lápiz y crear el plan de negocios para tu e-commerce. El miedo es el mismo a cuando crear un negocio físico, pero la pasión seguirá siendo tu motor. No esperes volverte EL mejor emprendedor en línea, tampoco creas que por tratarse de un negocio de este tipo vas a vender miles de productos en cuanto abras tu tienda.

El acercamiento a tus productos o servicios será más rápido, pero sin la estrategia correcta, la implementación adecuada y los mensajes originales, nadie te va a conocer y te convertirás en una página más en el olvido del ciberespacio.

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Emprender sin miedo, no es emprender.

Como por arte de magia, un día tienes una idea de negocio. Piensas a quien le vas a vender, buscas más información y lo platicas con un par de personas sólo para descartar que sea la idea más descabellada del mundo. Consigues validar la idea y enloqueces. Evalúas los pros y contras de hacerlo, haces cuentas, revisas tus ahorros y con cada paso estás más convencido de que puede funcionar.

Los días pasan, sigues emocionado. Buscas más información sobre la industria, piensas en tu ventaja competitiva y encuentras a tu competencia. Piensas “No sabía que había tanta competencia” y dudas un poco. Te preguntas cómo un negocio nuevo va poder con competidores que llevan años en el mercado; “Mi ventaja competitiva. ¡Eso! Eso es lo que me va a hacer sobresalir, seré mejor que la competencia y también me comprarán a mi”. Decides dormir un poco (por que claro, llevas varios días sin dormir por esta pensando en tu futuro emprendimiento) y mañana seguirás trabajando en la idea. A la mañana siguiente, mientras te arreglas para ir al trabajo, sigues pensando; lo sientes y sabes que esto puede ser un buen cambio. ¡Por fin, podrás dejar tu trabajo!.

Llegas a tu trabajo y la rutina diaria continua. Checar correos, ir a reuniones, hacer llamadas y reportes. Acabas exhausto (como siempre) y al llegar a casa, no piensas en nada más que echarte en el sillón, con una cerveza bien fría y Netflix. Mañana seguirás con el proyecto, ahora estas muy cansado para pensar claramente. Al día siguiente la rutina vuelve a aparecer; ir al trabajo, al gimnasio, salir a cenar, regresar a casa (con más, menos variaciones dependiendo de la semana) pero el trabajo te vuelve a jalar al lado obscuro. Todos los días pospones continuar con tu proyecto, diciéndote que el fin de semana lo haces, cuando tengas más tiempo. Hasta que llega el día en que ves un post en Facebook con tu idea de negocio pero con otro nombre, te das cuenta que no le diste la atención suficiente y a alguien más se le ocurrió esa gran idea y si la hizo realidad.

Mientras tomas una cerveza con tus amigos les cuentas, entre encabronado y frustrado, que una nueva empresa desarrollo tu idea. Que lo tenías todo pensado, sólo no actuaste. Después de que te desahogas, te vas a dormir tranquilo de que pronto, muy pronto tendrás otra idea y esta si la vas a llevar a cabo.

Para muchos, esta historia es de miedo. Es de miedo por que a todos los que hemos emprendido nos ha pasado. Es la historia de terror de no poder dejar nuestro trabajo godín para poder cumplir nuestro sueño y quedarnos estancados; de hacernos mil y un preguntas: ¿Y si fracasa? ¿Y si a nadie le gusta? ¿Y si me quedo sin dinero? ¿Cómo voy a vivir? y así sucesivamente hasta generarnos tal pánico a nosotros mismos, que lo bloqueamos y seguimos adelante con la rutina ya conocida. A diferencia de una historia de terror, en este caso el malo (que es el miedo) nunca muere. El miedo a la incertidumbre, a las preguntas, a no saber si funcionará o no, siempre estará ahí. Aún después de varios años de haber iniciado, ese miedo sigue latente; cuando lanzas un nuevo producto, abres una nueva sucursal o haces un cambio de imagen. Sí, el miedo no desaparece y en su momento no lo podamos ver, pero es algo bueno. El miedo es lo que nos impulsa a seguir adelante, a buscar diferentes maneras de hacer las coas y hacer que funcionen. Se podría decir que es nuestro motor.

Pero sólo esperar a que todo salga bien y no poner manos a la obra no funciona. Por eso, te compartimos algunos tips para que dejes de tener miedo y te avientes a empezar ese nuevo negocio antes de que alguien más lo haga.

  • Planea y ejecuta. Se vale planear siempre y cuando ejecutes lo planeado. Si quieres más información sobre como planear bien tu negocio, te recomendamos nuestro artículo ¿Qué debo de saber antes de empezar mi negocio?
  • Ten un plan B. Éste no tiene que estar detallado y no debes de hacer todo un pergamino con información, sólo debes de saber que hacer en caso de que el plan A falle. Tener una red de seguridad por decirlo así.
  • Ten un guardadito. Siempre vamos a pensar en el dinero, si hay, si no hay, si se puede gastar o no. Para que estés más tranquilo, ten un guardadito para la temporada de vacas flacas. Calcula tus gastos y ahorra para los momentos en que las ventas bajen o para tomarte unas buenas vacaciones.
  • Saber que hacer cuando el negocio despegue. Cuando emprendes el inicio es lento; te vas acoplando a un nuevo ritmo de trabajo, a retos que no sabías que enfrentarías, todo es nuevo, brillante y bonito. Luego empieza a crecer y el caos viene con el crecimiento. Ten un plan para saber como operar con 5, 10, 15 o hasta 100 clientes y que recursos necesitas.

Además de estar preparados en papel, hay que estar preparados mentalmente. La confianza en uno mismo es básica para emprender y aún no existe alguien que pueda predecir si un negocio será exitoso o un completo fracaso. Así que en cada uno de nosotros está el hacer que sea un éxito y si por cualquier razón no funciona, empezarás un nuevo proyecto, una nueva empresa y lo volverás a hacer todo de nuevo, por que ya sabes que estás hecho para salir adelante y una vez que emprendes una vez, es fácil volverlo a hacer.

Empezar con miedo es mejor que empezar sin él, ya que si no te da miedo quiere decir que no vale la pena el riesgo.

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