Estos son los aprendizajes de la semana

1.- Encontrar en los demás tu motivación: Las redes sociales son nuestras mejores aliadas, pero también pueden ser nuestras peores enemigas cuando de emprender se trata. Seguimos a expertos de nuestra industria, a nuestros competidores y a uno que otro que habla de temas que nos interesan, por lo que diario vemos sus actualizaciones y pensamos en como ellos han logrado tanto y como lo podemos conseguir para nosotros. Cada que vez que alguien tiene una nueva certificación, que cerró un nuevo cliente o ha logrado un nuevo objetivo, antes de pensar que ellos si tienen suerte (además de tenerles un poco de envidia), debes de tomar en cuenta el tiempo que lleva esa persona (o empresa) haciendo lo que hace, cuantas veces se habrán dado en la madre y se ha tenido que levantar y el trabajo que le ha costado llegar a donde están. En lugar de pensar que no podremos llegar a tener ese mismo éxito, hagamos la reflexión sobre lo que hemos logrado desde que decidimos ser emprendedores y veamos a estos emprendedores como inspiración para lograr nuestros propios objetivos. No todos los caminos de los emprendedores son iguales, cada quien tiene sus problemas, sus éxitos y sus fracasos, y ten por seguro que cuando cumplas tus objetivos tu también vas a querer gritarlos a los 4 vientos como todas las personas a las que sigues y habrá alguien preguntándose como lo hiciste.

2.- Esta bien pedir ayuda: No sabemos en que momento se creó ese mito de que un emprendedor no debe pedir ayuda; es un mito que nos hace creer que somos superhéroes y que todo lo tenemos que solucionar nosotros (sobretodo cuando estamos empezando), desde temas sencillos como administración o el manejo de un negocio, hasta pasar por temas de financiación y soporte emocional. Todos aquí sabemos las altas y bajas que vienen con ser emprendedor, además del desgaste emocional de festejar tu primer post y luego darte cuenta que sólo lo vieron tus papás. Cualquiera que sea tu dilema emprendedor, no dudes en acercarte a quien más confianza le tengas y desahogar un poco tu alma. Hay que aprender a pedir ayuda a quienes saben cosas que nosotros no, a pedir un préstamo para poder lanzar un nuevo proyecto o platicar con alguien para tener una perspectiva diferente a un problema. Pedir ayuda no te hace un emprendedor débil, pedir ayuda te hace un emprendedor inteligente.

3.- Se vale decir que no, dejar a un cliente y buscar otras opciones: Cuando emprendemos nos queremos comer al mundo. Aceptamos clientes con los que no necesariamente trabajaríamos porqué por algún lugar se empieza y seamos honestos necesitamos mover el flujo de dinero; incluso hay veces que aceptamos condiciones que normalmente no aceptaríamos sólo por el miedo de perder un cliente. Ser emprendedor no es sinónimo de estar mendigando, cuesta trabajo, esfuerzo y muchos huevos hacerlo como para que alguien lo vea como sólo un trabajo o que no te de la importancia que te mereces. Di que no, rechaza clientes con los que no quieres trabajar, no aceptes que te regateen el precio de tu trabajo y trabaja con aquellas personas que te valoren y que ambos disfruten trabajar juntos. Si no te late, no lo hagas y aléjate de las malas vibras. Cuando dices que no, eres fiel a tu negocio, a tus valores y sabes lo que vale tu trabajo, los clientes buenos llegarán a ti.

4.- Con dinero baila el perro: A todos nos ha pasado, pero esta semana le paso a dos emprendedoras (que además son amigas). Ambas trabajan como asesoras y a ambas sus clientes no les han pagado; cada vez dan excusas más tontas sobre porqué no han pasado las transferencias, les piden que tengan paciencia siempre con la promesa de que “ya pronto te voy a pagar”. Aquí hay dos moralejas:

a) Si eres el cliente, no seas abusivo. Esta persona es tu proveedor y es tu obligación (sobretodo si tienes un contrato) pagarle, es su trabajo, de eso vive, así que cumple con los pagos y acuérdate que también los clientes se pueden hacer de una mala reputación.
b) Si eres el proveedor, asesor o lo que sea, no dejes que te quieran ver la cara. Está en ti evaluar hasta donde dejas que llegue el cliente y que tanto estas dispuesto a aceptar; recuerda que es tu trabajo y que te puedes hacer fama de “el que no se queja cuando no se le paga”. Pero ojo, antes de mandar a ese cliente por un tubo, asegúrate de tener otros clientes para que el golpe a tu bolsillo no sea tan fuerte.

5. -Las oportunidades no llegan solitas: Si crees que por tu cara bonita las cosas te van a salir como esperas, estas muy equivocado. Podemos desear con todo nuestro corazón que nuestro negocio sea exitoso, tener muchas visitas en el blog, incrementar nuestro flujo de dinero o llegar a ser un experto en nuestra industria, pero si no trabajamos para conseguirlo, nuestros más grandes deseos no se van a cumplir. Si quieres lograr tus metas (personales o emprendedoras) sal y pártete la madre tratando de buscar clientes, desvélate escribiendo artículos para publicar en tu blog, aprende todo lo que puedas y siempre, siempre, siempre hazlo con pasión. Habrá días en los que quieras tirar la toalla, en los que crees que tienes la peor suerte del mundo, pero ten paciencia, el universo da lo que pides y si pides y trabajas por ello, las recompensas llegarán.

¡Hasta la próxima semana!

Photo by Emma Matthews on Unsplash

Mujer emprendedora trabajando

La excelencia de mi experiencia

Cuando empecé este desmadre de ser emprendedora, como todos, pensaba que iba a ser maravilloso, miel sobre hojuelas y todo color de rosa; pensaba que iba a tener todo el tiempo del mundo para hacer lo que me viniera en gana, además de que iba a ser multimillonaria en un abrir y cerrar de ojos. Pues casi dos años después no habrá ninguna sorpresa cuando les diga que no soy multimillonaria y no tengo todo el tiempo del mundo, pero si he tenido más aprendizajes que en los 27 años anteriores a emprender (por si se preguntan, tengo 29…¡si da la suma!).

He sido llamada loca, controladora, chillona y cabrona (en el buen y mal sentido de la palabra). Amistades me han defraudado, he perdido dinero por “echarle la mano” a alguien y he tenido que escuchar innumerables veces las frases “Si puedes”, “Todo te va a salir bien, solo tienes que seguir intentando”, “¡Que padre que eres emprendedora! Seguro tienes un buen de tiempo libre”. A pesar de tener que lidiar con todo eso, los retos más grandes a los que me he enfrentado han sido las chaquetas mentales que yo sola me hago; me he frustrado y enojado conmigo misma por que las cosas no salieron tal y como las había visualizado (dependiera o no de mi); me he sentido la más chingona del mundo y que nadie entiende mi inigualable inteligencia sólo por haber cerrado un nuevo cliente o haber obtenido más de 10 likes (¡!) en una publicación en Facebook. Pero todos estos sentimientos se desvanecen cuando se presenta una nueva situación de felicidad o adversidad en el negocio … que normalmente ocurre en los siguientes 10 minutos o máximo media hora.

El manejar este sube y baja emocional, toma mucho tiempo (yo apenas lo estoy descubriendo) y autocontrol de los pensamientos. Aunque se escuche como terapia de superación personal, el poder identificar como nos sentimos ante un buen o mal momento nos puede quitar un gran peso de encima y podremos lograr uno de los más grandes propósitos por los que uno emprende: disfrutar de lo que uno hace. En mi propia experiencia, ser emprendedor no ha sido fácil y menos cuando trato de superar mis propias expectativas de lo que debo de estar haciendo o las expectativas que creo que los demás tiene sobre mí y mi negocio.

Hoy, puedo estar sentada a las 5:00 p.m. y escribir con libertad lo que se cruza por mi mente, deseando que alguien encuentre consuelo en estas palabras y que sepa que estas cosas nos pasan a todos los que decidimos tomar este riesgo y aventurarnos a lo desconocido. Sigamos dándonos topes contra la pared, palmadas en la espalda por un trabajo bien hecho y tardes para hacer algo más que sólo trabajar…hagamos de nuestro emprendimiento nuestro propio camino.