De ama de casa, a emprendedora, a dueña de negocio… ¡esos son huevos!

Todos conocemos historias de emprendedores. Algunos que han emprendido por decisión propia y otros que se vieron forzados por diferentes circunstancias. Estas historias las encontramos a nuestro alrededor y no hace falta voltear a ver a los CEO’s de grandes empresas para sentirnos inspirados y tener un modelo a seguir del cual podamos aprender.

No fue hasta que yo misma decidí emprender, que me di cuenta de cuantos emprendedores había a mi alrededor y sólo los había visto como el tío que hace empaques para comida, el esposo de mi prima que da conferencias o la comadre que hace bordados. Aunque todas las historias me enseñan algo, hay una en particular que siempre me hace pensar “esos son huevos” y es la historia de Marce (la comadre que hace bordados), quien después de haber perdido a su esposo a causa de cáncer, tuvo que tomar la decisión de sacar adelante sus tres hijos de 6, 4 y 2 años. La decisión no fue fácil. La solución más evidente y sencilla era encontrar un trabajo y a su vez encontrar a alguien que le ayudara a cuidar a sus hijos mientras ella trabajaba. Aunque su grupo de apoyo era sólido, después de un mes trabajando como godín, Marce decidió que sus hijos eran más importantes y renunció.

Como a muchos nos ha pasado, la oportunidad de emprender llegó a su puerta por medio de una socia que le ofrecía iniciar un negocio de bordados. Sin pensarlos dos veces, y un poco guiada por la desesperación de hacer algo para mantener a su familia, decidió aventarse a un mundo desconocido de telas, hilos, ponchados y máquinas, de las cuáles no tenía la más remota idea de cómo funcionaban. Después de dos meses de capacitaciones, búsqueda de proveedores y compra de muebles de segunda mano, el negocio estaba listo para empezar a operar; sólo hacían falta los clientes. Poco a poco llegaba la gente y todo indicaba que el negocio iba a continuar creciendo; hasta que 7 meses después, por diferencia de pensamiento y manera de trabajar, las socias deciden separarse por mutuo acuerdo. La separación fue sencilla, dividiendo contablemente el negocio en dos y cada quien por su lado.

Para Marce esto significaba iniciar de nuevo. Buscar un nuevo local que estuviera cerca de su casa y una empleada que se pudiera encargar del changarro mientras ella hacia la parte pesada de buscar clientes; además de tener que ser administradora, mercadóloga, mensajera, niñera, chofer y cocinera, todo en uno. Con un año de altos y bajos, de clientes recurrentes a clientes que no regresaban, y a base de anuncios en la sección amarilla, volanteo, publicidad en revistas y publicidad de boca en boca (o sea marketing en su más pura expresión) Bordados Quality se daba a conocer, los números pasaban de rojos a negros (lo que siempre es un punto de quiebre para cualquier emprendedor) y la comadre puedo respirar un poco.

Los aprendizajes forzados (aquellos que nos damos cuando nos estampamos de cara contra un problema) hicieron su aparición en Bordados Quality tres años después, cuando los clientes dejaron de llegar y el negocio estuvo a punto de cerrar. Marce tuvo que ingeniárselas y lanzó un nuevo producto: unas cajas de madera con aplicación de bordado en la tapa. El negocio resurgió como el ave fénix de las cenizas. De ahí en adelante, los aprendizajes han continuado y los clientes han seguido llegando.

Catorce años después de haber conocido su historia, decidí preguntarle por que no hacía crecer su negocio, compraba más máquinas, alquilaba un local más grande y aumentaba su producción de bordados. La respuesta fue clara: no estaba dispuesta a sacrificar el balance entre su vida y el trabajo. Desde el día en que tomo la decisión de renunciar a su trabajo godín, Marce estaba convencida de que primero venían sus hijos y luego todo lo demás. Con cada pedido grande o urgente, tomaba la decisión de dejar pasar el trabajo (arriesgándose a perder al cliente) para evitar trabajar bajo presión durante horas extras y no poder llegar a casa a revisar tareas, dar de cenar y soltar uno que otro regaño. Al día de hoy, Marce abre y cierra su negocio a la misma hora, va a comer a casa y no trabaja los fines de semana (claro, que en 14 años seguro habrá alguna excepción); se encarga de sus hijos (y los sigue regañando), se volvió a casar y todavía tiene tiempo para tomarse una café o ir a un club de lectura con su comadre.

La historia de Marce es la historia de una mujer emprendedora que por circunstancias ajenas a ella, se vio orillada a tomar una decisión que cambiaría su vida. Ha vivido situaciones de machismo al tener que estar en una industria que sólo era de hombres y en más de una ocasión le han querido ver la cara únicamente por ser mujer. Tuvo que aprender sobre administración, recursos humanos, marketing, ventas y finanzas para consolidar un pequeño negocio que seguirá siendo pequeño por decisión propia y no por falta de ganas o recursos. Seguramente que las cosas no han sido siempre miel sobre hojuelas y en más de una ocasión pensó en tirar la toalla (aunque no se lo confesara a nadie) pero mi recuerdo siempre va a ser el de una mujer, con tres maravillosos hijos, que nunca dejo de sonreír por más fea que estuviera la situación.

Su historia me llena de emoción, me inspira a luchar en momentos adversos y me enorgullece poder tener una mujer más en mi vida que me enseña a luchar contra los retos y a lidiar con el desmadre de emprender siempre con una actitud positiva.

Puedes visitar Bordados Quality en Las Flores #2, Colonia Azteca en Toluca, Edo. de México y en el teléfono (722) 217 2484.

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De ingeniero a creativo full-time: el camino que me ha traído hasta aquí.

¿Dónde estás leyendo esto? Podría ser en un café, en la escuela, en la oficina, hasta en el baño. No importa donde, lo que importa es que una serie de eventos y decisiones en tu vida se acomodaron de tal forma que pudieras estar justo aquí leyendo justo esto.

Y también fue así como un montón de pasos en mi camino me trajeron a estar escribiendo esto aquí y ahora. Eventos afortunados que van desde conocer a alguien hasta cambiar radicalmente de profesión.

Mi título profesional presume fuerte y claro que mi alma mater me reconoce como Ingeniero Industrial y de Sistemas. Escuché a más de una (o mil) personas referirse a mí con el odioso “Inge” durante los 5 años siguientes al término de mi etapa universitaria. No me malinterpreten, amo ser ingeniero y no me arrepentiría jamás de haber estudio esa carrera; digo “odioso” porque no me gusta ese short name para una palabra que representa una parte enorme de lo que soy y que además me costó (bueno, a mis papás) una buena lana y unos maravillosos 4 (+) añitos invertidos. Se dice ingeniero, aunque prefiero un millón de veces que me hablen por mi nombre.

En fin, el punto de que soy ingeniero queda claro, el que puede resultar confuso es cómo hoy después de 9 años mucha gente a mi alrededor juraría que soy mercadólogo, comunicólogo o trunco de alguna carrera afín. Tal vez el hecho de haber tomado una decisión de esas que mis amigos gringos le llamarían a leap of faith y dejar mi trabajo como ingeniero en una empresa automotriz alemana para dedicarme de lleno a mi propia empresa que nada tenía que ver con ese mundo que dejaba, tenga algo que ver con eso.

2014 fue el año en el que dejaba a un lado mi seguridad financiera y esa carrera corporativa que había estado construyendo en mi empleo Godín, para darle forma a un sueño que había empezado algunos años antes.

Mayo 04 de 2001 a las 6:29 PM, la fecha en la que descubrí que quería dedicarme a algo que involucrara usar al máximo mi creatividad. Ok, falso, obvio no me acuerdo de la fecha y hora exacta, pero si recuerdo dos palabras: SWEET NOVEMBER, una película que nada tiene que ver con este tema pero que en sus escenas iniciales presentaba a Keanu Reeves como el creativo de alguna agencia de publicidad completamente obsesionado por encontrar el tagline perfecto para vender hot dogs. El wey era nefasto cabe aclarar, pero independientemente a eso, verlo pasar día y noche explorando cada rincón de su mente tratando de darle forma a sus ideas despertó algo en mí. ¿Había una forma de ganarse la vida ideando locuras? Sonaba bien.

Tal vez en alguna nota futura les platicaré el por qué si había tenido esa epifanía a tiempo de lo que quería hacer profesionalmente, en el último minuto cambié mi carrera de Mercadotecnia a Ingeniería. El punto a rescatar de esta historia es que ese fue uno de esos eventos de los que platicaba antes, que me llevarían a hacer lo que hice después de mi vida Godín: montar mi propio negocio en forma de agencia de publicidad.

¿Así de fácil? ¿De la noche a la mañana ya era emprendedor? Creo que había empezado a serlo desde antes.

¿Entonces esto significa que emprendedor sería un mejor título para portar en mis tarjetas de presentación?. Según Reid Hoffman (les ahorro la googleada, es el cofundador de LinkedIn), un emprendedor es aquel que se avienta de un barranco y construye un avión durante la caída. WHAT? Tal vez si hubiera leído esa definición antes de decidir volverme emprendedor le hubiera dado una pensada más, pero desde mi punto de vista, esta es la definición más acertada que podrás encontrar.

Creo muy firmemente que emprender es más que crear tu propio negocio. Para mí, emprender es tener ese deseo constante de darle forma a tus habilidades y pasiones para crear con eso algo que pueda ayudarte a alcanzar tus más grandes sueños personales y profesionales. Algo que le aporte valor a tu vida y a la de los demás. Es saber bien lo que quieres y lo que no quieres hacer, tomar tu mochila llena de lo que has aprendido en el camino, y aventarte al vacío para construir el mejor avión posible.

No fue casualidad que más de 10 años después de aquel “yo quiero hacer eso” que descubrí en Sweet November, hoy me encuentre inmerso en el mundo del marketing y la creatividad, pero mis primeros esfuerzos de emprendedor no habían empezado ahí. En la prepa tuve otro de esos eventos en mi vida que me han traído hasta aquí, y fue tomar un curso de diseño gráfico.

Siempre me ha apasionado el dibujo y el diseño, justamente áreas que involucran la creación de algo a partir de ideas, y fue en parte eso que me llevó en el 2012 a un intento completamente fallido por emprender con una empresa de diseño gráfico, pero que eventualmente fue lo que pintó el camino para transformarse en la agencia de publicidad por la que renuncié a mi trabajo como ingeniero y de la que he aprendido tanto. Ven, todo se conecta poco a poco para llevarte a dónde quieres estar, sólo que es como decía Steve Jobs, no puedes conectar los puntos viendo hacia adelante, solo podrás conectarlos viéndolos hacia atrás; así que tienes que confiar en que los puntos se conectarán de alguna forma en tu futuro.

¿Conociste a alguien con quien compartes sueños y metas? ¿Te tocó trabajar en un lugar en el que no te gusta? ¿Viajaste de pronto a algún lugar que no tenías planeado? Puntos, puntos, puntos.

Después de varios tropiezos y éxitos, hoy sigo creando cosas, dentro y fuera de mi agencia, sigo inventando y conectando mis puntos, y puedo decir que me encuentro en el ojo del huracán de todo lo que todavía viene en mi camino como emprendedor; sigo buscando esas nuevas formas de crear más; de usar mejor mis ideas.

Si quieres emprender, no busques crear un negocio, busca la mejor manera de explotar tu pasión. Tener tu propio negocio no se trata de poder hacer lo que quieras cuando quieras, se trata de poder hacer lo que más disfrutas hacer y para lo que eres realmente bueno. El dinero va a llegar si encuentras esa fórmula y le dedicas el tiempo y el esfuerzo necesarios, pero que no sea tu principal motor.

Hoy más que emprendedor me considero un creativo full-time. Disfruto usar mi creatividad para inventar nuevas formas de comunicar mensajes para mis clientes en la agencia, pero también fuera de ella disfruto usar esa creatividad para idear nuevas formas de decirle al mundo lo mucho que puedo y quiero hacer.

En mi parte de emprendedor, creo que me he forjado a la mala, tomando caminos que parecerían más largos de lo normal y equivocándome más veces de las que me gustaría aceptar aquí, pero también puedo decir que poco a poco he ido dando los pasos que me tocaban dar para poder alcanzar en algún momento, ese punto ideal en el que mi pasión se encuentre con mi profesión. Todos los pasos que he dado, acertados o no, han sido los necesarios para poder ir despejando este camino que estoy recorriendo hoy, y que es un camino que me emociona poder seguir descubriendo.

Así que si estás leyendo esto, es justo que te enteres que el camino de emprender no es fácil, nada fácil, pero que si confías lo suficiente en tus habilidades y en tus pasiones, va a ser un camino que valdrá muchísimo la pena recorrer. Hazle caso primero a las señales que la vida te va dando, a los puntos, a tus skills y a todo eso para lo que eres bueno. Dice Gary Vaynerchuk que tienes que entender tu propio ADN, y no hacer cosas sólo porque otros como él, como Steve Jobs o como Mark Cuban lo han hecho, tienes que conocer tu propia marca y mantenerte fiel a ella. Es lo mejor que podrás hacer si quieres salir triunfante en este desmadre emprendedor que algunos elegimos saborear.

AUTOR

Luis González

Ser creativo es la mejor excusa para estar un poco loco. Apasionado del Marketing y la Publicidad. Director Creativo en The Capital Advertising. No se bien a dónde voy pero sígueme si quieres. Instagram & Twitter: @TheCapitalLuis

El Passatge dels Gats: más que un simple café

Estás en una ciudad que no conoces y obviamente quieres salir a conocer. Google maps ya es tan sofisticado que tiene una sección llamada “Explorar” que te da opciones de lugares para visitar dependiendo lo que quieras hacer. Lo primero, siempre, es un café. Le preguntas a Google maps y voilà las opciones no terminan.

Así fue como llegue a El Passatge dels Gats en Valencia. Perdida, agripada y con frío encontré un lugar que desde el nombre llamo mi atención «El pasaje de los Gatos” y al estar cerca decidí ver de qué trataba. Al llegar fue justo lo que uno podría pensar, una cafetería con gatos, pero tenía algo peculiar que ya estando ahí, no podía no entrar a ver. Al llegar, hay dos grandes puertas de cristal (de esas pesadas que requieren de un poco de esfuerzo para abrirse); en la segunda hay un letrero que pide a los visitantes cerrar la primera puerta y esperar a que el encargado abra la segunda. Pacientemente esperé y cuando entre al lugar, un chico me pidió muy amablemente que no tocara a los gatos y que pasara un momento con él. La intriga crecía cada vez más ¿Es un café que tiene gatos? ¿Cuántos gatos hay? ¿Porqué no los puedo tocar? Me acerque con David (no supe su nombre hasta mucho después) quien, seguido de asegurarse que no tenía reservación, me preguntó el tipo de entrada que quería. No se que cara hice, pero me imagino que fue una mezcla entre sorpresa y confusión por que no entendía que me estaba preguntando. Con su distinguida amabilidad, me comenta que existen 4 entradas disponibles dependiendo del tiempo que me quisiera quedar. Como necesitaba cafeína urgentemente me decidí por la entrada con duración de 1 hora.

Después, pasamos a las normas del lugar. Conforme pasaban los minutos, cada vez entendía un poco más de que iba y en que consistía el Cat Café al que acababa de entrar. Las normas son bastante sencillas: no se puede entrar con otros animales (aunque sean gatos), puedes jugar con los gatos de manera tranquila y respetuosa, se pueden tomar fotos sin flash para no lastimar a los ojos de los gatos, por ningún motivo se les puede dar comida (llevan una alimentación especial), si ves a un gato dormido déjalo dormir y no lo tomes en brazos.

Mientras me tomaba el café, empecé a revisar mis alrededores y lo noté todo. Note las reglas impresas y enmicadas en un par de sitios dentro del café; observe como se comportaban las personas que ya estaban ahí; note que los gatos tenían completa libertad dentro del establecimiento (uno de ellos empezó a jugar con mi mochila) y me di cuenta que el café, a diferencia de todos los demás cafés en los que he estado, estaba adecuado para que los gatos vivieran ahí y para que las personas disfrutaran de convivir con ellos. El lugar ES de los gatos. Con mi curiosidad innata, decidí preguntarle a David si podía volver la semana siguiente para que me contara todo acerca de su negocio, ya que nunca había conocido un lugar parecido a éste y me intrigaba saber como fue que él lo había logrado. Sonriente, aceptó y quedamos para el martes a las 5:00 p.m.

Emocionada por conocer una historia de emprendimiento en un país y ciudad diferentes a los míos, visité el sitio web y preparé algunas (muchas) preguntas. Llegado el martes, el procedimiento de entrada fue el ya conocido, únicamente acompañado de una chica argentina amante de los gatos. Después de atender a las personas que llegaron conmigo, David me preguntó lo que quería de tomar y empezamos a platicar. La primera, y obvia, pregunta fue cómo empezó el primer Cat Café de Valencia. En agosto de 2016 David se encontró a un pequeño gato afuera de su casa después de una lluvia torrencial; como buen protector y amante de los animales no lo podía dejar a su suerte, ya que además de estar enfermo, algún coche lo podía atropellar y la historia de éste pequeño podía acabar de una manera muy triste. Así que sin pensarlo dos veces, David tomó al pequeño gato y lo llevo a su departamento en donde prontamente le dio un poco de comida y lo acobijo para al día siguiente llevarlo con el veterinario. Una vez alimentado y revisado, el pequeño gato fue adoptado gracias a los esfuerzos de David y sus amigos. El tiempo pasó y durante una visita a Barcelona David conoce el Cat Café de esta ciudad, como trabaja y se decide a abrir el primero en Valencia y hacer una diferencia para los gatos abandonados en esta ciudad.

La idea estaba clara, lo único que hacia falta era encontrar un local, una asociación que trabajara con gatos de la calle y los permisos. Oh los permisos. Mientras David me cuenta que lo más difícil de empezar El Passatge del Gats fueron los permisos, no puedo evitar pensar que España no se salva de los procesos burocráticos por los que debe de pasar un emprendedor para empezar su negocio. Después de eso, lo demás fue sencillo. David pasaba las tardes sentado en medio del local esperando que llegara la inspiración sobre como había que decorar el local, que muebles se tenían que mandar a hacer, cuáles se debían comprar y lo más importante con que asociación trabajar. El Passatge dels Gats colabora con ADAANA, una asociación sin ánimo de lucro que tiene como objetivo ayudar a asociaciones protectoras ya existentes apoyando en organización de eventos, fomentando la adopción y concientizando sobre la situación de los animales abandonados en la comunidad. El Cat Café funciona como albergue para los gatos rescatados por ADAANA en su transición para encontrar un nuevo hogar y una nueva familia. ADAANA realiza el procedo de rescate y revisión de los gatos, los vacuna y esteriliza antes de llevarlos a su hogar temporal, en donde son cuidados por David y sus padres. Aquí es en donde, de cierta manera, se resuelve mi duda del concepto de cobrar la entrada a un café. Al no ser un café normal al que puedas llegar, pedir un café y sentarte a platicar, leer o lo que sea, este Cat Café te cobra la entrada para que puedas convivir con los gatos, disfrutar de su compañía y el dinero recaudado es utilizado para cuidar de ellos y mantenerlos fuera de peligro.

Además de disfrutar la compañía de los gatos, es posible que los comensales los adopten, aunque no es tan fácil como decir “Éste me gusta ¡lo quiero!”. El proceso de adopción de los gatos es igual al que se maneja en las asociaciones que se dedican a su rescate, además de que David se toma el tiempo de conocer la personalidad de cada gato para poder colocarlo con la familia correcta. Desde que abrió sus puertas en mayo de 2017, El Passatge del Gats ha dado en adopción a cerca de 25 gatitos que han sido recibidos cálidamente en su nuevo hogar. En ese momento, ya estaba completamente fascinada con lo que me contaba David y quería saber más. Desde mi visita el primer día, me llamó la atención que me preguntara si tenía reservación; nunca me habían preguntado en un café si tenía reservación. La razón por la que se tiene que hacer reservación es por que durante los primeros meses de apertura, no se daban abasto para atender a tantas personas y por cuestiones de seguridad, tanto para los comensales como para los gatos, no se podían tener tantas personas dentro del local; lo cuál si lo pensamos detenidamente, tiene mucho sentido y nos da la oportunidad de convivir con los gatos sin presión y pasar un buen rato.

Para mí, David lo tiene todo bajo control. Sabe lo que quiere de su negocio y hasta donde lo quiere crecer; también sabe que no quiere hacer una franquicia por temor de que los dueños de la franquicia no hagan tan buen trabajo y se haga una mala reputación de El Passatge del Gats.

Pero lo más importante es la labor que hace David en pro de los animales, el cariño y cuidado que les da antes de que se vayan con una nueva y definitiva familia. Si vives o estás en Valencia (si no estás, tienes que venir), no dudes en hacer tu reservación para conocer este gran concepto y a todos los gatos que están ahí; y por que no, igual y llevarte uno a casa.

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