La frustración, una vieja amiga.

Hoy me pongo en el lugar de Silvia Pinal y les pido que me acompañen a leer esta triste historia. Todo empezó un martes por la tarde al tratar de seguir el calendario editorial del blog. El tema estaba listo, las palabras clave seleccionadas y sabía lo que quería escribir; me senté en el escritorio frente a mi computadora determinada a escribir el siguiente artículo calendarizado. Los minutos pasaban y lo único que había logrado era escribir un párrafo que no me encantaba pero tampoco estaba tan mal. Conforme fue pasando la tarde, las palabras se tardaban más en llegar. Asumí que me tenía que distraer para poder invocar a la musa inspiradora, así que lave los trastes, me preparé un café, comí un par de galletas y me cambie a la cocina, segura de que ahora si iba a quedar listo el artículo.

Cerca de las 5:00 de la tarde decidí que leer un poco sobre el tema me ayudaría a que las ideas fluyeran con más naturalidad (cosa que no sucedió , ya que sólo me confundí más). Una hora más tarde, tenía alrededor de 1,200 palabras, que para alguien que no podía escribir esta bastante bien, pero para ser completamente honesta, cada vez que leía el artículo me daba cuenta de que estaba Cantinfleando y que el tono de éste parecía escrito por otra persona. Me mude al sillón esperanzada, pero nada. Cerca de las 9:00 de la noche ya no podía más; estaba frustrada y realmente molesta por no haber podido cumplir con mi calendario y por la mala ejecución de mi escritura. Decidí dejarlo por la paz y no publicar algo que con lo que no estaba contenta, aunque significara que tenía que reordenar mi calendario editorial y regresar al tema al día siguiente.

Dormí intranquila, sintiendo un leve fracaso por no haber podido cumplir algo que sabía que tenía que hacer. Al despertarme, decidí salir a correr para despejar mi mente y mientras escuchaba a Lady Gaga y me alejaba de mis problemas, fue que lo entendí. El artículo no funcionó por que lo estaba forzando demasiado. Esta misma semana escribí un artículo para Roastbrief sobre atención al cliente y el tema del cual tenía que hablar en este hermoso blog era los tipos de clientes a los que nos enfrentamos cuando emprendemos. El problema fue que, aunque los temas son distintos, están conectados, por lo que no quería que mi artículo se pareciera al que acababa de enviar.

Este tipo de situaciones y frustraciones cuando emprendemos son muy comunes, sobre todo cuando tratamos de cumplir con los objetivos de la empresa y planes de trabajo que nosotros mismos establecemos y no lo logramos. Cuando empezamos nuestro negocio o cualquier proyecto, somos muy ambiciosos; nos ponemos metas que pueden ser poco realistas y por obvias razones queremos que las cosas sucedan rápido para empezar a ver resultados. Esto hace que en momentos dejemos de ver claro. Si eres un emprendedor que como yo inició solo, sin ningún socio, este problema se tiende a elevar a su máxima potencia por que todas las responsabilidades recaen en uno. Intentamos ser malabaristas, en lugar de dedicarnos a lo que realmente nos gusta, y más importante, lo que sabemos hacer. Además de hacer conciencia en que podemos pedir ayuda (lo que no nos hace un fracaso, al contrario nos hace inteligentes al poder reconocer que para todo hay expertos), es crucial que tu negocio lo empieces con algo que te apasiona.

Todos hemos tenido un trabajo en el que cumplir con las metas se sentía tan frustrante como el no poder escribir un artículo que debía de ser sencillo. El levantarse cada día era pesado, y sin ser dramáticos, entendíamos al Pipila cargando una piedra gigante (ok…eso si estuvo un poco dramático) y por eso buscamos una nueva opción: un negocio que nos emocione cada vez que pensamos en el y que no se sienta nada parecido a un trabajo, excepto por la parte de que nos genera ingresos. Ese es el principal objetivo de emprender, hacer lo que nos apasiona y disfrutar cada momento. También creo que es importante mencionar que es completamente válido empezar un proyecto que nos apasiona y después de un tiempo darnos cuenta que hay otras cosas que nos apasionan más (¡lo digo por experiencia!) y seguir entonces esa pasión.

Mientras escucho One Direction (es mi guilty pleasure, no me juzguen), sentada en el sillón de mi casa, me siento feliz con lo que acabo de escribir y más realizada de lo que me sentía ayer. Sólo me queda encontrar la imagen que sea el complemento perfecto (encontré este pug hermoso que expresa la frustración que sentí) y publicar un artículo que refleja como soy y con el cual espero que se puedan identificar y sepan que no están solos… todos los emprendedores hemos conocido íntimamente a esa vieja amiga mejor conocida como Frustración (Nota para Pixar: hacer personaje para Intensamente).

Así que la moraleja de esta historia es: emprende en lo que te gusta, en algo que te apasiona y no trates de forzarlo para poder disfrutarlo y todo lo demás se irá dando como por arte de magia.

Como dice mi mamá “A fuerzas ni los zapatos entran”.

 

Photo by Mink Mingle on Unsplash

(Re) Emprendiendo

Cuando hablamos de un emprendedor, siempre pensamos en una persona que toma un riesgo al invertir en un negocio o crear una empresa. También pensamos que es una persona que tiene tiempo libre y una vida muy cool por que no está encerrado en una oficina 8 horas o más al día (esto último no es tan cierto únicamente por que no está encerrado en una oficina, pero puede ser su casa, un café, una biblioteca o un coworking). Cuando yo hablo de un emprendedor, hablo de una persona que decidió tomar una decisión diferente, que se salió de su zona de confort para experimentar nuevos caminos personales o profesionales y que está en constante búsqueda de cómo mejorar su entorno sin importar como sea éste.

También creo que un emprendedor si es diferente a un empresario. Un empresario busca crear una empresa, llevarla al éxito y posteriormente invertir o asociarse con otras empresas con el objetivo de seguir creciendo su patrimonio; mientras que un emprendedor crear algo nuevo, lo lleva a su máximo potencial y luego lo vende o consigue un CEO que se encargue del changarro mientras él se va a iniciar una nueva empresa, desarrollar una nueva idea o simplemente a retarse a si mismo en una nueva oportunidad que alguna vez consideró como un sueño guajiro.

Ser emprendedor (y eventualmente empresario) es hacer que las cosas sucedan; buscar todos los caminos que te lleven al objetivo final y si todo eso falla, encontrar la manera de seguir en pie y hacia delante. Un emprendedor es valiente, perseverante y hasta un poco necio; es una persona que se junta con personas igual o más inteligentes que él, acepta críticas y comentarios constructivos (aunque acaba haciendo lo que se le de la gana), motiva a los demás a perseguir sus sueños y siempre buscará conseguir los suyos propios. Es por esto que hoy estoy aquí, después de haber empezado una consultoría para emprendedores y empresarios, decidida a emprender de nuevo en un camino que algunos años atrás sólo era una bonita ilusión, el ideal de como veía mi vida. Hoy estoy decidida a vivir ese ideal y crear algo nuevo, algo diferente y seguir ayudando a emprendedores y empresarios a vivir su vida ideal, cualquiera que ésta sea. En los últimos días he estado reflexionando mucho sobre porqué puedo compartir mi experiencia como emprendedora, y desde que empecé con la idea de tener un negocio hasta que lo conseguí, he pasado por varias etapas.

La primera fue tener un plan de negocios impecable, ideal para empezar a trabajar en el negocio y conseguir inversionistas, pero la falta de capital por mi parte fue una determinante para no seguir con el proyecto; además de que estaba terminando la universidad y aún pensaba que lo que tenia que hacer era tener un trabajo godín y eso fue lo que hice, dejando el plan de negocios a un lado para cuando tuviera suficiente dinero (se que algún día conseguiré establecer ese negocio, pero todavía falta). Cuatro años después de este primer intento, me harté de mi trabajo godín y renuncie para iniciar una consultoría en Responsabilidad Social con una socia que en el momento parecía tener los mismos objetivos que los míos. Este proyecto no siguió porque decidí matar esa sociedad antes de llegar a tener un problema (y una decepción) más grande. Después de estos aprendizajes, de un par de meses viviendo de mis ahorros, de dos semanas sin salir de la cama por la depresión que me dio al pensar que me había equivocado cuando renuncie y de plantearme innumerables veces que iba a ser de mi vida, fue que decidí crear I.D.E.A. Consultoría. Con ayuda de una pareja de amigos que decidió tomar un voto de confianza en mi trabajo y con el apoyo inigualable de mi familia y mis amigos la consultoría tomó vuelo y empezó a crecer, empezaron a llegar más clientes (emprendedores y empresarios) y el resto es historia. I.D.E.A no llegará a ser una firma de consultoría grande con miles de clientes, por que no es lo que busco; seguirá siendo una consultoría pequeña que sea fiel a los principios con los que la inicie. ¿Hasta donde llegará? No lo sé, habrá que esperar y ver.

Una vez que me di cuenta que sí tengo en mi el ponerme una meta y lograrla (un reto personal muy cabrón), empezaron a llegar a mi nuevas ideas de negocios, nuevos proyectos y muchos posibles socios. Aquí es en donde, después de casi tres años de haber empezado con la consultoría, surge una nueva oportunidad de negocio con un socio con el que por fin tuve una empatía de pensamiento y con el que, gracias a mi experiencia anterior, he encontrado la pasión por un mismo proyecto. (Esta etapa aún no termina, así que los mantendré al tanto). Y por fin llegamos al presente, un emprendimiento que no se cómo empezarlo, desarrollarlo o incluso estructurarlo, pero creo completamente que lo voy a lograr. Lo inicio en una nueva ciudad, con una nueva perspectiva, pero con el mismo apoyo con el que he contado siempre.

Seamos todos emprendedores, busquemos siempre hacer lo que nos apasiona por más pequeño que pueda ser. No necesita culminar en un negocio, pero puede inspirarte para hacer cosas diferentes y atreverte a buscar nuevas oportunidades. Busquemos y alcancemos nuestro ideal de vida, vayamos por nuestro objetivo y aunque en el camino cambiemos de ruta sabemos que es sólo otra manera de llegar.

Una vez emprendedor, siempre un emprendedor.

Photo by Danielle MacInnes on Unsplash

El dilema más grande del mundo…según yo.

Desde que éramos niños, se nos ha dicho que tenemos que tener un buen trabajo y ser grandes y exitosos empresarios. Todo empieza desde que vamos a la escuela; empezamos la primaria, luego la secundaria y por fin llegando al último escalón de la cadena educativa antes de responder la pregunta: ¿A que te quieres dedicar el resto de tu vida? Cuando cursamos el último año de la prepa, nos enfrentamos al dilema de tener que elegir una carrera, nos aplican exámenes psicométricos para saber a que área somos más afines y en la que tendremos el mayor potencial para ser exitosos. Después de meses de darle muchas vueltas (y si eres como Rory Gilmore habrás hecho una lista de pros y contras) te decides por una carrera, empiezas a pensar en el futuro y lo exitoso que vas a llegar a ser.

En un abrir y cerrar de ojos empezamos y terminamos la universidad y a continuación se presenta lo que podríamos pensar que es la última pregunta existencial que nos tendremos que hacer (o que alguien nos haga): ¿En donde vas a trabajar? Antes de graduarte, empiezas a ver las empresas que te gustan, a que te quieres dedicar y a buscar prácticas profesionales para tener algo de experiencia para los dos años de experiencia que piden las empresas a los recién egresados. Ahora bien, los que ya pasamos por todo este proceso y por la lista interminable de preguntas para llegar a la mejor respuesta, sabemos que terminar la carrera no es el fin de las preguntas existenciales… es solo el inicio.

No voy a hacer la lista de preguntas que nos hacemos cuando empezamos nuestra vida profesional, ¡por que solo de pensarlo es agobiante! pero me voy a enfocar en la pregunta que creo que es una de las más importantes y una de las más difíciles e contestar, ¿Qué quiero lograr en el largo plazo? Muchas veces nos hacemos esta pregunta sin importar si somos godínez o somos emprendedores, por que queremos saber cuál es el siguiente paso y como queremos que sea nuestra vida. Todos queremos hacer lo que nos haga felices y en mi caso en particular fue iniciar un negocio; aunque ésta no es una respuesta universal; hay quienes quieren trabajar en una empresa por muchos años hasta que se tengan que retirar y en ese momento piensan en poner un negocio. En la inmensa mayoría de los casos, la respuesta se va dando sola dependiendo de las oportunidades que se nos van presentando y lo único que hay que hacer es decidir si tomamos esas oportunidades o no.

Responder esta y otras preguntas no es fácil, menos cuando nos sentimos perdidos y no tenemos ni un solo rayo de luz, una inspiración divina que nos diga “Sí, este es el camino indicado”. Para poder empezar a tener una respuesta, debemos de hacer una introspección y reflexión a profundidad de lo que realmente nos apasiona, lo que nos mueve y lo que nos motiva a hacer más cosas y vivir la vida que queremos. Ojo, el camino no es fácil; al reflexionar nos podemos dar cuenta de que muchas de nuestras creencias han podido cambiar a través de los años y algo que nos hacia felices en un inicio, puede que ya solo sea algo cómodo o normal, que no nos representa un reto. Me encantaría poder decirles que existe una fórmula mágica que cuando metes las variables te da la solución exacta y todo queda resuelto, pero no existe (si hay por aquí alguien que la pueda desarrollar … ¡adelante!).

Muchos autores que escriben sobre y para emprendedores, que se dedican a dar coaching o incluso alguno que otro psicólogo, comparten diferentes técnicas y actividades que nos pueden ayudar a encontrar la luz al final del túnel y obtener las respuestas que queremos, pero cada quien debe de buscar la manera en la que la mente se despeja y obtengamos esos momentos de claridad en donde por fin decimos “¡BINGO! esto es lo que tengo que hacer”. De manera muy personal, te comparto algunas de las prácticas que utilizo de manera constante para calmar la ansiedad y encontrar el inicio del camino que quiero seguir.

  1. Meditar: Esta buena práctica la empecé gracias a una muy buena amiga que me invitó a un curso en el Centro Budista de la CDMX. Al principio mi mente corría por todos lados, me acordaba de pendientes que había eliminado momentáneamente de mi mente y todo lo que no pensaba durante el día llegaba de un madrazo. Con la práctica, he aprendido a concentrarme más y lograr calmar mi mente. Existen muchas aplicaciones para meditar, pero no hay nada mejor que la practica constante de la meditación para dejar atrás el caos mental.
  2. Hacer yoga: Va muy de la mano con meditar y hacer ambas cosas es un súper combo. Además de relajar los músculos y fortalecerlos, nos ayuda a concentrarnos y tener un momento de paz interior.
  3. Leer: Leer de todo y en todo momento. Pueden ser artículos, revistas o libros de negocios, motivación y superación; aquí aprovecho para desmentir el tabú que hemos tenido todos de que los libros de superación son sólo para las personas que no están bien consigo mismas, al contrario todos podemos aprender una que otra cosa de estos libros.
  4. Tomarme una cerveza al terminar el día: Es muy sencillo y bastante efectivo. No digo que nos la pasemos tomando, pero no pueden negar que al terminar un día largo y pesado, tomar una cerveza (solo o acompañado) nos ayuda a relajarnos y a ver las cosas desde otra perspectiva. Recuerden que el abuso en el consumo de cerveza hará que no hagamos nada.

Cada quien tendrá sus propios rituales para encontrar que es lo que quiere hacer de su vida (personal y profesional). Compartir con otros como nos inspiramos y auto motivamos a hacer las cosas diferentes puede inspirar y motivar a alguien más a hacerlo también. Por último, les quiero decir que encontrar la respuesta a todas nuestras preguntas existenciales no es cosa de una sola vez, nuestras motivación y aspiraciones cambian constantemente y por eso hay que trabajar en nosotros mismos para no entrar en pánico cada vez que el plan cambie de rumbo.

Conozcámonos, sigamos nuestros instintos y vivamos la vida que queremos vivir.

 

Manos agarrando un globo terraqueo

Emprendedores con causa

A todos los que nos gusta escribir ya sea en blogs, Facebook, revistas o hasta mensajes extensos en Whatsapp, nos llega a pasar que pensamos demasiado sobre lo que queremos escribir (en el mejor de los casos, porque a veces no nos viene nada a la menta) . Queremos que sea un texto que enganche a la gente a seguir leyendo y a que lea todas las demás entradas que lleguemos a publicar.

Justo eso me pasó hoy. Como buena emprendedora, tengo muchas historias que contar sobe el sube y baja que es iniciar un negocio, la decepción de encontrar un mal socio y las múltiples aventuras que he tenido lidiando con Hacienda. Son tantas las anécdotas que se pueden contar, que elegir una es casi imposible… hasta que a medio día me llegó un mail que me decía “¡Tienes que hablar del emprendimiento social!” y es lo que voy a hacer.

Cuando pensamos en emprender, normalmente lo primero que nos viene a la mente es un negocio rentable, un negocio que venda algún servicio o producto que le agrade a un mercado meta específico y que genere dinero. También pensamos en que nuestra pasión, nuestro hobbie o nuestra área de experitise nos ayude a salirnos de una empresa que ya no nos presenta reto o que simplemente ya no es lo que buscamos. Pero existen muchos otros emprendedores que no buscan emprender un proyecto para que les genere riquezas, sino que buscan crear un cambio a través de la movilización de la sociedad para generar un impacto positivo. A ellos los llamamos emprendedores sociales. Para que quede un poco más claro, Ahoska define a un emprendedor social como “una persona líder en su ramo que tiene el temperamento, espíritu, creatividad y determinación de un emprendedor de negocios; sin embargo, aplica estas cualidades para solucionar problemas sociales, en vez de buscar una ganancia económica.”

Los emprendedores sociales pueden lograr sus objetivos por medio de la venta de un producto o servicio, o lo pueden hacer por medio de donaciones y voluntarios… que es en donde está el meollo del asunto: conseguir donaciones. Existen muchas páginas, instituciones y asociaciones que se dedican a dar apoyo a emprendedores sociales para que éstos puedan lograr sus objetivos más rápido y logren movilizar a su comunidad para generar un cambio permanente. Estos apoyos se pueden presentar en forma de aceleradoras de proyectos sociales o el más novedoso Crodwfunding.

Como emprendedores, empresarios y dueños de negocios, no debemos de considerarnos ajenos a los emprendedores sociales, ya que todos nos encontramos en el mismo barco de empezar de cero y hacer que las cosas funcionen, conseguir dinero, organizarnos y hasta crear una campaña de marketing digital para poder llegar a más personas. Es por esto que nos debemos de apoyar e impulsar entre nosotros, para que todos podamos aportar un poco y contribuir en la creación de mejores sociedades y mejores personas.

Si eres como yo, has pensado que estaría increíble iniciar un proyecto social que ayude a la problemática de tu elección (en mi caso es el analfabetismo en nuestro país) pero no sabes como hacerlo; no sabes si será algo que se pueda replicar y que realmente sea representativo. Además ¡¿en que momento lo vas a hacer?! si de por si llevar un negocio es demandante, llevar un negocio e iniciar un nuevo proyecto social harán que quieras conseguir el Gira Tiempo de Hermione (para los que no lo sepan es referencia al libro de Harry Potter y el prisionero de Azkaban…¡si, soy fan de HP!) para poder cumplir con todo. Sin embargo, existen diferentes maneras en las que podemos hacer un cambio desde nuestra posición (aquí no sólo aplica a emprendedores, sino a todas las personas). Aunque hacer un plan de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) puede ser complicado y extenso, podemos iniciar poco a poco (como me encanta la RSE, luego hablaremos de esto). Debemos iniciar por elegir una causa que nos llame, que nos mueva y que nos apasione de la misma manera en la que nos apasiona nuestro negocio y buscar la manera de apoyarla.

En mi caso, al dar servicio de consultoría para desarrollo de negocios, invierto mi tiempo asesorando a emprendedores sociales para mejorar su comunicación y la manera en la que se dan a conocer con todos sus públicos de interés; esta es la manera en la que me siento parte de un cambio y que contribuyo a una mejora para nuestra sociedad y nuestro país. Otra manera, la que puede ser más sencilla pero no menos efectiva, es apoyarlos con donativos económicos para que puedan seguir operando. Los donativos pueden salir de tu bolsillo (o del de tu empresa); algunas organizaciones dan recibos de donación para efectos fiscales, que, en mi muy humilde opinión, se puede ver sólo como un incentivo fiscal  y no por apoyar una causa (este es un tema de perspectivas y por ningún motivo emito un juicio a los que solicitan el recibo). También, si fabricas un producto puedes donar las ganancias por las ventas de un producto en específico a la causa de tu preferencia.

Al encontrarnos en un momento de cambios sociales y ambientales, no sólo en México sino a nivel mundial, contar con emprendedores sociales es cada vez más importante y no únicamente para resolver alguna problemática en específico, pero para unirnos cada vez más como sociedad y como seres humanos. Hoy les comparto esto por que soy una fiel creyente de que somos más los buenos que los malos y que todos tenemos una parte buena, compasiva y empática dentro de nosotros. Puedes tomar este post como informativo, pero mi objetivo es lograr inspirarlos para que formen parte de un cambio, cualquier cambio, que nos haga seguir creyendo que los mexicanos tenemos mucho que hacer y aportar a nuestro país.

Sigamos viviendo nuestro desmadre de emprendedores, pero dediquemos un poco de nuestro tiempo a ser parte de un cambio.