Una oportunidad que se deja ir, es una oportunidad que nunca vuelve.

Este último mes ha sido increíblemente impredecible, tanto así que hasta hoy me pude sentar a escribir. Todo empezó una tarde a principios de abril cuando se me presentó la oportunidad de trabajar con una empresa de e-commerce en la industria de la moda (el complemento perfecto a mi experiencia en cosméticos), y aunque tengo una gran fascinación por los negocios  y su transición hacia el mundo digital, me tarde un poco en convencerme porqué esto quería decir que el tiempo para escribir en el blog podría ser menor; sin embargo, decidí aceptarla emocionada por aventarme a un nuevo reto.

Cuando se inicia un nuevo proyecto o se trabaja con un nuevo cliente, siempre existe ese periodo de adaptación en el que tenemos que entender que es lo que se está haciendo, porqué y que es lo que vamos a aportar (si das asesorías como yo, ¡esto es por lo que te están pagando!). En pocas palabras, entrar de lleno al ruedo. Normalmente, este periodo de adaptación me toma poco tiempo, pero en esta ocasión me ha costado un poco más de trabajo (no tengo idea de porqué, pero como diría una buena amiga “seguro es la edad”). Me he tenido que adaptar a una nueva rutina, a trabajar con nuevas personas, con personalidades y temperamentos diferentes a los míos, y pasar mucho más tiempo viendo tablas de excel que hacen que literalmente termine viendo todo rayado. Me ha costado tanto trabajo que por estar tan metida en este proyecto, descuide un poco el blog lo cual me llevo a un sube y baja de emociones y alguno que otro reproche hacia mi misma por no poder aguantar el trote.

Sin embargo, es una oportunidad que me esta haciendo crecer de manera personal y profesional, por lo que sentarme a reflexionar sobre lo que me ha pasado en este último mes no fue nada menos que lo esperado. Al terminar el día, estaba tan cansada mental y físicamente que pensar en escribir en el blog y hacerme cargo de las redes sociales de mi negocio pasaban un poco a segundo plano. Decidí no ser tan dura conmigo misma y darme la oportunidad de adaptarme a este nuevo momento de mi vida y una vez que deje de ser tan crítica conmigo misma todo fluyó más fácilmente hasta llegar al día de hoy en donde estoy escribiendo esto y he logrado encontrar la manera perfecta de manejar mis redes sociales.

Si estas leyendo este artículo y lo que estas pensando es “Ah pues que chingón por Mariana, pero ¿y a mi que?” aquí te va la verdadera reflexión que tuve: haz lo que se te de la gana y por que a ti se te da la gana. Nos pasamos mucho tiempo pensando en cual es el camino que debemos de tomar, si debemos de seguir en nuestro trabajo de escritorio o empezar nuestro propio negocio; si debemos de expandir nuestra empresa, venderla o fusionarla con otra o simplemente si es posible que un emprendedor pueda regresar a un trabajo de oficina y aún llamarse emprendedor. Nos ponemos a pensar en que dirán los demás de nuestras decisiones, en lugar de pensar que es lo mejor para nosotros y no darle importancia al que dirán. En conclusión, sin importar cual es la situación, cuando se nos presenta una oportunidad tenemos que pensar en que repercusiones tiene para nosotros, como nos afecta, si en retrospectiva nos podemos arrepentir por no tomarla y lo más importante si nos hará felices a nosotros y no a los demás.

En la vida de los emprendedores, de futuros emprendedores y de los que ya tienen un negocio hecho y derecho, es importante caernos, ensuciarnos y levantarnos de nuevo para salir victoriosos cada vez con más aprendizajes. La oportunidad que tomo el día de hoy es la mejor decisión para mi momento de vida. En un mes he aprendido tanto que siento que ya llevo un año trabajando en esto y créanme que las historias no terminan, sólo se acumulan.

Photo by Daniel Cheung on Unsplash

La frustración, una vieja amiga.

Hoy me pongo en el lugar de Silvia Pinal y les pido que me acompañen a leer esta triste historia. Todo empezó un martes por la tarde al tratar de seguir el calendario editorial del blog. El tema estaba listo, las palabras clave seleccionadas y sabía lo que quería escribir; me senté en el escritorio frente a mi computadora determinada a escribir el siguiente artículo calendarizado. Los minutos pasaban y lo único que había logrado era escribir un párrafo que no me encantaba pero tampoco estaba tan mal. Conforme fue pasando la tarde, las palabras se tardaban más en llegar. Asumí que me tenía que distraer para poder invocar a la musa inspiradora, así que lave los trastes, me preparé un café, comí un par de galletas y me cambie a la cocina, segura de que ahora si iba a quedar listo el artículo.

Cerca de las 5:00 de la tarde decidí que leer un poco sobre el tema me ayudaría a que las ideas fluyeran con más naturalidad (cosa que no sucedió , ya que sólo me confundí más). Una hora más tarde, tenía alrededor de 1,200 palabras, que para alguien que no podía escribir esta bastante bien, pero para ser completamente honesta, cada vez que leía el artículo me daba cuenta de que estaba Cantinfleando y que el tono de éste parecía escrito por otra persona. Me mude al sillón esperanzada, pero nada. Cerca de las 9:00 de la noche ya no podía más; estaba frustrada y realmente molesta por no haber podido cumplir con mi calendario y por la mala ejecución de mi escritura. Decidí dejarlo por la paz y no publicar algo que con lo que no estaba contenta, aunque significara que tenía que reordenar mi calendario editorial y regresar al tema al día siguiente.

Dormí intranquila, sintiendo un leve fracaso por no haber podido cumplir algo que sabía que tenía que hacer. Al despertarme, decidí salir a correr para despejar mi mente y mientras escuchaba a Lady Gaga y me alejaba de mis problemas, fue que lo entendí. El artículo no funcionó por que lo estaba forzando demasiado. Esta misma semana escribí un artículo para Roastbrief sobre atención al cliente y el tema del cual tenía que hablar en este hermoso blog era los tipos de clientes a los que nos enfrentamos cuando emprendemos. El problema fue que, aunque los temas son distintos, están conectados, por lo que no quería que mi artículo se pareciera al que acababa de enviar.

Este tipo de situaciones y frustraciones cuando emprendemos son muy comunes, sobre todo cuando tratamos de cumplir con los objetivos de la empresa y planes de trabajo que nosotros mismos establecemos y no lo logramos. Cuando empezamos nuestro negocio o cualquier proyecto, somos muy ambiciosos; nos ponemos metas que pueden ser poco realistas y por obvias razones queremos que las cosas sucedan rápido para empezar a ver resultados. Esto hace que en momentos dejemos de ver claro. Si eres un emprendedor que como yo inició solo, sin ningún socio, este problema se tiende a elevar a su máxima potencia por que todas las responsabilidades recaen en uno. Intentamos ser malabaristas, en lugar de dedicarnos a lo que realmente nos gusta, y más importante, lo que sabemos hacer. Además de hacer conciencia en que podemos pedir ayuda (lo que no nos hace un fracaso, al contrario nos hace inteligentes al poder reconocer que para todo hay expertos), es crucial que tu negocio lo empieces con algo que te apasiona.

Todos hemos tenido un trabajo en el que cumplir con las metas se sentía tan frustrante como el no poder escribir un artículo que debía de ser sencillo. El levantarse cada día era pesado, y sin ser dramáticos, entendíamos al Pipila cargando una piedra gigante (ok…eso si estuvo un poco dramático) y por eso buscamos una nueva opción: un negocio que nos emocione cada vez que pensamos en el y que no se sienta nada parecido a un trabajo, excepto por la parte de que nos genera ingresos. Ese es el principal objetivo de emprender, hacer lo que nos apasiona y disfrutar cada momento. También creo que es importante mencionar que es completamente válido empezar un proyecto que nos apasiona y después de un tiempo darnos cuenta que hay otras cosas que nos apasionan más (¡lo digo por experiencia!) y seguir entonces esa pasión.

Mientras escucho One Direction (es mi guilty pleasure, no me juzguen), sentada en el sillón de mi casa, me siento feliz con lo que acabo de escribir y más realizada de lo que me sentía ayer. Sólo me queda encontrar la imagen que sea el complemento perfecto (encontré este pug hermoso que expresa la frustración que sentí) y publicar un artículo que refleja como soy y con el cual espero que se puedan identificar y sepan que no están solos… todos los emprendedores hemos conocido íntimamente a esa vieja amiga mejor conocida como Frustración (Nota para Pixar: hacer personaje para Intensamente).

Así que la moraleja de esta historia es: emprende en lo que te gusta, en algo que te apasiona y no trates de forzarlo para poder disfrutarlo y todo lo demás se irá dando como por arte de magia.

Como dice mi mamá “A fuerzas ni los zapatos entran”.

 

Photo by Mink Mingle on Unsplash

5 preguntas para saber si ya debes emprender

Cada día es más común que escuchemos que una amigo, el primo de un amigo o el vecino dejó su trabajo para convertirse en emprendedor e iniciar un negocio; acto seguido visualizamos la vida de esta persona y pensamos que su decisión ha sido excelente, sobre lo increíble que será su vida de ahora en adelante y lo valiente que es por haber renunciado para seguir (lo que pensamos que es) su sueño. Desde el otro lado de la ventana, de la cerca o de donde estés, ser emprendedor se ve muy bonito, se ve ideal y más sencillo que estar en una oficina trabajando y generando dinero para alguien más (lo sabemos por que hemos estado ahí). Pero ser emprendedor va más allá de ser dueño de tu tiempo, elegir tus horarios y tener la posibilidad de trabajar desde casa. Ser emprendedor significa trabajar más de 12 horas en tu proyecto para que salga adelante, convertirte en el jefe, el mozo, el de ventas, operaciones y marketing al mismo tiempo, mientras supervisas las cuentas y pagas impuestos.

Lo que muchos emprendedores sabemos, y muy pocas veces confesamos, es que cuando volteas a ver tu pasado godín sí añoras las quincenas, las jornadas en las que salías de la oficina y te podías desconectar y la convivencia oficinista. Ambos mundos tienen sus ventajas y  desventajas, pero la decisión de ser godín o emprendedor está en cada uno de nosotros y está bien querer crecer en una empresa hasta llegar a la cima, como también está bien probar tu suerte con un nuevo negocio.

Como decíamos al principio, en esta época en la que la información se comparte en tiempo real y gracias a que vivimos con una generación con una mentalidad diferente (si…los millennials) escuchar sobre nuevos emprendedores, nuevas empresas y negocios revolucionarios nos puede hacer plantearnos la pregunta de si el emprendimiento es para nosotros. Esta es una pregunta muy válida y que todos los que han iniciado un negocio se la hicieron en algún momento; pero la respuesta no es tan sencilla de encontrar como lo es formular la pregunta (si te has hecho la pregunta, esto te suena realmente familiar). Si te has preguntado como puedes ser emprendedor, tener un negocio rentable y vivir en ese mundo de fantasía pero no has logrado tomar la decisión, te compartimos 5 preguntas que creemos te pueden ayudar a aclarar tu mente.

  1. ¿Has pensado en tener un negocio? Esta pregunta puede parecer muy sencilla, pero en realidad muchas personas se imagina teniendo un negocio propio mientras que otras son felices siendo parte de una empresa. Si has divagado y te has visualizado teniendo tu negocio propio, ésta es una buena señal de que el camino del emprendimiento se puede encontrar en tu futuro, sólo depende de ti saber cuál es el momento correcto para dar el salto.
  2. ¿Tienes un plan de carrera claro en la empresa en la que trabajas? A veces la empresa es buena y las actividades son retadoras, pero no tienes un crecimiento asegurado. Como profesionistas, todos queremos que se reconozca nuestro trabajo y poder seguir subiendo la escalera profesional (cualquiera que ésta sea) por lo que, si no tienes un plan de carrera estructurado, puedes plantearte buscar otras oportunidades profesionales.
  3. ¿Tienes la solvencia económica para poner un negocio? La inversión inicial para poner un negocio depende del negocio que quieras poner, pero si es importante tener un guardadito para poder aguantar “las vacas flacas” y no estar sufriendo por dinero. Para esta pregunta existen varias respuestas como conseguir inversionistas o pedir un préstamo; de nuevo, esto depende del negocio que quieras poner y del retorno en la inversión que dará tu nuevo negocio para poder dar ganancias a los inversionistas o pagar el préstamo.
  4. ¿Tu familia, amigos, pareja te apoyan para que pongas tu negocio? Al final del día, iniciar un negocio es cuestión de cada persona, pero es importante poder tener un grupo de apoyo que aguantará tus desvelos, te aplaudirá tus logros y escuchará tus fracasos. Si eres el principal proveedor de una familia, esta pregunta es súper importante ya que puede implicar el gasto de seguro de gastos médicos, solvencia económica de la casa, tiempos de convivencia, etc.
  5. ¿Cada día piensas más en poner tu propio negocio? Si ya respondiste a las preguntas anteriores (sin importar la respuesta) y sigues pensando en poner un negocio… ¡hazlo! Esa determinación y el ser consciente del riesgo que implica el hacerlo, son las claves que te harán tener éxito en los futuros emprendimientos que se atraviesen en tu camino.

Estas preguntas no están diseñadas para que salgas corriendo y dejes todo para poner un negocio, pero nos hemos dado cuenta que son las preguntas que varios emprendedores se han hecho antes de empezar con su proyecto o continuar con su trabajo en una empresa. Te compartimos estas preguntas para que sepas que no eres el único que se ha preguntado si debe de ser emprendedor o si tiene las cualidades para ser un emprendedor. También está bien decidir que quieres seguir trabajando en una empresa; como dirían todas las mamás mexicanas “¿por qué todos los demás lo hacen, tu también lo vas a hacer?”. Recuerda que la decisión es única e intransferible y nadie te podrá decir que se siente ser emprendedor.

Sigue tu instinto, sigue tu pasión, pero sobre todo, busca tu felicidad cualquiera que ésta sea.

hombre viendo a una estatua a los ojos

De nosotros para ti: consejos que sí aplican para emprendedores.

Cuando uno decide ser emprendedor, todo empieza muy bello y romántico; por fin tienes el tiempo que tanto querías, estás persiguiendo tu sueño y todos te dicen los huevos que tienes por dejar la comodidad del mundo Godín para tener tu propio negocio. Una vez que empiezas, te das cuenta que no todo es color de rosa, debes de ser un One Man Band en lo que arrancas y consigues a personas que trabajen contigo y cada tope con pared es una oportunidad de aprender y mejorar.

Además de los aprendizajes que tienes por tu cuenta, tu familia, amigos, compañeros, colegas e incluso desconocidos te dan sabios consejos sobre lo que debes o no hacer mientras estás emprendiendo. Somos bombardeados (por gusto…y por las páginas que seguimos en Facebook) con constantes artículos sobre las mejores maneras de emprender, los Do’s and Don´ts para cualquier tema y hasta los mejores programas de televisión para emprendedores. Gracias a toda esta información, desarrollamos un sexto sentido para saber que consejos tomar y cuales no.

Para que puedas seguir desarrollando ese sexto sentido, te compartimos 8 consejos que sí son aplicables y que a nosotros nos han funcionado.

  1. No le des tanta importancia al dinero. Seguro estás pensando que es un pésimo consejo…pero no lo es. Cuando te empiezas a dar a conocer y estás buscando crecimiento y más clientes, no te preocupes por si estás o no generando mucho dinero. Mientras tengas suficiente para cubrir tus necesidades básicas como comida, renta y servicios (comprar la ropa más fashion de la temporada no es una necesidad básica) enfócate en conseguir clientes y no dinero.
  1. Toda consulta genera honorarios. Este consejo es muy sencillo. No quiere decir que a cualquier persona que te pregunte en la calle le vas a dar una factura, pero pon especial atención a aquellos que siempre te piden consejos y cuando les haces una propuesta formal la rechazan…¡y aún así continúan pidiéndote consejos!
  1. No mezcles amistad (ni amor) con los negocios. NO, NO, NO, NO y mil veces ¡¡NO!! Todos pensamos lo mejor de nuestras amistades y por lo mismo confiamos en que ambos van a honrar esa amistad cuando empiecen a trabajar juntos. Los años o meses que lleves de conocer a una persona, pueden cambiar cuando hay dinero de por medio. Así que es mejor perder un negocio a perder una amistad. Pero si aún con este consejo, quieres hacer negocios con tus amigos… ponlo por escrito.
  1. Identifica en que eres bueno y en que no. Puedes ser bueno en administrar, operar o vender, pero lo importantes es que sepas que aspecto de tu negocio es tu talón de Aquiles. Una vez que lo aceptas y reconoces, te puedas capacitar para hacerlo cada vez mejor.
  1. Si no lo sabes o ya no puedes solo, ¡busca ayuda!. Es así de fácil. Busca a alguien que te pueda ayudar en lo que necesitas y que te pueda hacer una propuesta que se adapte a tu presupuesto. Dejando a un lado nuestro ego de “el mejor emprendedor del mundo”, nos podemos enfocar en lo que mejor sabemos hacer para seguir creciendo.
  1. Ponlo por escrito. Va mucho de la mano con el consejo sobre hacer negocios con amistades, pero no es exclusivo para este segmento. No es necesario que para cada transacción se firme un contrato con cláusulas tan extensas que ni tu mismo entiendes que estás firmando. Se puede hacer de manera sencilla con un mail que respalde los temas que han hablado, desde la cotización hasta la manera en la que van a trabajar.

7. Tu negocio no es sinónimo de banco. Emprender requiere pasión y corazón, si únicamente quiere tener un negocio para hacerte millonario…te estas equivocando de camino. Tu negocio debe de ser algo que te mueva, que te apasione y que te haga dejar el corazón en la cancha. Si haces todos esos sacrificio por tu negocio, tu negocio te agradecerá generando dinero. En este caso, el orden de los factores si altera el producto.

  1. No todos los clientes son buenos, ni todos son malos. Existe de todo en este mundo emprendedor y como puedes toparte con EL mejor cliente del mundo, te puedes topar con el peor. Aquí el punto es que trates a todos tus clientes conforme a tus valores y tu moral, no reacciones ante comentarios fuertes y siempre sé profesional. La decisión de tomar o dejar un cliente siempre va a ser tuya, pero si te encuentras en una situación en donde no sabes si quedarte o huir, te puedes preguntar que vale más ¿si tu salud y paz mental o lo que puedes ganar con un cliente difícil?

Estos son los consejos que más nos han servido para seguir adelante en nuestro desmadre emprendedor y ayudar a los que están en nuestra misma posición.

Tómalos, déjalos o mejor aún… haz tu propia lista de los consejos que sí te han servido.

 

 

Amor en el ocaso

¿Es amor o sólo un mentor?

Ser emprendedor es algo que simplemente sucede.

Todos lo pensamos más de una vez y contemplamos la bella idea de que tener un negocio propio haría que nuestra vida fuera más sencilla y feliz, o ¿alguno de nosotros no nos imaginamos siendo exitosos desde el día 1?

Después de tanto considerarlo, un buen día sucede. Renuncias a tu trabajo y te aventuras al mundo maravilloso de decirle a alguien más que haga lo que tu ya no quieres hacer. Al segundo día de haber iniciado, te das cuenta de que no eres exitoso y no sabes por que; empiezas a leer las estadísticas sobre la cantidad de emprendedores que fracasan durante los primeros dos años, te das cuenta de la cantidad de cosas que tienes que hacer de administración que no sabias que existían, Googooleas todo sobre finanzas y en un ataque de pánico descargas el libro “Finanzas para Dummies” para ver si hay algo de claridad en como hacer una factura. En ese instante te arrepientes de haber renunciado, quieres regresar a esa vida Godín de estar seguro de que en la quincena te van a depositar.

Los que ya pasamos por eso, vemos todos esos pensamientos y sentimientos de ansiedad como algo jocoso que recordar…hasta que nos vuelve a pasar. Es muy distinto entrar en pánico en una situación en la que no sabemos a lo que nos enfrentamos, que estar en una situación en la que crees que estas aprendiendo hasta que te vuelves a dar un madrazo contra la pared. SPOILER ALERT ¡este tipo de aprendizajes nunca terminan! Cuando crees tener el dominio de tu empresa y de tu mente (que es más complicado que manejar un negocio, mientras haces malabares con una mano y parado sobre un pie) las cosas más sencillas te llegan a cimbrar el piso. Puede ser un comentario de alguien que sigue creyendo que los emprendedores sólo “tienen mucho tiempo libre” o de otro emprendedor que te cuenta como perdió a un gran cliente o también puede ser una historia que te inspira a hacer más cosas y así conquistar el mundo entero.

No importa si empezaste tu negocio solo o desde el principio has tenido un socio; tampoco importa si eres godín de tiempo completo o freelance, todos hemos tenido días en los que estamos hasta arriba y somos los más chingones y días en que estamos tan bajoneados que creemos que escuchar canciones depresivas y comer helado es nuestra única salida; pero … para este y cualquier otro momento de tristeza existen los mentores (sí, suena muy similar a un slogan de una famosa marca de tarjetas de crédito, débito y servicios).

En el penúltimo capítulo de su libro “Pasión por emprender, de la idea a la cruda realidad”, Andy Freire menciona que tener un mentor de vida cuando se esta emprendiendo es una de las cosas que puede hacer la diferencia entre un negocio exitoso y uno que fracasa. Un mentor puede ser cualquier persona, incluso un desconocido, que te dice las palabras correctas en el momento correcto para que puedas seguir adelante y cumplir con tus metas; ojo, estas palabras pueden ser de aliento o nos pueden meter un cague para que reaccionemos. Los mentores vienen en distintas presentaciones, se materializan en cuanto menos lo esperas y se sienten como una brisa refrescante en un día soleado (una disculpa por el momento de romanticismo) y si somos inteligentes no los dejaremos ir. Entre muchas de las cosas que nos puede dejar un mentor, nos quedamos con el impulso que nos dan para seguir creyendo en nosotros mismo y de hacer que las cosas sucedan.

Así que como diría un gran mentor (un maestro de la carrera de Merca por ahí del 2010) “Lo más preciado que les puedo decir es que para tener éxito, se rodeen de personas más exitosas que ustedes”.

Seamos nuestros propios mentores y busquemos otros que nos ayuden en nuestras adversidades, en nuestras alegrías y en nuestro desmadre.