¿Estar o no en línea? Esa es la cuestión.

Para muchos la respuesta obvia es estar en línea, sobretodo para nosotros que estamos escribiendo esto y para ti que lo estás leyendo. Pero para muchos otros, aquellos que no crecieron en una era tecnológica, la respuesta no es tan sencilla. Hoy en día muchas cosas suceden en línea, podemos enterarnos de las últimas noticias, compartir nuestras vivencias en tiempo real, además de otras cosas como conocer las promociones de nuestras marcas favoritas y hasta comprar dando click a un botón; todo esto con tan sólo tomar un teléfono inteligente y abrir una red social.

Poniendo a un lado la parte humana de las redes sociales (y el objetivo de Mark Zuckerberg que era unir a la gente), los avances tecnológicos han hecho mucho más fácil la interacción de las marcas con sus consumidores, teniendo una comunicación bilateral y constante, que genera información de valor para mejorar un producto o servicio, o sencillamente incrementar y mejorar la experiencia de compra y elevar la percepción de la marca.

¿Cómo vender en línea?

Ahora bien, estar en línea no significa lo mismo para todas las empresas. Existen muchos medios de comunicación, herramientas y redes sociales que sirven para diferentes tipos de negocios, de todos los giros y en cualquier parte del mundo; porque, seamos honestos ¿cuántos de nosotros no seguimos marcas que no existen en México, simplemente por que nos gusta su esencia y la manera en la que comunican? (además, la magia de la globalización hace posible que podamos pedir algo de su tienda en línea). Sin embargo, aún existen muchos negocios que se hacen “a la antigüita”, es decir, que el dueño sigue pensando que la mejor manera de atraer clientes es ir a tocar su puerta o que un folleto con sus productos es una mejor herramienta que una página web. Incluso hay algunos que aún le temen a la nube por qué algo no puede existir sin que se pueda ver.

Nos guste o no la tecnología, entendamos o no como funciona el internet, actualmente es importante tener presencia en línea, ya que los consumidores se han vuelto más cuidadosos al elegir un producto o servicio y la búsqueda de información es indispensable en el momento de compra. Por esto, es importante identificar que es lo que mejor funciona para tu negocio. Es importante saber si tu cliente también está en línea o es de lo que sigue apreciando mucho más una llamada telefónica o una visita.

También tenemos que conocer los recursos que nos pueden ayudar para cada aspecto de nuestro negocio. Es muy común encontrarnos a emprendedores que cuando se habla de tener presencia en línea, lo primero que les viene a la cabeza es estar en Facebook y las ventas vendrán solitas. ¡ERROR! Sí, Facebook es una de las redes sociales más grandes, pero no todos los usuarios la utilizan para comprar o tener una interacción con una marca; muchos usuarios (principalmente los baby boomers o generaciones anteriores a los millennials) la utilizan sólo para estar en contacto con su familia, subir fotos penosas de sus hijos y compartir videos de chistes.

Entonces, si tu negocio va dirigido a un mercado que no nació con un teléfono en la mano, deberás de buscar alternativas para llamar su atención y que puedan comprar de manera sencilla tu producto o servicio.

5 opciones para tener presencia online

Afortunadamente, el mundo cibernético crece cada día y por opciones no paramos.

1.Tener un lugar en donde este toda tu información. Cuando investigamos sobre una marca, lo queremos saber todo. Que productos o servicios ofrece, cuanto cuesta, que diferencia tiene con la competencia y hasta un poco de su historia. Al preguntarle al señor Google vamos a obtener muchas respuestas a estas preguntas, pero la primera fuente debe de ser tu propio sitio web. Nadie conoce mejor tu marca, así que tu eres la mejor fuente de información. No necesita ser una página muy sofisticada, pero sí debe de llamar la atención de tus futuros clientes.

2. Vende en línea. Para muchos vender en línea es tener una tienda en línea, creada y gestionada por uno mismo. Afortunadamente ya existen plataformas, tanto para productos como para servicios, que te permiten vender a través de ellos (obvio pagando una comisión) pero con la posibilidad de tener una mayor alcance y por ende mayores ventas. También existen las plataformas de afiliación, en las que personas promueven tus productos o servicios y si se realiza una venta a través de su página o blog, se llevan una comisión, convirtiéndose en tu nuevo equipo de ventas.

3. Desarrolla una estrategia de marketing digital. No te quedes sólo con tener presencia en redes sociales, toma ventaja de las herramientas para hacer campañas de e-mail marketing, colaboraciones con blogs o sitios web que puedan hablar de tu marca y crea contenido de valor para compartir en las redes sociales en las que está tu mercado meta (no todos están en el mismo lugar)

4. Utiliza los diferentes canales para hacer publicidad. Es hacer lo mismo que antes pero desde tu computadora. Youtube es la nueva televisión, los podcasts el nuevo radio y las redes sociales el nuevo periódico. Aunque puedes utilizar cada uno de éstos de manera constante y sin pagar, invertir un poco de dinero te dará más visibilidad y mayor alcance.

5. Da un excelente servicio y atención. Este punto es muy importante. Si toda la transacción de la compra en línea sale bien para el cliente no tendrás ningún problema; pero si sale mal, el cliente va a querer una respuesta y no sólo un mensaje en Facebook o un tweet diciendo cuanto lo sientes. Se atento, contesta las preguntas y dudas que tengan, da seguimiento y si es necesario levanta el teléfono para que sepan que hay una persona atrás de todo esto.

No tengas miedo a experimentar, a probar, medir y hasta cometer errores, ya que todo esto te ayudará a identificar que es lo que el internet tiene para ti y como te ayudará a llevar tu negocio literalmente a cualquier lugar del mundo.

Publicado originalmente en Roastbrief

Los 6 conceptos que debes saber para tener tu negocio en línea

El crecimiento es inminente en cualquier negocio, más cuando eres emprendedor y te quieres comer el mundo. Desde que nace la idea en tu mente estas pensando cual es el siguiente paso, cuantas personas vas a necesitar, a quien vas a contratar para que te lleve los temas legales y fiscales y lo más importante quien te va a ayudar (o cómo) a tener presencia en línea. Una vez que alcanzas ese punto de estabilidad en tu negocio, además de tener tranquilidad financiera y emocional, te preguntas que es lo que tienes que hacer para continuar creciendo y llegar a muchas más personas de las que llegas hoy. La respuesta parece sencilla y muy evidente: empezar a vender en internet.

Durante los últimos años hemos escuchado que todos lo que quieren dar el siguiente paso en su carrera de emprendedor son aconsejados para que vendan sus productos o servicios en línea; lo único que hay que hacer es poner una tienda, establecer los precios,  hacer los envíos y tener redes sociales para convertirte en el siguiente Jeff Bezos. La idea que se tiene del e-commerce es que es tan fácil que estás a un click de tus clientes y vas a ganar dinero mientras duermes; pero esto puede no ser tan sencillo, o incluso tan inmediato, para un emprendedor o una pyme como lo puede ser para una empresa grande con más trayectoria.

¿Qué es un e-commerce?

Empecemos por aclararnos en el concepto de e-commerce (sí, nos vamos a poner un poco técnicos para evitar confusiones de cualquier tipo). Tal como lo dice su nombre es un comercio electrónico y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) lo define como el proceso de compra, venta o intercambio de bienes, servicios e información a través de las redes de comunicación. Así que sí, es un negocio online y sí, cada vez esta tomando más fuerza en México y en el mundo. Ahora bien, para poder tener un negocio en línea, ya sea como complemento a un negocio tradicional o que se haya creado específicamente con este modelo de negocio en mente, es importante saber como lo vamos a hacer y que factores hay que considerar.

Antes de seguir, también es importante conocer el concepto de marketplace que seguramente ya viste en Facebook y es la pestañita en el que las personas compran y venden cosas. Y efectivamente, un marketplace es el lugar en donde se realizan transacciones comerciales entre empresas y consumidores o entre consumidores. En pocas y breves, un marketplace es la versión en línea de un centro comercial, ya que tienes todo tipo de productos en un solo lugar. ¿Cuál es la diferencia entre una tienda en línea y un marketplace? Que la tienda en línea tiene únicamente los productos o servicios de una empresa y el marketplace tiene varios productos de varias empresas (Amazon es el líder indiscutible de los marketplaces).

Seguramente te preguntas a que viene al caso la cátedra de conceptos que acabamos de dar, pero es importante saberlos y poderlos diferenciar par tomar la mejor decisión cuando se trata de adentrarnos en este modelo de negocio. Sin importar si tu empresa vende productos o es un proveedor de servicios, debes de tomar en cuenta lo siguiente para empezar de lleno.

¿Cómo emprender un negocio en línea?

  1. Haz números. No es lo mismo crear un sitio web a crear una tienda en línea. Tampoco es lo mismo tener tu tienda en línea a estar en un marketplace. Una tienda en línea tomará tiempo en crearse y que conforme a tus especificaciones, además del gasto de hosting, dominio y correo para poder dar una buena atención a tus clientes; mientras que en un marketplace debes de considerar los gastos de creación de la cuenta más los gastos de comisión que te cobran por cada transacción que tengas. Esto puede hacer la diferencia cuando tienes pocos productos o servicios, ya que te puede salir más caro el caldo que las albóndigas y terminarás pagando más de comisión que lo que ganas por el producto o servicio o simplemente no ganarás tanto.
  2. La entrega es crucial. Nadie podrá negar que hay un gozo inexplicable en ir a una tienda y tener la satisfacción inmediata al hacer una compra. Con los negocios online esa satisfacción inmediata se creía perdida hasta que Amazon empezó a hacer entregas en un día y en algunos casos en tan sólo unas horas. Lo mismo pasa con Zara y grupo Inditex, que en algunos países tiene la opción de entrega del vestido de moda el mismo día que lo compras. Así que debes de pensar cómo y en cuanto tiempo estarás entregando tu producto o servicio a tus clientes, porqué esto más la atención que les des van a hacer la diferencia de que te compre a ti o a tu competencia o que de plano se vayan a una tienda a comprarlo. Ojo, en este punto también tienes que hacer números, porqué sí puedes entregar en el mismo día pero créenos lo pagarás muy caro.
  3. No perder el contacto humano. Hay dos principales razones por las que la gente no compra en línea, una es la desconfianza de que su información no sea cuidada adecuadamente y la otra es el saber que hay una persona atrás de la pantalla que le pueda resolver sus dudas y no es un robot que está tratando de conquistar al mundo. La atención al cliente es importante, pero en un e-commerce se vuelve una de las prioridades para que los clientes sepan que vas a contestar sus preguntas, darle seguimiento a su pedido, que su producto llegará a su casa en el tiempo establecido y si hay algún problema hay una persona de carne y hueso que la atenderá y no es sólo una respuesta automatizada.
  4. Relación calidad precio. Las estrategias de precio deben de estar presente en cualquier negocio, pero cuando hablamos de un negocio en línea hay otros gastos que tenemos que tomar en cuenta, como la comisión del marketplace, si el costo de envío lo pones en el precio del producto o lo paga el cliente y el cobro de transacciones con proveedores como PayPal. Una vez que hayas considerado todos los gastos adicionales (los de arriba son algunos ejemplos) responde las siguientes preguntas ¿tu precio es competitivo? ¿tu cliente está dispuesto a pagarlo y esperar a que le llegue el producto o que se concrete una cita o sea el día del curso en línea? La respuestas a estas preguntas, te ayudarán a definir tu precio y ser competitivo.
  5. Promoción, promoción, promoción. Si tener una estrategia de marketing digital para un negocio tradicional es importante, para un negocio en línea es tres veces más. Imagina que todo el esfuerzo que haces para cumplir con el customer journey desemboca en poner un link a tu tienda en línea o al lugar en donde se encuentra tu producto o servicio. Esto no quiere decir que ya tienes permiso de bombardear o atosigar a tu cliente, pero la conversión puede ser más rápida (no inmediata, sigue sin ser magia), además de que el contacto y la comunicación pueden ser más constantes; eso sin mencionar el gran incremento en tu base de datos para ¡crear más promociones!
  6. Los negocios en línea también pagan impuestos. El internet no es tierra de nadie y aunque tiene la gran ventaja de que puedes vender a nivel mundial, tu sigues teniendo que pagar impuestos a nivel local. Busca la asesoría de un contador para que te ayude a identificar bajo que régimen fiscal te debes de inscribir (puede ser desde persona física con actividad empresarial hasta crear una S.A o una S.C. dependiendo de tu negocio), como debes de realizar facturas para clientes nacionales e internacionales y otras cosas que no sabemos porqué nosotros no somos contadores. ¡Asesórate bien!

 Ahora ya toca arrastrar el lápiz y crear el plan de negocios para tu e-commerce. El miedo es el mismo a cuando crear un negocio físico, pero la pasión seguirá siendo tu motor. No esperes volverte EL mejor emprendedor en línea, tampoco creas que por tratarse de un negocio de este tipo vas a vender miles de productos en cuanto abras tu tienda.

El acercamiento a tus productos o servicios será más rápido, pero sin la estrategia correcta, la implementación adecuada y los mensajes originales, nadie te va a conocer y te convertirás en una página más en el olvido del ciberespacio.

Photo by rawpixel on Unsplash

8 consejos para combatir la ansiedad emprendedora

Durante toda mi vida he creído que no tenemos que ser un remanso de paz, ni pretender ser los seres más iluminados para poder controlarnos; sólo basta aprender a identificar cuando nuestros pensamientos se están saliendo de lo normal, cuando definitivamente ya estamos en una fase fuera de control y el mundo se está cayendo a pedazos en nuestra cabeza. En estos momentos es necesario hablarnos para hacernos reaccionar y traernos de vuelta a la realidad: “Hey… hey, si tú (pon aquí tu nombre), ¡tranquilo! ¡Contrólate y respira! Recuerda nuestra máxima: Cuándo no sepas que hacer, no hagas nada ¡solo respira!”

Y si, te puede parecer simple, pero ponte a pensar que los pensamientos negativos nos lleva a tener reacciones inmediatas e imprevistas, y son precisamente estas reacciones inmediatas de las que más nos arrepentimos después. ¿Y sabes porqué? Porque fue en esos famosos 5 minutos que reaccionamos sin pensar lo que íbamos a decir o a hacer, tomando decisiones no tan acertadas y que nos pueden llevar a cambiar el rumbo hacia un destino no tan acertado. ¿Y todo para qué? Pues únicamente para dar salida a lo que estábamos sintiendo en ese momento, y liberando la presión de los estragos que nuestras emociones estaban generando en nosotros mismos.

¡Ufff! Peligroso, ¿cierto? Yo diría que sí, ¡y mucho!

Este tema no es de hoy, ni es nuevo, ni improvisado. Ni nuestra educación, cultura, sociedad y tampoco nuestra anatomía nos ayuda. Hace tiempo leía en el libro de “Inteligencia Emocional” de Daniel Goleman el concepto de “Cerebro reptiliano” y “Amígdala”. ¡Caray! Seguro leer “reptiliano” ya te da todo un panorama de a dónde voy con esto. Cuando conocí estos conceptos entendí el porqué de nuestras reacciones aceleradas y sin control. Resulta ser que nuestro cerebro está dividido en tres: el cerebro reptiliano, el límbico y el neocórtex. En palabras simples, el cerebro primitivo es la estructura que se formó primero, y que está ahí desde los cavernícolas. En el cerebro primitivo se encuentra la amígdala, que es esa parte del cerebro que nos permite estar alerta ante cualquier amenaza. Esta parte del cerebro son las conductas simples e impulsivas, necesarias para la supervivencia, y gestiona las conductas de acuerdo a los estados fisiológicos del organismo: miedo, hambre y enojo, entre muchas otras. Este cerebro es lo que hacía que cuando un cavernícola veía a un mamut, en vez de pensar en su grandeza y majestuosidad, primero saliera corriendo y después diseñara acciones para cazarlo y alimentarse.

El cerebro límbico asocia experiencias y emociones, y obviamente está relacionado con el aprendizaje. Es decir, emociones agradables tendemos a repetirlas; experiencias dolorosas o poco satisfactorias tendemos a evitarlas. Y finamente tenemos el neocórtex, que son esos nuevos “pliegues” que fueron formando una nueva estructura de nuestro cerebro, más evolucionada, menos enfocada en la reacción y más dirigida hacia la racionalidad, al pensamiento sistemático y lógico.

¿Y por qué te estoy explicando todo esto? Porque, aunque estamos en pleno siglo XXI, aun hay estructuras de comportamiento fuertemente arraigadas en los seres humanos que responden más al cerebro reptiliano que al neocórtex, principalmente en temas de emociones.

En nuestra sociedad y como parte de nuestra educación no hay una cultura del trabajo personal y del enfoque en desarrollar nuestra inteligencia emocional. Desde pequeños nos dicen: “No te dejes”, “Si en la escuela te pegan, tu defiéndete”, “No dejes que te esté diciendo esas cosas, tú contéstale”, “Para un cabrón, cabrón y medio”. Un amigo me contaba que su papá le decía: “Si veo que llegas golpeado de la escuela, acá te va a ir peor, así que tu sabes”. En fin, la ley del que pega primero pega dos veces o pega más fuerte, no nos ha ayudado en nada a evolucionar como sociedad; y en mi experiencia, hoy en día una de las cualidades que la gente admira en otros es extrañamente eso: el control e inteligencia emocional.

Entonces ¿qué pasa con los emprendedores? ¿Cómo logramos controlarnos en esos momentos donde todo sale de control, donde nuestro negocio parece el mundo en llamas y dominado por robots que quieren acabar con la humanidad? ¿Qué pasa con esos días donde no es el mamut persiguiéndonos, sino nuestros clientes poniéndose difíciles, sin querernos pagar, quejándose de que quieren más resultados por la misma cantidad de dinero? ¿qué pasa con esos días donde sentimos que no agregamos suficiente valor, que nuestro producto no es suficientemente bueno, que el mundo nos dará la espalda y ya nos vimos actualizando nuestro curriculum y yendo a entrevista para volver a trabajar en una empresa? ¡Noooooooooo! (léase imaginando que vamos cayendo en una espiral hacia el mundo Godín).

Bueno, pues regresemos a la realidad donde en verdad el mundo no está tan mal.

8 maneras de regresar a ti

Cuando estés en esas situaciones intenta regresar en ti de esta forma:

  1. Reconócete en estos estados de ánimo exaltados. Aprende a reconocer que estás en una realidad alterna, y regresa. Cuando ya no estás prestando atención a lo que tu cliente te dice, o estás comiendo y en vez de saborear lo que estás probando, estás viendo como tu negocio tiene un anuncio de “Cerrado por bancarrota” o “Cerrado por no ser lo suficientemente bueno”, identifica que estás creando escenarios exagerados y poco apegados a la realidad y regresa.
  2. Si ya regresaste, respira. Parece simple, pero es en serio, si estás muy fuera de control respira profundamente. Inhala y exhala largo, pausado y profundo, hazte consciente de tu respiración. ¿Tú crees que la gente que fuma lo hace porque es un hábito maravilloso? ¡No! Date cuenta (o si no fumas piensa en alguien que si lo haga) como un cigarro te lleva a inhalar y exhalar profundamente, y eso precisamente es lo que te calma. Además de que, para echarte un cigarrito, tienes que salir del ambiente que te estaba generando ansiedad, enojo, tristeza o cualquier otra emoción. Practica inhalar, y exhalar; verás cómo poco a poco esa acción te hace regresar al momento presente, darte cuenta de lo que está pasando, y permitiéndote tener un campo más amplio para moverte y determinar cómo quieres reaccionar ante lo que está pasando.
  1. Se vale no reaccionar en el momento. Se vale pedir 5 minutos, se vale decir “déjame analizarlo y regreso con una respuesta”, se vale repetir la frase para poder recapitular y ver si estamos entendiendo correctamente lo que nos están diciendo. En otras palabras, es válido si no tenemos una reacción en el momento y nos tomamos unos minutos o un tiempo para determinar que es lo que realmente debemos responder o hacer. Date ese tiempo, habla con otras personas, haz las preguntas que creas convenientes. No todo es inmediato, no todo es instantáneo. Date permiso de analizar y dar una pensada a las cosas, incluso si lo tienes que repetir en tu cabeza para poder asimilar de mejor forma la situación.
  1. Identifica tus frases o situaciones catalizadoras. Aprende a conocerte e identifica que palabras o situaciones te “encienden” o generar una emoción que no puedes controlar fácilmente, de tal forma que cuando se presenten, ya sabrás reaccionas de cierta forma a esto y que es mejor jalarte las riendas para evitar sobre reaccionar o decir y hacer algo en lo que no saldrás bien parado.
  1. Incorpora prácticas de trabajo personal a tu vida diaria. Hablarlo todo con tus mejores amigos, o estar pensando todo el día encerrado en tu habitación respecto a una situación, no hará de ti una mejor versión de ti mismo. Se requiere trabajo personal para enfrentarte a situaciones que sabes que no controlas fácilmente, y principalmente que tu cuerpo y tu mente estén contigo cuando así lo necesites. Prácticas como la meditación y el yoga, en mi experiencia, ayudan muchísimo en el reto de conocernos a nosotros mismos y avanzar en controlar nuestras emociones.
  1. Lee libros o artículos de inteligencia emocional. Aunque parezca cliché, para nosotros los emprendedores, los libros son nuestra forma de capacitación no formal a bajo costo. A veces leer una frase inspiradora, un artículo interesante de trabajo personal o un libro que nos ayude a entender de estos temas, poco a poco nos va a haciendo sentido y los veintes comienzan a caer de a poco en nuestro día a día.
  1. Encuentra tu frase inspiradora. Siempre hay algo que nos hace volver a nosotros mismos. Yo tengo en mi repertorio algunas frases que hacen que, cuando me veo inmersa en mi mundo en llamas donde los robots dominan a la humanidad, me hacen entender que esa película ya me la he contado en el pasado y que debo salir de ahí para poder ver las cosas de forma objetiva. Busca cuál es tu palabra, frase o ese algo que te hace volver en ti, para centrarte y ver las cosas como son.
  1. Por último y la más importante: ¡CONFIA EN TI POR FAVOR! Ser emprendedor es complicado y requiere de un gran valor el salir todos los días a buscar clientes, generar ideas, aportar valor, cobrar facturas, motivar a tu equipo, administrar el dinero. Si, todo eso que cuando eras empleado otros lo hacían por ti. Date cuenta de que hoy tú haces todo eso y más, y son cosas que te sacan de tu zona de confort. Seguro habrá situaciones que domines muy bien y otras serán totalmente ajenas a todo lo que conoces. Pero todo es aprendizaje y están haciendo camino. Ten confianza en lo que estás haciendo, sé claro en tus planes operativos y estratégicos, ejecuta las acciones necesarias y sigue caminando. No todo saldrá perfecto ni a la primera, no eres perfecto, pero tampoco eres una pesadilla para tu cliente.

En fin, mis mejores consejos son: Aprende a respirar, aprende a tener frases salvavidas que te sacarán de situaciones complejas, y date tiempo para conocerte, valorarte y a tener a la mano la fuerza que requieres para hacer frente a cualquier situación que se presente.

Recuerda: No eres el primero ni el último emprendedor. Somos una comunidad, y estamos ahí los unos para los otros, viviendo experiencias muy similares y apoyándonos en esta red de sueños.

AUTORA

Pao Espejel
Paola Espejel

Profesional, mamá y emprendedora. Paola creó hace un año EMMAX, una empresa que ofrece soluciones en procesos, sistemas y clima laboral enfocado en yoga y meditación (Dharana). Paola ha trabajado en distintas empresas en las áreas de sistemas y atención a cliente. Gracias a que su pasión en la vida son la yoga y la meditación como herramientas para entender la mente y regular emociones, ha entendido que la máxima experiencia de la vida es esa: estar vivo

Para conocer más sobre el trabajo de EMMAX visita su página http://www.emmax.com.mx/

Del miedo a la realidad: la publicación de mi primer curso

Desde que empecé a dar asesorías a emprendedores en 2015, además del miedo de emprender, lo que todos tenían (y tienen) en común es querer tener presencia en redes sociales; pero no sólo quieren tener presencia, quieren tener más ventas. Siendo mercadóloga, habiendo trabajado en comunicación y relaciones públicas teniendo tratos con bloggeras y medio digitales, me generaba un poco de curiosidad que los emprendedores no pensaran en las redes sociales como un canal de comunicación, sino como un canal de ventas.

Gracias a mi naturaleza curiosa, me puse a investigar (lo que me llevo a horas de navegar por internet, algunas veces con sentido y muchas otras no) y me di cuenta que efectivamente la percepción de las redes sociales entre los emprendedores era como tener una sección amarilla digital en el que debes poner miles de anuncios para que la gente te compre. Afortunadamente, el mercado y los consumidores han cambiado y lo último que estos quieren es ser bombardeados constantemente con anuncios de compra. Lo que los consumidores quieren, es encontrar una marca que hable su mismo idioma, que conecte con ellos y si, que les solucione un problema. El meollo del asunto surge cuando no sabemos como llegar a estos clientes, como hablarles y nos urge vender (como a cualquier otro negocio), es por esto que los emprendedores utilizan las redes sociales sin un camino definido y aventando una que otra imagen, escribiendo uno que otro post e incluso he visto algunos que utilizan un perfil personal y no una página.

Viendo que estos errores eran cada vez más comunes y las preguntas sobre como vender más en redes sociales no paraban, me puse a pensar como podía ayudar a estos emprendedores pero a gran escala. Después de mucho meditarlo, llegue a la conclusión de que hacer un curso era la mejor opción. Primero me emocioné, luego dude muchísimo, luego me volví a emocionar y luego entre en pánico. ¿Cuánto iba a cobrar por el curso? ¿Debía cobrar por el curso? ¿La gente lo pagaría? ¿Tengo conocimientos suficientes para hacer un curso y que la gente lo compre? y como estas preguntas hubo unas 100 más, hasta que decidí que empezaría por crear el contenido y luego me preocupaba por todo lo demás.

La parte del contenido vino fácil, lo difícil fue estructurarlo. Mi mamá es maestra y tiene una paciencia impresionante, sabe como explicar, no se desespera cuando el alumno no entiende y sus métodos de aprendizaje son divertidos… Yo, soy todo lo contrario. Crear el contenido me preocupaba porque no sabía si iba a poder dar la información de manera que se entendiera, fuera concisa pero sobretodo que fuera útil. Lo escribí, lo revisé, lo imprimí lo modifique y como por la 5ta vez que lo leí quede satisfecha. Ahora venía lo divertido: el diseño; aunque no soy diseñadora, confié suficientemente en mi creatividad como para poder hacer algo que quedara bonito y lo demás se lo deje a CANVA. Mi siguiente duda era el formato. Tenia claro que necesitaba describir lo que estaba en la presentación para que quedara claro, pero no quería salir en cámara (que aunque si hablo con mi computadora, lo hago nada más cuando no reacciona y no quiero que muera) así que decidí que sólo grabaría mi voz.

Después de leer el script en voz alta unas diez veces, me senté, me puse los audífono y empecé a grabar…hasta que pasó el camión de la basura e hizo un ruido impresionante. Así pasaron las horas, los días y terminó la semana. Estaba cansada de leer lo mismo 50 veces y tener que repetirlo por algún ruido, por que había estornudado o porque ya tenía la boca seca de tanto hablar. Las horas nalga no paraban. Además de hacer el curso, tenía que seguir trabajando, escribiendo en el blog y buscando nuevos clientes, por lo que la frustración y las dudas se empezaban a acumular. Después, pasé a la parte de edición en donde comprobé que puedes tener las herramientas más chingonas, pero si no las sabes utilizar no sirven de nada y me fui a lo que mejor conozco: iMovie. Mientras todos esto pasaba y le comenté mi hallazgo a un par de personas quienes me motivaron a que siguiera adelante, me echaban porras de que sabía de lo que estaba hablando y sus palabras hacían que confiara cada vez más en lo que estaba haciendo.

Una vez terminado, vino la fase de prueba. De las 6 personas a las que les pedí que hicieran el curso: una lo hizo y me dio feedback casi inmediato, otra lo hizo a la mitad y no lo terminó, dos ni lo abrieron y otras dos se tardaron casi dos meses en darme feedback. Obviamente esto no ayudó a mi estrés y a mi miedo de que no funcionara el curso. La falta de respuesta me hacía pensar que el curso no era útil y que mejor siguiera con mi vida; y efectivamente lo deje en pausa hasta hoy, que decidí que no iba a permitir que mi miedo a que no funcionara me privara de saber si efectivamente podía funcionar. Monte mi escuela en línea, subí el contenido, cree la página de compra y aquí estoy sacando este proyecto a la luz.

Ahora bien, si yo estuviera leyendo esto, pensaría que es el speech de ventas más extraño del mundo, ya que, aunque aseguro mis conocimientos, soy honesta en decir que me costó trabajo organizar mis ideas y que el contenido fue hecho de la mejor manera posible, con las herramientas que tenían a mi alcance. Pero a pesar de todo esto, de haber batallado con mi poca experiencia como docente, logro transmitir los conocimientos que se que le serán útiles a los emprendedores ¿Por qué lo se? Por que es lo que hago todos los días con mi marca, es lo que hago todos los días para otras empresas y por que no me atrevería a cobrarle a alguien por algo que no le va a servir. Hoy doy un gran paso al volver a salir de mi zona de confort y enseñarle al mundo que tengo mucho que aportar y en diferentes formato. Aceptaré las críticas, buenas y malas, para seguir mejorando y seguiré trazando mi camino para cumplir mi objetivo de ayudar a otras personas a cumplir sus sueños, como yo estoy cumpliendo los míos.

El curso “Domina tus redes sociales. Una guía práctica para emprendedores” no es una varita mágica que hará que vendas, tampoco es la receta del éxito, es información útil para que alcancemos eficientemente a nuestro mercado meta y se enamoren de nuestro negocio tanto como nosotros estamos enamorados de nuestro desmadre emprendedor. Haber creado el curso y ponerlo a la venta, a sido un verdadero desmadre, con una montaña rusa de emociones que hasta este momento no paran. Tengo miedo, emoción y un poco de ansiedad de saber como va a terminar esto, pero tan confiada estoy de que todo saldrá bien, que ya estoy pensando en que otro curso o ebook puedo crear para seguir apoyando a emprendedores como yo. (Si tienen algún tema en mente déjenlo en los comentarios)

Si te interesa el curso inscríbete aquí, y tanto si te interesa o no mucho, por favor comparte para que pueda llegar a más personas. Acepto opiniones, comentarios, sugerencias y observaciones (obvio con respeto, tampoco se vayan a poner agresivos) para que este desmadre cada vez tenga un poco más de sentido.

Sinceramente,
Su nueva maestra Mariana Báez-Camargo Sánchez (por que si tengo madre)

Photo by Rahul Chakraborty on Unsplash

 

El liderazgo desde mi punto de vista

Mucho se habla del liderazgo en las empresas, de que características debe de tener un buen líder y que tienes que hacer para serlo. Al igual que muchas creencias, considero que la imagen de un líder se ha llegado a idealizar tanto como en su momento Disney idealizó a las princesas y príncipes. Los medios de comunicación ponen en la mira a empresarios y dueños de negocio que llevan años de experiencia trabajando con equipos multidisciplinarios y te dan una lista de las 10 cosas que ellos hacen para ser excelentes líderes. Sí, esta bien, ¿pero siempre han sido así? ¿nunca perdieron los estribos? ¿nacieron siendo líderes o aprendieron tanto que llegaron a saber como ser buenos líderes? y ¿leyendo este artículo voy a ser igual de buen líder que ellos?

Cualquier que haya tenido un trabajo, ha tenido un jefe. Los que tenemos ya algunos años (no muchos) trabajando, hemos tenido buenos jefes, malos jefes y jefes que quisiéramos ver desaparecer. A mi me ha tocado trabajar con todo un poco; tuve un jefe que no delegaba, mientras yo me picaba los ojos sin hacer nada, también tuve otro que si te hacia una pregunta y no era la respuesta que esperaba (pero si la correcta) aparecía su versión Hulk y no había nada más que decir y, aunque mucha gente no me lo cree, trabaje con una Miranda Priestly que literal un día me hizo acompañarla al baño para que me siguiera contando todo lo que teníamos que hacer mientras ella hacia otras cosas (y no estaba precisamente retocándose el maquillaje, if you know what I mean). También he tenido clientes que son malos líderes, los que creen que son buenos líderes pero no lo son y los que en verdad son tan buenas personas que transmiten liderazgo a su equipo.

Además de haber tenido la experiencia como empleados, muchos hemos tenido la experiencia de trabajar con un equipo bajo nuestro comando al cual le debemos demostrar nuestro liderazgo, y no me dejarán mentir que hay veces en que ser un líder cuesta mucho más trabajo, especialmente cuando tu “subordinado” no da una.

¿Qué es ser un buen líder?

Hemos leído y escuchado más de una vez que un buen líder es aquel que va de la mano con su equipo para hacerlo crecer, que los ayuda e impulsa al cumplimiento de objetivos y lo más importante, que es una figura de la cual todos pueden aprender y ve por el bien de la compañía. Un buen líder es una persona que es bien intencionada, que sabe escuchar, que comparte sus conocimientos y que ve por un bien colectivo y no únicamente un bien personal. Pero este líder también es una persona; tiene días buenos y días malos, se desespera, pierde un poco la paciencia y ganas no le faltan de pendejearse a uno que otro (perdón, pero no encontré una mejor expresión). Es por esto mismo que creo que hay líderes que algunos empleados consideran buenos, mientras que otros no los pueden ver ni en pintura.

Si lo que tu quieres es ir a trabajar contento como dueño de negocio, empleado o el que limpia, y quieres tener una buena convivencia con las personas con las que trabajas, te comparto algunos consejos que te harán ser un mejor dueño de negocio, empleado o limpiador, sin importar si eres jefe o no y sin importar si te consideras un líder o no.

1.- Siempre hay algo que aprender: Hace algunos ayeres, cuando perdía los estribos, mi jefa siempre me decía “Lo que te choca, te checa” y aunque en el momento me encabronaba un poco más, cuando me calmaba lo entendía (y ahora lo entiendo mucho más). Cuando tienes un jefe que grita, que no te hace caso, que menosprecia tu trabajo y todos los días te preguntas que has hecho para merecer esto, mejor pregúntate que tienes que aprender de esa persona. Toma la iniciativa y trata de ir un paso delante de la situación, se proactiva, da respuestas a preguntas que no se han hecho y checa que es lo que te choca, por que seguramente tu haces lo mismo con alguien de tu equipo o con alguien en tu vida personal.

2.- Hay malos jefes, pero también hay malos empleados. La culpa siempre la tiene el jefe, es la versión godín de “Yo no choque, me chocaron” y esto tiene una explicación muy sencilla: es más fácil echarle la culpa a alguien más que aprender de nuestros errores. Pero la verdad es que hay empleados malos, malísimo y pésimos. Hay quienes hacen lo mínimo necesario, no ponen ningún esfuerzo en hacer las cosas mejor y cuando tu pierdes la paciencia como jefe la culpa es tuya e inmediatamente eres un mal jefe y por ende un mal líder. Este es otro momento de aprendizaje y de hacer una reflexión de lo que tu puedes hacer mejor y compartirlo con ese empleado para que cambie su actitud o descubras si hay algo en lo que puede ser más productivo y esa falta de ganas sólo se debe a que esta extremadamente aburrido.

3.- Escucha y comparte. Simplemente por ser personas con distintas personalidades, tenemos diferentes opiniones y maneras de ver las cosas. No siempre vamos a estar de acuerdo en todo y con todos, pero podemos escuchar y estar abiertos a nuevas posibilidades. Tu experiencia profesional y conocimientos cuentan mucho, pero a veces, y muy seguido, una perspectiva externa, fresca y nueva puede ser justo lo que necesitas para encontrar la solución a un problema y dejar de ahogarte en tu propio desmadre. Motiva las sesiones de brainstorming en con tu equipo, incentiva a que opinen y que todos trabajen en conjunto. Ojo, es importante que participes, acuérdate del punto #1.

4.- Se humilde. Me da mucha risa cuando las personas que se creen humildes presumen que son humildes (por si no se habían dado cuenta, eso es la anti-tesis de la humildad). Cuando eres emprendedor, dueño de un negocio o el jefe de un equipo, siempre da miedo admitir que no tenías la razón y aceptar un fracaso duele más que pegarte en el dedo chiquito del pie con la esquina de la mesa. En el momento en el que nos equivocamos, reaccionamos de mala manera o explotamos, no hay poder humano que nos haga aceptar que hemos actuado mal (y según yo es simplemente por naturaleza y por el momentum que llevan las cosas) pero bien dice el dicho es de sabios cambiar de opinión. Si tuviste un lapsus en tu momento de liderazgo y actuaste de una manera que tu mismo no consideras correcta o en verdad crees que te pasaste, esta bien que pidas disculpas, te retractes o hagas las cosas de manera diferente. Las personas a tu alrededor, y tus empleados, te lo agradecerán.

5.- Más sabe el diablo por viejo. Trabajando con dueños de negocios me he topado con algunos que no son considerados buenos líderes. Estos son los empresarios que llevan muchos años con su negocio, que están acostumbrados a hacer las cosas de cierta manera y trabajan a la antigüita. Son aquellos dueños de negocios que empezaron como emprendedores antes de que ser emprendedor se pusiera de moda y por lo tanto no son muy aptos a que las nuevas generaciones les digan como deben de manejar su negocio. Estos empresarios son considerados por muchos como malos líderes por lo mismo que su manera de trabajar es diferente, han pasado por buenas y malas y seguro han perdido bastante dinero en el proceso. Si trabajas con uno de ellos, en lugar de pensar en lo malos líderes que son y que cuando tu seas líder nunca vas a se así, piensa que por algo están en donde están y que algo puedes aprender de ellos (volvemos al punto #1) e incluso, puedes probar tus habilidades de comunicación y liderazgo al proponer una nueva manera de hacer las cosas o como yo, introducirlos al hermoso mundo de las redes sociales.

Como ven, este post no se trata de cómo ser el mejor líder; no importa si tienes personas a tu cargo, si tu puesto es gerencial o incluso si no tienes las habilidades que todos dicen que deben de tener los líderes, lo importante es saber tratar con personas, entender todos los días que la persona sentada enfrente de ti puede estar pasando por un mal momento y que no importa la edad, ni la experiencia, siempre podemos aprender de los demás.

El último consejo

Para terminar, si quiero recalcar que ser líder no significa que seas perfecto. Es normal que podamos perder los estribos, que nos desesperemos o que no sepamos en un momento determinado como guiar a otra persona; pero lo que no está bien es descargar esos momentos de ira y desesperación con las personas que están a tu lado, especialmente si son tus subordinados. Elevar la voz, regañar públicamente a alguien, ser agresivo y faltar al respeto no es aceptable seas o no un líder. Si estas en una situación en la que sientes que puedes explotar, toma 5 minutos, respira y regresa a tu centro para que no acabes hiriendo susceptibilidades y tu reputación como emprendedor, jefe, dueño de negocio y líder se vaya al caño. Todos somos humanos y por eso mismo, lo primero es respetar nuestras diferencias y tratar con respeto a los demás.

Ser líder es tener la capacidad de inspirar, motivar y compartir con las personas con las que trabajas para crear cosas increíbles que favorezcan a todo el equipo, a la empresa, a la comunidad, al medio ambiente, y en fin, a todos.

Así que aprende, comparte y vive el desmadre sin preocuparte de ser un buen líder y solo preocupándote por ser mejor persona.

Photo by EveryGirlBoss.com on Unsplash

 

¿Crónica de un fracaso anunciado? No necesariamente

Hace algunos meses, publicamos un artículo en el que hablábamos de cómo uno de los retos más grandes de emprender es no perder la cabeza en el intento y no dejar que nuestros miedos nos paralicen y nos eviten conseguir nuestras metas, objetivos y sueños. Los emprendedores nos guiamos por la pasión; nuestra brújula interna nos lleva a pensar de manera innovadora todo el tiempo y a hacer que las cosas funcionen, o mejor dicho dejamos el corazón en la cancha (esta metáfora es patrocinada por el Mundial Rusia 2018). Pero aunque siempre vamos a hacer todo lo posible por que nuestros proyectos y empresas prosperen, para muchos llega un momento en el que hay que tomar decisiones que nos hacen replantearlo todo y hacernos la pregunta más temida por todos los emprendedores: ¿es momento de tirar la toalla?

Replantear tu negocio no es sinónimo de fracaso

Existen muchas, más bien infinitas, razones por las que una empresa no está logrando los resultados esperados. Algunas son internas y otras externas, el cambio en el mercado, los avances tecnológicos y las innovaciones dentro de las industrias son sólo algunos de los aspectos que nos afectan directamente y si no estamos preparados nos puede llevar la corriente. Antes de tirar la toalla y dejar que los pensamientos de fracaso inunden nuestra mente, cerremos los ojos, tomemos una inhalación profunda, exhalemos y lo más importante, no entremos en pánico.

Quien ha pasado por esta situación sabe que tomarse un momento para respirar es difícil (y no entrar en pánico puede llegar a ser casi imposible), el hacer una pausa para replantear el negocio no es malo, al contrario, puede ser justo lo que tu y tu negocio necesitan para poder continuar y regresar con más fuerza.

¿Qué es lo que tienes que hacer en este pequeño momento de pausa? Te lo contamos:

1.- Haz cuentas. Conoce cuanto tienes y para cuanto tiempo te alcanza. La temporada de vacas flacas es más que conocida por los emprendedores, pero la realidad de las vacas flacas se ve reflejada cuando estás en un momento de crisis y aún así debes de pagar gastos fijos, nóminas y todos aquellos gastos que son inminentes para que sigas operando. Si los número no te dan, puedes buscar un inversor que este dispuesto a apostar por ti y por tu empresa o también optar por buscar un crédito. Cualquiera de las dos opciones suponen un riesgo que debes de asumir y del cual debes de estar convencido que vas a poder solventar en un futuro para no endeudarte.

2.- Replantea tu estrategia. Nadie aprende sin equivocarse y puede ser que te encuentres en este punto precisamente por que haz apostado por una estrategia que termino por no funcionar de la manera correcta (aunque sea consecuencia de un cambio externo). La gran maravilla de los errores es que se puede aprender de ellos, así que siéntate (solo o con tu equipo), toma un papel y una pluma y literal arrastra el lápiz para encontrar el nuevo camino que debes de tomar teniendo en consideración todo lo que has aprendido. Puedes replantear tu mercado, tu producto o tu canal de venta, apuesta por estrategias de comunicación que te ayuden a tener visibilidad y piensa más allá de lo obvio para que tu negocio renazca como el ave fénix.

3.- Elige bien con quien vas a trabajar. Los momentos de cambio no son fáciles, la tensión se acumula y tendemos a ver un sentido de urgencia sobre todo cuando sentimos el agua hasta el cuello. Ser el dueño del negocio y estar en este tipo de situaciones no es fácil y se complican un poco más cuando tienes a un equipo (grande o pequeño) que tiene sus propias necesidades. Lo que tienes que hacer, primero que nada y habiendo pasado por los puntos uno y dos, es ser sincero con ellos. Probablemente ya saben que la situación no va bien, pero siempre es reconfortante escucharlo directamente del que lleva la batuta. Si te sinceras con ellos, les describes la situación actual y los haces partícipes de la solución es muy probable que cuentes con ellos para sacar adelante el barco y que se pongan la camiseta por todos para salir del bache. En situaciones de crisis, un equipo unido puede llegar a lograr maravillas; aliéntalos, motívalos, pero sobre todo hazles saber que pueden confiar en ti y que tu también estas haciendo tu parte para que todos salgan ganando.

4.- No hay ideas malas ni tiempo que perder. Cuando llegamos a este punto, ya no podemos irnos por lo seguro, debemos de ser capaces de identificar aquellas ideas que pueden aportar de las que no y no sólo estar dando patadas de ahogado. Es el momento de sacar todos los proyectos que tenias planeados hacer en el mediano y largo plazo e implementarlos. Pero no lo hagas “como el borras”, tomate el tiempo de planear y ejecutar de manera inteligente para que den resultados y que realmente aporten valor. No esperes más para hablar con ese nuevo cliente, proveedor o distribuidor, quítate la pena, el agobio y haz lo que tengas que hacer para que esta nueva etapa de tu negocio prospere.

5.- Pon un plazo. Aunque muchas veces el plazo lo dictan los números, tienes que ser consciente de hasta que punto vale la pena luchar. Cuando establezcas tus nuevos objetivos, utiliza la metodología SMART para plantearlos y que todo quede claro. Se honesto contigo y pon un tiempo realista en el que puedes sacar adelante tu empresa y si en ese periodo de tiempo tienes que volver a alguno de los puntos antes mencionados, esta bien. Es mejor regresar mil veces, a mentirnos a nosotros mismos sobre la realidad en la que vivimos.

6.- En verdad no entres en pánico. Este punto es el último mencionado a propósito para que después de las reflexiones que tuviste con los otros cinco, te des cuenta que no debes de entrar en pánico. Si mientras leías los puntos anteriores llegaron a ti nuevas ideas, anotaste algunas cosas que tienes que hacer y hasta con quien tienes que hablar, no hay entonces alguna razón por la que debas de entrar en pánico. Sabes lo que tienes que hacer, con quien lo vas a hacer y que tiempos necesitas, por lo tanto haz tu nuevo plan y confía en que tienes todo lo necesario para seguir triunfando. Transmite esta tranquilidad a las personas que han decidido remar contigo en el barco y no bajes la guardia. Una mente tranquila trabaja mejor que una mente agobiada.

Tomate un día, dos, el fin de semana o el tiempo que sea necesario para replantear tu negocio. Despeja tu mente, respira y responde todas las preguntas que te vengan a la mente (tanto buenas como malas); se honesto contigo, con lo que quieres obtener de esta nueva etapa para tu negocio y confía en que tu espíritu emprendedor te ayudará a seguir de la mejor manera. Acuérdate que ser emprendedor, aventurero y salirte de lo normal no es fácil, muchos de los grandes fracasaron miles de veces antes de encontrar la pepita mágica, pero lo que los hace diferentes es que a pesar de fracasar, no desistieron de perseguir sus sueños. El fracaso no es malo, es sólo una nueva oportunidad de aprender.

Así que agárrate bien los pantalones y chíngale, por que esto apenas comienza.

Photo by Estée Janssens on Unsplash

De emprendedores a grandes empresas, todos podemos cuidar el medio ambiente.

Últimamente las redes sociales se inundan de videos e imágenes de la cantidad de plástico en los mares, de las soluciones que dan las ciudades para evitar que éstas se calienten (pavimento blanco en California) y productos innovadores que evitan el incremento de desperdicios. Cada vez son más los emprendedores que toman ventaja de la tecnología y la creatividad para crear nuevos productos, servicios y soluciones que ayuden al medio ambiente. Estos emprendedores (además de ser considerados emprendedores sociales) motivan a otros emprendedores a buscar soluciones sustentables que contribuyan a un mundo mejor (si, así de bonito como suena).

Aunque estas ideas si nos motivan, existen algunos emprendedores que no tienen la capacidad (física o económica) para llevar a cabo este tipo de proyectos, o simplemente su core business no es crear una solución social o medioambiental; sin embargo, eso no quiere decir que cada emprendedor o dueño de negocio no pueda crear soluciones que aporten a un mundo mejor (si, sigue siento igual de bonito como suena). Por esto, decidimos hacer una lista de 7 cosas sencillas que podemos hacer desde nuestra oficina, casa o coworking para inspirar y motivar a otros a sumarse a estas buenas prácticas.

1.- Reduce tu consumo de papel. Sabemos que este es uno de los principales consejos cuando se habla de reducir nuestro consumo y ayudar al medio ambiente; también sabemos que gracias a la tecnología muchos emprendedores, dueños de negocios y empleados (sobre todo los millennials) usan medios electrónicos para trabajar dejando atrás los clásicos papel y pluma. Aún así, y aunque no lo crean, existen personas que siguen imprimiendo todo … y cuando decimos todo nos referimos a todo: desde mails y presentaciones, a minutas y facturas. Existen muchos aspectos del negocio que requieren de evidencia física como los departamentos de legal y finanzas, por lo que una alternativa sustentable para estos casos es utilizar hojas recicladas. Como dicen las firmas de los correos “No imprimas el correo (o cualquier otro documento) a menos que sea realmente necesario”

2.- El café en taza sabe mejor que el café en vaso de papel. Muchas empresas, sin importar su tamaño, le ofrecen una barra de snacks y café a sus empleados. Lo que muchos no hacen es poner tazas, vasos y platos reutilizables por muchas razones, siendo la principal el que se tienen que limpiar, además de que es mucho más fácil tirarlo después de usarlo y nos olvidamos del problema. Piensa un poco a largo plazo, si pones productos reutilizables vas a tener un ahorro considerable al dejar de comprar cajas de platos y bolsas de vasos cada dos por tres. ¡Invertir un poco te conviene! Y ya que estamos en esto, y por que tiene que ver con el tema, no compres productos en sobres independientes y compra a granel; además del azúcar (y sus sustitutos) hay muchas botanas que se pueden comprar de esta manera y guardar en recipientes de vidrio para su conservación.

3.- Cuida la energía. Otro consejo que circula mucho, pero que no es realmente aplicado. Es cierto que los aparatos electrónicos que no están en uso pero están conectados a la corriente siguen utilizando energía, por lo que para realmente ahorrar se deben de desconectar de la corriente eléctrica. En una oficina es difícil desconectar todo por los servidores, cámaras de seguridad y lo más importante ¡el internet!. Pero ya en serio, existen muchas otros electrónicos que si se pueden desconectar como la cafetera (del punto anterior), la bocina para la música, el cargador de la laptop y el celular, entre otros, además de que apagar la luz cuando no se utiliza y moderar la temperatura de la oficina para no tener que utilizar aire acondicionado o calefacción. Si tienes la posibilidad de elegir una nueva oficina, elige una que tenga iluminación natural y ventanas para que el aire circule y reduzcas de manera natural tu uso de energía.

4.- Elimina los correos que no necesites. Este punto esta relacionado con el anterior, pero a una escala mucho más grande. Una gran parte de nuestro día es enviar y recibir correos. Muchos son correos importantes, pero muchos otros son promociones, spam y correos para recuperar alguna de nuestras miles de contraseñas. Muchos correos los eliminamos, pero muchos otros “los guardamos por si luego son necesarios” y nunca los volvemos a abrir. Ahora bien, ¿cómo es que almacenar correos no es sustentable? Toma el número de correos que recibes en un día normal y multiplícalo por 30, luego por el número de personas que trabajan contigo y tendrás el número total de correos que se reciben al mes en tu empresa. Todos estos correos se almacenan en un servidor (propio o ajeno) que se alimenta de energía para poder funcionar y entre más información tienen estos servidores más energía consumen … por lo tanto, ¡eliminar correos ayuda al medio ambiente! Utiliza un poco de tiempo durante tu día para limpiar tu bandeja de entrada, correos enviado y eliminados y quedate realmente con los correos que son necesarios. Tu bandeja se verá más limpia y ¡tu huella de carbono también!

5.- Trabajar desde casa no sólo ayuda a los empleados, pero también al medio ambiente. Las prácticas de home office ya son una constante en muchas empresas, dejando atrás los tiempos en los que se pensaba que era imposible que un empleado pudiera trabajar fuera de la oficina y ser productivo. En una ciudad como la CDMX los traslados pueden tomar hasta dos horas (si te va bien y no hay alguna manifestación) lo que hace que cuando llegas a la oficina, tu espacio de trabajo o con un cliente ya estas de mal humor y un poco fastidiado. Las opciones son varias: promueve que los empleados que viven cerca compartan coche, que utilicen transporte público o se trasladen en bicicleta (obviamente tomando precauciones), organízate con tus empleados para que por lo menos un día a la semana puedan trabajar desde casa y aprovecha la tecnología para hacer las reuniones de manera virtual (esto también aplica con tus clientes). Aunque en un principio puede costar trabajo adaptarse a esta nueva forma de trabajo, con la práctica verás que todos son más productivos y más felices.

6.- Crea un programa de reciclaje. Sabemos que hay muchas cosas que no se pueden cambiar y pasar de un día para otro a ser cero desperdicios es difícil. Mientras te acostumbras a realizar estos cambios, crea un programa de separación y reciclaje de residuos. Compra contenedores para separa la basura en orgánica, papel y cartón, envases ligeros y otros; y ya que estas en esas haz un pequeño folleto explicando la manera correcta de separar la basura para que los empleados se motiven y lo pueden replicar en casa. Deja atrás esa idea de que el camión de la basura lo revuelve todo (por que como en muchas situaciones, no todos lo hacen) y piensa mejor en el bien que le estas haciendo al medio ambiente y la ayuda que le puedes dar a estos trabajadores para mejorar sus condiciones de trabajo.

7.- ¡Decora tu espacio con plantas! Si pusieron atención en las clases de biología, las plantas ayudan a limpiar el aire y aunque se necesitan millones para limpiar el aire del planeta, podemos empezar por el aire de nuestro espacio de trabajo. No necesitas parecer que trabajas en un invernadero, con algunas plantas pequeñas puedes hacer una mejora, al mismo tiempo que son una excelente decoración.

Estas simples acciones son el principio de un gran cambio. No importa si en tu empresa eres sólo tu, 10 o 100 empleados, éstas se pueden replicar muy fácilmente en la casa, el taller y la oficina. No esperes otro año para que sea el Día Mundial del Medio Ambiente para hacer un cambio y aporta tu granito de arena para hacer un mundo mejor.

Photo by Gem & Lauris RK on Unsplash

Una oportunidad que se deja ir, es una oportunidad que nunca vuelve.

Este último mes ha sido increíblemente impredecible, tanto así que hasta hoy me pude sentar a escribir. Todo empezó una tarde a principios de abril cuando se me presentó la oportunidad de trabajar con una empresa de e-commerce en la industria de la moda (el complemento perfecto a mi experiencia en cosméticos), y aunque tengo una gran fascinación por los negocios  y su transición hacia el mundo digital, me tarde un poco en convencerme porqué esto quería decir que el tiempo para escribir en el blog podría ser menor; sin embargo, decidí aceptarla emocionada por aventarme a un nuevo reto.

Cuando se inicia un nuevo proyecto o se trabaja con un nuevo cliente, siempre existe ese periodo de adaptación en el que tenemos que entender que es lo que se está haciendo, porqué y que es lo que vamos a aportar (si das asesorías como yo, ¡esto es por lo que te están pagando!). En pocas palabras, entrar de lleno al ruedo. Normalmente, este periodo de adaptación me toma poco tiempo, pero en esta ocasión me ha costado un poco más de trabajo (no tengo idea de porqué, pero como diría una buena amiga “seguro es la edad”). Me he tenido que adaptar a una nueva rutina, a trabajar con nuevas personas, con personalidades y temperamentos diferentes a los míos, y pasar mucho más tiempo viendo tablas de excel que hacen que literalmente termine viendo todo rayado. Me ha costado tanto trabajo que por estar tan metida en este proyecto, descuide un poco el blog lo cual me llevo a un sube y baja de emociones y alguno que otro reproche hacia mi misma por no poder aguantar el trote.

Sin embargo, es una oportunidad que me esta haciendo crecer de manera personal y profesional, por lo que sentarme a reflexionar sobre lo que me ha pasado en este último mes no fue nada menos que lo esperado. Al terminar el día, estaba tan cansada mental y físicamente que pensar en escribir en el blog y hacerme cargo de las redes sociales de mi negocio pasaban un poco a segundo plano. Decidí no ser tan dura conmigo misma y darme la oportunidad de adaptarme a este nuevo momento de mi vida y una vez que deje de ser tan crítica conmigo misma todo fluyó más fácilmente hasta llegar al día de hoy en donde estoy escribiendo esto y he logrado encontrar la manera perfecta de manejar mis redes sociales.

Si estas leyendo este artículo y lo que estas pensando es “Ah pues que chingón por Mariana, pero ¿y a mi que?” aquí te va la verdadera reflexión que tuve: haz lo que se te de la gana y por que a ti se te da la gana. Nos pasamos mucho tiempo pensando en cual es el camino que debemos de tomar, si debemos de seguir en nuestro trabajo de escritorio o empezar nuestro propio negocio; si debemos de expandir nuestra empresa, venderla o fusionarla con otra o simplemente si es posible que un emprendedor pueda regresar a un trabajo de oficina y aún llamarse emprendedor. Nos ponemos a pensar en que dirán los demás de nuestras decisiones, en lugar de pensar que es lo mejor para nosotros y no darle importancia al que dirán. En conclusión, sin importar cual es la situación, cuando se nos presenta una oportunidad tenemos que pensar en que repercusiones tiene para nosotros, como nos afecta, si en retrospectiva nos podemos arrepentir por no tomarla y lo más importante si nos hará felices a nosotros y no a los demás.

En la vida de los emprendedores, de futuros emprendedores y de los que ya tienen un negocio hecho y derecho, es importante caernos, ensuciarnos y levantarnos de nuevo para salir victoriosos cada vez con más aprendizajes. La oportunidad que tomo el día de hoy es la mejor decisión para mi momento de vida. En un mes he aprendido tanto que siento que ya llevo un año trabajando en esto y créanme que las historias no terminan, sólo se acumulan.

Photo by Daniel Cheung on Unsplash

Lo más difícil de emprender es no perder la cabeza en el intento

Si tuvieras la oportunidad de mudarte a cualquier ciudad del mundo ¿harías lo mismo que estás haciendo ahorita o querrías hacer las cosas diferente? ¿Estarías dispuesto a empezar un nuevo proyecto, desarrollar un nuevo negocio o explorar una nueva actividad? La verdad es que es muy fácil pensar que si decidimos cambiar de ciudad, estado o país, las cosas van a ser diferentes o que al renunciar a tu trabajo y volverte emprendedor va a ser más fácil que soportar la monotonía de un trabajo godín. A pesar de que estas cosas son ciertas, (eventualmente tener tu propio negocio es mejor que estar en una oficina más de ocho horas al día y vivir en otra ciudad se volverá una experiencia divertida) debemos de ser consciente de que antes de llegar a ese punto hay que esforzarnos y tener la dedicación y determinación de hacer que las cosas funcionen.

Pensar que las cosas mágicamente cambian sólo por haber dado un gran paso, es una idea equivocada que todos hemos tenido. Idealizamos tanto ese cambio, que cuando las cosas no salen a la primera sufrimos una gran decepción, haciéndonos perder el enfoque de lo que queremos y pensar que no fue una buena idea después de todo. Muchos factores entran en juego al salir de nuestra zona de confort y cambiar nuestro estilo de vida, cualquiera que este sea, y la paciencia es un elemento clave que debemos tener presente todos los días. Paciencia para darnos cuenta que los cambios toman tiempo, paciencia para aprender una nueva habilidad, adquirir un nuevo conocimiento o simplemente para adaptarnos a un nuevo entorno. La paciencia es importante para cumplir con nuestra meta, objetivo o proyecto, simplemente por que las cosas no suceden en un abrir y cerrar de ojos.

Cuando vemos a nuestro alrededor a personas que están trabajando en una cafetería pensamos “Yo quiero ser esa persona que puede estar trabajando en una cafetería a medio día y no tener que preocuparme por nada” o al señor que está sentado en un sillón (en esa misma cafetería) leyendo un libro y tomando un café nos decimos a nosotros mismos “Cuando sea grande quiero ser como él”. Lo que no vemos es que la persona que esta trabajando en esa cafetería ha pasado semanas, meses o incluso años trabajando en un proyecto independiente, teniendo que sacrificar muchas cosas para llegar a trabajar tranquilamente en esa cafetería (si es que está trabajando tranquilamente); y no vemos que el señor de más de 60 años, probablemente trabajo durante 40 para hoy poder estar sentado leyendo su novela de misterio. Estar en contacto con estas personas (aunque sea de lejos) y con el constante bombardeo de información en nuestras redes sociales, podemos perder el enfoque de lo que realmente queremos lograr y regresar al status quo.

En lugar de compararnos con nuestra competencia, amigos, mentores o con quien sea, pensemos que nosotros también tenemos la capacidad de lograr nuestras metas y de vivir la vida que queremos. Dejemos de pensar en como lo vamos a hacer y empecemos a hacerlo; podemos empezar por tomar un curso o unirnos a un evento para conocer nuevas personas que nos puedan inspirar y de las cuáles podamos aprender algo. Seamos auténticos y dejemos de querer hacer las cosas como las hacen los demás y hagámoslas como nosotros las queremos hacer. Dejemos de tener prejuicios sobre nuestro trabajo y mantengámonos fieles a nuestras ideas, valores y convicciones. Si hacemos las cosas con amor y dejamos atrás la idea de cómo se tienen que hacer, vamos a poder transmitir a nuestros clientes, consumidores y demás personas a nuestro alrededor la pasión con la que hacemos lo que hacemos. Dejemos de ser sistemáticos y salgamos de nuestra propia estructura mental para lograr nuevos y mejores resultados.

Hoy, mientras caminaba a una nueva cafetería para escribir este post, pensando en todo lo que quería decir y como lo quería decir, me cruce con un ciclista que traía sus audífonos puestos cantando a todo pulmón. Pasó rápidamente enfrente de mi, pero durante ese segundo me di cuenta que él tenía dos opciones, (1) manejar su bicicleta esquivando coches y mentando madres ó (2) cantar sin importar quien lo escuchara o si cantaba bien y tener un camino agradable. Claramente eligió la segunda y con eso alegró mi día, haciéndome pensar que las opciones las tenemos nosotros y sólo está en nosotros elegir la opción adecuada. ¿Queremos ser los que se quedan estancados en el “mañana lo hago” o queremos salir en nuestra bicicleta a cantar sin importar quien nos escuche? Hacer las cosas de manera diferente, traerá resultados diferentes; así que cámbiate de ciudad, renuncia a tu trabajo, canta en tu bicicleta, recordando que no va a ser fácil, pero valdrá la pena. Sé lo que quieras ser, haz lo que quieras hacer, pero hazlo con pasión y las cosas llegarán; no hoy, no mañana y puede que no lleguen hasta después de mucho tiempo, pero cuando lleguen, sabrás que lo haz hecho bien.

Photo by Clark Tibbs on Unsplash

 

 

¿Cuánto cobro por mi trabajo?

“Oye ¿y cuesta muy caro?”, “Me gusta tu propuesta, pero ahorita no tengo mucho dinero”, “¿No me puedes hacer un descuentito?”. Si has tomado la iniciativa de iniciar un negocio o de convertirte en un trabajador independiente, seguramente has escuchado estas frases más de una vez. Cuando vas empezando y necesitas comenzar a vender, es cómo una patada en los huevos (disculpen, pero no hay otra manera de decirlo) que un cliente potencial te diga que le estas cobrando mucho o que te intenten bajar el precio por que el primo de un amigo lo hace más barato, haciendo que nos replanteemos si el precio es el correcto.

Uno de los principales dilemas al que nos enfrentamos cuando somos emprendedores o hacemos trabajo de freelance es ponerle precio a nuestro trabajo, en donde la duda siempre es si el producto o servicio es muy caro o barato o si la gente lo va a comprar. Escuchamos muchos comentarios sobre el costo que debería de tener, experiencias de otros emprendedores en donde bajaron el precio y empezaron a vender más; pero la pregunta más útil es ¿tu trabajo lo vale?. Si la respuesta es no, mejor piensa en regresar a trabajar a una empresa o intenta emprender otro negocio. Si la respuesta es si, debes de encontrar el precio que mejor funciona para ti y tus necesidades.

¿Cuánto cobro?

Lo primero que hay que hacer, es estar seguros de que es lo que estamos ofreciendo y que beneficios tendrá nuestro cliente al contratarnos a nosotros y no a nuestra competencia. Muchas personas se fijan en los estudios, certificaciones y diplomas que nos acrediten como “expertos” en algún tema, únicamente para que puedan estar seguros de que sabemos de lo que estamos hablando. Hoy en día, la experiencia cuenta tanto como cualquier papel que diga que sabes de algún tema, por lo que es más importante demostrar tu experiencia con proyectos similares al que te están solicitando para poder validarlo.

Poder justificar tu experiencia y el porqué cobras lo que cobras no sirve de nada si no le ponemos un precio a lo que estamos haciendo, e invariablemente nos preguntamos ¿cuánto vale mi trabajo?. Existen varios elementos que hay que tomar en cuenta para responder objetivamente esta pregunta:

  • Cuánto quieres ganar: Empieza por cuanto ganas ahorita en tu trabajo y si es alcanzable en un inicio. Todos queremos un súper sueldo, pero hay que ser realistas y poner la cantidad que nos gustaría ganar para salir tablas y poder seguir teniendo el estilo de vida que queremos.
  • Impuestos: Tu sueldo neto en cualquier trabajo es con lo que te quedas, por lo que tienes que tomar en cuenta los impuestos que debes de pagar como independiente (Persona Física con actividad Empresarial) que incluyen el IVA (16%) e ISR (depende de los ingresos que tengas, puedes revisar la tabla para cálculo de retenciones en la página del SAT).
  • Competencia: Conoce lo que cobran otros profesionales que ofrezcan un servicio igual o similar al tuyo para saber cual es el estándar de la industria. Este precio lo puedes modificar dependiendo de los servicios adicionales que ofreces y de tu experiencia profesional.
  • Analiza: ¿Tu pagarías esa cantidad por ese servicio? La respuesta inmediata es si, pero después de analizarlo un poco esta respuesta puede cambiar. Analiza si tú fueras alguien interesado en ese servicio y con esas condiciones, si lo pagarías. Si la respuesta es sí, prosigue a preguntarle a tu mercado meta si ellos lo pagarían. Si la respuesta es no, haz algún cambio para llegar al precio ideal.
  • Pregunta: No hay nada mejor que preguntarle a tu mercado meta. No es necesario realizar una investigación de mercado a detalle para saber lo que piensa tu cliente potencial del precio de tu servicio, pero te darás una idea de si es viable o no.

Además de estos elementos a tomar en cuenta, también recuerda lo siguiente:

  • Confía en ti y en lo que estas vendiendo, así llegarás más lejos.
  • Si es posible, pregúntale a tu cliente el presupuesto con el que cuenta o cuanto estaba dispuesto a gastar y ajusta como sea necesario.
  • Si regatean demasiado, déjalos ir. No vale la pena luchar por un cliente que no esta dispuesto a pagar por el valor de tu servicio; además de que puede convertirse en una pesadilla para pagar
  • Si el primer cliente no quiere pagar lo que vale tu trabajo, no te preocupes, él no era parte de tu mercado meta. Los que lo son, lo pagarán.
  • Cobrar lo justo por tu trabajo es muy importante. Aquellas empresas o negocios que no cobran por un servicio se llaman ONG’s y tu no eres una de ellas (por lo menos por ahora).
  • Los precios especiales para amigos y familia no existen (a menos de que sea parte de tu estrategia). Y sí, ellos también tienen que pagar.

Una vez que eches a andar la rueda de las ventas, vas a poder identificar lo que funciona y lo que no al realizar un cotización; conocerás mejor a tus clientes (los que regatean y los que no) y encontrarás la mejor manera de transmitirle a tu cliente el valor de tu trabajo. No tengas miedo de regalar una muestra de tus servicio (una hora de asesoría, una mini sesión de fotos o una consulta); es como comprarse unos pantalones, hasta que no te los pruebas no sabes si te quedan bien o no … pero una vez que sabes cuales te quedan bien, siempre regresas por ellos.

Photo by Ramiro Mendes on Unsplash