Carta a mi yo emprendedora

La idea ya había pasado por tu mente, “Cuando sea grande voy a poner mi propio negocio.” Te hacía ilusión tener una pequeña cafetería, levantarte temprano para abrir y tener el control de lo que pasaba o no con tu pequeño changarrito. Querías ser como todos aquellos dueños de su negocio que se ven tan felices, y sabes que algún día serás parte de ese grupo selecto.

Sin pensarlo, ese día llegó antes de lo que creías. No tuviste que esperar a tener 50 años para ser emprendedora, pero chance y si vas a tener que esperar un poco más para tener tu cafetería. Ser emprendedor se ve fácil, se ve como un reto que puedes afrontar, pero sobretodo un reto que vas a poder cumplir aunque no tengas idea de cómo hacerlo. Has leído que cuesta sangre, sudor y lágrimas, aún así algo en ti dice que puedes hacerlo. Ves con ilusión el futuro. Te visualizas despertándote temprano, con un café en la mano, el sol brillando por la ventana pensando que va a ser un buen día. Tomas tu café tranquila, feliz y con una sonrisa en la cara porqué no le tienes que rendir cuentas a nadie y por que tu día depende completamente de ti. Esta es la visión romántica de lo que es ser emprendedor, es la versión de los cuentos de hadas en dónde al final todo es color de rosa. Lees artículos sin parar, hablas con un par de emprendedores (en este momento tampoco conoces a tantos) y aunque todos concuerdan en que es difícil ser emprendedor, no crees que sea tan extremo como lo dicen; total, cada quien tiene sus experiencias y habla como le va en la feria.

¡Oh la inocencia!

Desde el primer momento te vas a dar cuenta que está nueva realidad es algo inesperado. Es algo que supera cualquier expectativa o imagen de lo que pensaste que es ser emprendedor. Los días parecerán más largos, con cada paso que des te encontrarás con una nueva idea, un nuevo concepto y una nueva responsabilidad que no habías tomado en cuenta. Intentaras abrir tu círculo de emprendedores y te vas a dar cuenta que tus habilidades sociales se ven opacadas en frente de emprendedores más experimentados, que te hacen pensar que no tienes la más mínima idea de lo que estás haciendo. Te sentirás minúscula en más de una ocasión y habrán personas que te harán sentir minúscula en más de una ocasión. Pero eso no es cierto. No eres minúscula, eres grande. Tendrás que aprender a darle valor a las cosas pequeñas, a celebrar cada paso como si fuera el último y ver cada fracaso, cada error y cada paso hacia atrás como un aprendizaje. Vas a tener que aprender a no ser una víctima y que si te caes, sólo tu te vas a poder levantar y entre más tiempo le des vueltas al asunto, más tiempo vas a perder en poder hacer cosas más productivas.

Vas a tener que aprender a vender, a mejorar tu técnica con cada cliente y a encontrar tu propio ritmo de trabajo. Habrá días en los que las horas no son suficientes, se te va a olvidar comer hasta que ya sea hora de cenar. El café (por aquello de mantenerte despierto) y el riopan (por aquello del estrés, la ansiedad y el café) se convertirán en tus aliados infalibles, pasarás más horas pensando en tu proyecto que en contestar los mensajes de tus amigos y se te olvidarán una que otra fecha importante, pero tus amigos lo entenderán. Planearás hasta cansarte, pero sabes que lo haces por algo y no nada más “porqué hay que hacerlo”. Te quieres aventar así sin más, pero cuando cierras los ojos sabes que el paracaídas aún no está listo; no esperes a que todo este planeado hasta el último detalle para poder dar este gran paso, aviéntate, arriesga y el propio camino te va a decir que es lo que sigue. Haz las cosas correctas, con todas las de la ley y pagando todos los impuestos aunque cada mes pienses que es un abuso lo que te están quitando. Lleva un control de lo que ganas, lo que gastas y lo que usas; preocúpate por tener suficiente, pero no dejes que los pensamientos de escasez llenen tu mente y dejes pasar oportunidades por pensar que te vas a quedar sin dinero. No lo malgastes, siempre invierte en ti o en tu negocio.

Muchos te llamarán inexperta, especialmente cuando hablamos de temas de consultoría, y otros te llamarán chingona. Muchos otros te van a juzgar y otros tantos te tendrán envidia (de la buena, mala o ambas). Vas a compararte con los demás, preguntándote que han hecho ellos para tener el éxito que tienen, mientras tu sigues en el mismo lugar. ¡EY! no estás en el mismo lugar, has avanzado tanto que no te has dado cuenta que todo a tu alrededor es diferente. Sigue en movimiento, sal de tu zona de confort cada vez que sea necesario, mirando a tu alrededor, pero siempre con la vista en el objetivo. Conocerás a personas que hacen lo mismo que tu y personas que te dirán que lo hacen mejor que tu. Evita entrar en el circulo vicioso de conocer a tu competencia y obsesionarte con lo que están haciendo y conviértelo en un circulo virtuoso en el que puedes tener una buena colaboración, crear un producto o servicio en conjunto o simplemente conocerás a alguien que te pueda ayudar en temas en los que en verdad no eres experta. Ah, por que esa es la otra, tienes que aceptar que hay cosas que no sabes y pedir ayuda va a ser necesario. Pídele ayuda a alguien que sepa (si es un amigo asegúrate que le vas a pagar o por lo menos invitar unas cuantas cervezas) contrata a un especialista o toma un curso para que te puedas enfocar en lo que realmente sabes y te gusta hacer. No tengas miedo de cuanto te va a costar, acuérdate que tienes que invertir, pero no regatees; si a ti no te gusta que los clientes te regateen no hagas lo mismo con los demás. Paga un precio justo y si es alguien que va empezando como tu y puedes ayudarle a poner un precio, hazlo, todos acabarán beneficiados.

Aprenderás muchas cosas, más de las que pudiste haber aprendido en la escuela. Entenderás que todos somos muy amigos hasta que hay dinero de por medio y perderás un par de amigos por querer “hacer el favor”. Entenderás que tener un socio es un compromiso mayor incluso que casarte y estarás agradecida que no firmaste ningún papel antes de que tu socia desapareciera. Te vas a emocionar, desilusionar y habrá más de una vez que vas a querer tirar la toalla. Te preguntarás si eres la única que se siente así y si las sonrisas que todos ponen en sus perfiles son falsas.

Ser emprendedora sacará lo mejor y lo peor de ti. Habrá momentos en donde estés en la cima del mundo y otros en dónde te sentirás tan pequeña que vivir en “Querida encogí a los niños” se quedará corto. Conocerás a grandes personas que te van a querer ver triunfar, pero también conocerás a personas que van a abusar de tu amabilidad y conocimientos, te van a ver la cara y te van a chingar. Esas personas son las que te van a hacer más fuerte, te van a dar más experiencia y harán que tu caparazón crezca para identificarlos más rápido cuando se vuelvan a aparecer en tu camino. En algún punto, no sabremos en que momento, te vas a dar cuenta que emprender es una carrera de resistencia y no de velocidad; vas a estar en el último kilómetro y vas a querer pararte para tomar un respiro aunque sabes que tu ritmo de carrera va a decaer completamente. Pero es ahí, en ese último kilómetro cuando llegará alguien, te tomará del brazo y correrá contigo recordándote con cada paso que los sueños no se consiguen con sólo desearlos, sino se consiguen luchando por ellos. Ese último kilómetro es el definitivo, en el que encontrarás las fuerzas para terminar sólo para darte cuenta que la meta es un nuevo comienzo, una nueva carrera, un nuevo reto que vas a tomar con una nueva perspectiva, con entusiasmo y con energía.

Es muy pronto para que te des cuenta, pero un día vas a saber que todo ha valido la pena cuando seas tu la que corra de la mano de alguien que no puede terminar ese último kilometro, el día en el que le des a alguien la misma ayuda y apoyo que te han dado a ti. Te vas a dar cuenta que todo vale la pena por escuchar a una nueva amiga decir que eres una inspiración para que también ella pueda ser emprendedora.

No te rindas. El camino es cansado, pero las recompensas serán mayores a los disgustos. Este no es el momento de tirar la toalla, si ya corriste 15km sólo te faltan 6 para completar el medio maratón.

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Del miedo a la realidad: la publicación de mi primer curso

Desde que empecé a dar asesorías a emprendedores en 2015, además del miedo de emprender, lo que todos tenían (y tienen) en común es querer tener presencia en redes sociales; pero no sólo quieren tener presencia, quieren tener más ventas. Siendo mercadóloga, habiendo trabajado en comunicación y relaciones públicas teniendo tratos con bloggeras y medio digitales, me generaba un poco de curiosidad que los emprendedores no pensaran en las redes sociales como un canal de comunicación, sino como un canal de ventas.

Gracias a mi naturaleza curiosa, me puse a investigar (lo que me llevo a horas de navegar por internet, algunas veces con sentido y muchas otras no) y me di cuenta que efectivamente la percepción de las redes sociales entre los emprendedores era como tener una sección amarilla digital en el que debes poner miles de anuncios para que la gente te compre. Afortunadamente, el mercado y los consumidores han cambiado y lo último que estos quieren es ser bombardeados constantemente con anuncios de compra. Lo que los consumidores quieren, es encontrar una marca que hable su mismo idioma, que conecte con ellos y si, que les solucione un problema. El meollo del asunto surge cuando no sabemos como llegar a estos clientes, como hablarles y nos urge vender (como a cualquier otro negocio), es por esto que los emprendedores utilizan las redes sociales sin un camino definido y aventando una que otra imagen, escribiendo uno que otro post e incluso he visto algunos que utilizan un perfil personal y no una página.

Viendo que estos errores eran cada vez más comunes y las preguntas sobre como vender más en redes sociales no paraban, me puse a pensar como podía ayudar a estos emprendedores pero a gran escala. Después de mucho meditarlo, llegue a la conclusión de que hacer un curso era la mejor opción. Primero me emocioné, luego dude muchísimo, luego me volví a emocionar y luego entre en pánico. ¿Cuánto iba a cobrar por el curso? ¿Debía cobrar por el curso? ¿La gente lo pagaría? ¿Tengo conocimientos suficientes para hacer un curso y que la gente lo compre? y como estas preguntas hubo unas 100 más, hasta que decidí que empezaría por crear el contenido y luego me preocupaba por todo lo demás.

La parte del contenido vino fácil, lo difícil fue estructurarlo. Mi mamá es maestra y tiene una paciencia impresionante, sabe como explicar, no se desespera cuando el alumno no entiende y sus métodos de aprendizaje son divertidos… Yo, soy todo lo contrario. Crear el contenido me preocupaba porque no sabía si iba a poder dar la información de manera que se entendiera, fuera concisa pero sobretodo que fuera útil. Lo escribí, lo revisé, lo imprimí lo modifique y como por la 5ta vez que lo leí quede satisfecha. Ahora venía lo divertido: el diseño; aunque no soy diseñadora, confié suficientemente en mi creatividad como para poder hacer algo que quedara bonito y lo demás se lo deje a CANVA. Mi siguiente duda era el formato. Tenia claro que necesitaba describir lo que estaba en la presentación para que quedara claro, pero no quería salir en cámara (que aunque si hablo con mi computadora, lo hago nada más cuando no reacciona y no quiero que muera) así que decidí que sólo grabaría mi voz.

Después de leer el script en voz alta unas diez veces, me senté, me puse los audífono y empecé a grabar…hasta que pasó el camión de la basura e hizo un ruido impresionante. Así pasaron las horas, los días y terminó la semana. Estaba cansada de leer lo mismo 50 veces y tener que repetirlo por algún ruido, por que había estornudado o porque ya tenía la boca seca de tanto hablar. Las horas nalga no paraban. Además de hacer el curso, tenía que seguir trabajando, escribiendo en el blog y buscando nuevos clientes, por lo que la frustración y las dudas se empezaban a acumular. Después, pasé a la parte de edición en donde comprobé que puedes tener las herramientas más chingonas, pero si no las sabes utilizar no sirven de nada y me fui a lo que mejor conozco: iMovie. Mientras todos esto pasaba y le comenté mi hallazgo a un par de personas quienes me motivaron a que siguiera adelante, me echaban porras de que sabía de lo que estaba hablando y sus palabras hacían que confiara cada vez más en lo que estaba haciendo.

Una vez terminado, vino la fase de prueba. De las 6 personas a las que les pedí que hicieran el curso: una lo hizo y me dio feedback casi inmediato, otra lo hizo a la mitad y no lo terminó, dos ni lo abrieron y otras dos se tardaron casi dos meses en darme feedback. Obviamente esto no ayudó a mi estrés y a mi miedo de que no funcionara el curso. La falta de respuesta me hacía pensar que el curso no era útil y que mejor siguiera con mi vida; y efectivamente lo deje en pausa hasta hoy, que decidí que no iba a permitir que mi miedo a que no funcionara me privara de saber si efectivamente podía funcionar. Monte mi escuela en línea, subí el contenido, cree la página de compra y aquí estoy sacando este proyecto a la luz.

Ahora bien, si yo estuviera leyendo esto, pensaría que es el speech de ventas más extraño del mundo, ya que, aunque aseguro mis conocimientos, soy honesta en decir que me costó trabajo organizar mis ideas y que el contenido fue hecho de la mejor manera posible, con las herramientas que tenían a mi alcance. Pero a pesar de todo esto, de haber batallado con mi poca experiencia como docente, logro transmitir los conocimientos que se que le serán útiles a los emprendedores ¿Por qué lo se? Por que es lo que hago todos los días con mi marca, es lo que hago todos los días para otras empresas y por que no me atrevería a cobrarle a alguien por algo que no le va a servir. Hoy doy un gran paso al volver a salir de mi zona de confort y enseñarle al mundo que tengo mucho que aportar y en diferentes formato. Aceptaré las críticas, buenas y malas, para seguir mejorando y seguiré trazando mi camino para cumplir mi objetivo de ayudar a otras personas a cumplir sus sueños, como yo estoy cumpliendo los míos.

El curso “Domina tus redes sociales. Una guía práctica para emprendedores” no es una varita mágica que hará que vendas, tampoco es la receta del éxito, es información útil para que alcancemos eficientemente a nuestro mercado meta y se enamoren de nuestro negocio tanto como nosotros estamos enamorados de nuestro desmadre emprendedor. Haber creado el curso y ponerlo a la venta, a sido un verdadero desmadre, con una montaña rusa de emociones que hasta este momento no paran. Tengo miedo, emoción y un poco de ansiedad de saber como va a terminar esto, pero tan confiada estoy de que todo saldrá bien, que ya estoy pensando en que otro curso o ebook puedo crear para seguir apoyando a emprendedores como yo. (Si tienen algún tema en mente déjenlo en los comentarios)

Si te interesa el curso inscríbete aquí, y tanto si te interesa o no mucho, por favor comparte para que pueda llegar a más personas. Acepto opiniones, comentarios, sugerencias y observaciones (obvio con respeto, tampoco se vayan a poner agresivos) para que este desmadre cada vez tenga un poco más de sentido.

Sinceramente,
Su nueva maestra Mariana Báez-Camargo Sánchez (por que si tengo madre)

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El liderazgo desde mi punto de vista

Mucho se habla del liderazgo en las empresas, de que características debe de tener un buen líder y que tienes que hacer para serlo. Al igual que muchas creencias, considero que la imagen de un líder se ha llegado a idealizar tanto como en su momento Disney idealizó a las princesas y príncipes. Los medios de comunicación ponen en la mira a empresarios y dueños de negocio que llevan años de experiencia trabajando con equipos multidisciplinarios y te dan una lista de las 10 cosas que ellos hacen para ser excelentes líderes. Sí, esta bien, ¿pero siempre han sido así? ¿nunca perdieron los estribos? ¿nacieron siendo líderes o aprendieron tanto que llegaron a saber como ser buenos líderes? y ¿leyendo este artículo voy a ser igual de buen líder que ellos?

Cualquier que haya tenido un trabajo, ha tenido un jefe. Los que tenemos ya algunos años (no muchos) trabajando, hemos tenido buenos jefes, malos jefes y jefes que quisiéramos ver desaparecer. A mi me ha tocado trabajar con todo un poco; tuve un jefe que no delegaba, mientras yo me picaba los ojos sin hacer nada, también tuve otro que si te hacia una pregunta y no era la respuesta que esperaba (pero si la correcta) aparecía su versión Hulk y no había nada más que decir y, aunque mucha gente no me lo cree, trabaje con una Miranda Priestly que literal un día me hizo acompañarla al baño para que me siguiera contando todo lo que teníamos que hacer mientras ella hacia otras cosas (y no estaba precisamente retocándose el maquillaje, if you know what I mean). También he tenido clientes que son malos líderes, los que creen que son buenos líderes pero no lo son y los que en verdad son tan buenas personas que transmiten liderazgo a su equipo.

Además de haber tenido la experiencia como empleados, muchos hemos tenido la experiencia de trabajar con un equipo bajo nuestro comando al cual le debemos demostrar nuestro liderazgo, y no me dejarán mentir que hay veces en que ser un líder cuesta mucho más trabajo, especialmente cuando tu “subordinado” no da una.

¿Qué es ser un buen líder?

Hemos leído y escuchado más de una vez que un buen líder es aquel que va de la mano con su equipo para hacerlo crecer, que los ayuda e impulsa al cumplimiento de objetivos y lo más importante, que es una figura de la cual todos pueden aprender y ve por el bien de la compañía. Un buen líder es una persona que es bien intencionada, que sabe escuchar, que comparte sus conocimientos y que ve por un bien colectivo y no únicamente un bien personal. Pero este líder también es una persona; tiene días buenos y días malos, se desespera, pierde un poco la paciencia y ganas no le faltan de pendejearse a uno que otro (perdón, pero no encontré una mejor expresión). Es por esto mismo que creo que hay líderes que algunos empleados consideran buenos, mientras que otros no los pueden ver ni en pintura.

Si lo que tu quieres es ir a trabajar contento como dueño de negocio, empleado o el que limpia, y quieres tener una buena convivencia con las personas con las que trabajas, te comparto algunos consejos que te harán ser un mejor dueño de negocio, empleado o limpiador, sin importar si eres jefe o no y sin importar si te consideras un líder o no.

1.- Siempre hay algo que aprender: Hace algunos ayeres, cuando perdía los estribos, mi jefa siempre me decía “Lo que te choca, te checa” y aunque en el momento me encabronaba un poco más, cuando me calmaba lo entendía (y ahora lo entiendo mucho más). Cuando tienes un jefe que grita, que no te hace caso, que menosprecia tu trabajo y todos los días te preguntas que has hecho para merecer esto, mejor pregúntate que tienes que aprender de esa persona. Toma la iniciativa y trata de ir un paso delante de la situación, se proactiva, da respuestas a preguntas que no se han hecho y checa que es lo que te choca, por que seguramente tu haces lo mismo con alguien de tu equipo o con alguien en tu vida personal.

2.- Hay malos jefes, pero también hay malos empleados. La culpa siempre la tiene el jefe, es la versión godín de “Yo no choque, me chocaron” y esto tiene una explicación muy sencilla: es más fácil echarle la culpa a alguien más que aprender de nuestros errores. Pero la verdad es que hay empleados malos, malísimo y pésimos. Hay quienes hacen lo mínimo necesario, no ponen ningún esfuerzo en hacer las cosas mejor y cuando tu pierdes la paciencia como jefe la culpa es tuya e inmediatamente eres un mal jefe y por ende un mal líder. Este es otro momento de aprendizaje y de hacer una reflexión de lo que tu puedes hacer mejor y compartirlo con ese empleado para que cambie su actitud o descubras si hay algo en lo que puede ser más productivo y esa falta de ganas sólo se debe a que esta extremadamente aburrido.

3.- Escucha y comparte. Simplemente por ser personas con distintas personalidades, tenemos diferentes opiniones y maneras de ver las cosas. No siempre vamos a estar de acuerdo en todo y con todos, pero podemos escuchar y estar abiertos a nuevas posibilidades. Tu experiencia profesional y conocimientos cuentan mucho, pero a veces, y muy seguido, una perspectiva externa, fresca y nueva puede ser justo lo que necesitas para encontrar la solución a un problema y dejar de ahogarte en tu propio desmadre. Motiva las sesiones de brainstorming en con tu equipo, incentiva a que opinen y que todos trabajen en conjunto. Ojo, es importante que participes, acuérdate del punto #1.

4.- Se humilde. Me da mucha risa cuando las personas que se creen humildes presumen que son humildes (por si no se habían dado cuenta, eso es la anti-tesis de la humildad). Cuando eres emprendedor, dueño de un negocio o el jefe de un equipo, siempre da miedo admitir que no tenías la razón y aceptar un fracaso duele más que pegarte en el dedo chiquito del pie con la esquina de la mesa. En el momento en el que nos equivocamos, reaccionamos de mala manera o explotamos, no hay poder humano que nos haga aceptar que hemos actuado mal (y según yo es simplemente por naturaleza y por el momentum que llevan las cosas) pero bien dice el dicho es de sabios cambiar de opinión. Si tuviste un lapsus en tu momento de liderazgo y actuaste de una manera que tu mismo no consideras correcta o en verdad crees que te pasaste, esta bien que pidas disculpas, te retractes o hagas las cosas de manera diferente. Las personas a tu alrededor, y tus empleados, te lo agradecerán.

5.- Más sabe el diablo por viejo. Trabajando con dueños de negocios me he topado con algunos que no son considerados buenos líderes. Estos son los empresarios que llevan muchos años con su negocio, que están acostumbrados a hacer las cosas de cierta manera y trabajan a la antigüita. Son aquellos dueños de negocios que empezaron como emprendedores antes de que ser emprendedor se pusiera de moda y por lo tanto no son muy aptos a que las nuevas generaciones les digan como deben de manejar su negocio. Estos empresarios son considerados por muchos como malos líderes por lo mismo que su manera de trabajar es diferente, han pasado por buenas y malas y seguro han perdido bastante dinero en el proceso. Si trabajas con uno de ellos, en lugar de pensar en lo malos líderes que son y que cuando tu seas líder nunca vas a se así, piensa que por algo están en donde están y que algo puedes aprender de ellos (volvemos al punto #1) e incluso, puedes probar tus habilidades de comunicación y liderazgo al proponer una nueva manera de hacer las cosas o como yo, introducirlos al hermoso mundo de las redes sociales.

Como ven, este post no se trata de cómo ser el mejor líder; no importa si tienes personas a tu cargo, si tu puesto es gerencial o incluso si no tienes las habilidades que todos dicen que deben de tener los líderes, lo importante es saber tratar con personas, entender todos los días que la persona sentada enfrente de ti puede estar pasando por un mal momento y que no importa la edad, ni la experiencia, siempre podemos aprender de los demás.

El último consejo

Para terminar, si quiero recalcar que ser líder no significa que seas perfecto. Es normal que podamos perder los estribos, que nos desesperemos o que no sepamos en un momento determinado como guiar a otra persona; pero lo que no está bien es descargar esos momentos de ira y desesperación con las personas que están a tu lado, especialmente si son tus subordinados. Elevar la voz, regañar públicamente a alguien, ser agresivo y faltar al respeto no es aceptable seas o no un líder. Si estas en una situación en la que sientes que puedes explotar, toma 5 minutos, respira y regresa a tu centro para que no acabes hiriendo susceptibilidades y tu reputación como emprendedor, jefe, dueño de negocio y líder se vaya al caño. Todos somos humanos y por eso mismo, lo primero es respetar nuestras diferencias y tratar con respeto a los demás.

Ser líder es tener la capacidad de inspirar, motivar y compartir con las personas con las que trabajas para crear cosas increíbles que favorezcan a todo el equipo, a la empresa, a la comunidad, al medio ambiente, y en fin, a todos.

Así que aprende, comparte y vive el desmadre sin preocuparte de ser un buen líder y solo preocupándote por ser mejor persona.

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Una oportunidad que se deja ir, es una oportunidad que nunca vuelve.

Este último mes ha sido increíblemente impredecible, tanto así que hasta hoy me pude sentar a escribir. Todo empezó una tarde a principios de abril cuando se me presentó la oportunidad de trabajar con una empresa de e-commerce en la industria de la moda (el complemento perfecto a mi experiencia en cosméticos), y aunque tengo una gran fascinación por los negocios  y su transición hacia el mundo digital, me tarde un poco en convencerme porqué esto quería decir que el tiempo para escribir en el blog podría ser menor; sin embargo, decidí aceptarla emocionada por aventarme a un nuevo reto.

Cuando se inicia un nuevo proyecto o se trabaja con un nuevo cliente, siempre existe ese periodo de adaptación en el que tenemos que entender que es lo que se está haciendo, porqué y que es lo que vamos a aportar (si das asesorías como yo, ¡esto es por lo que te están pagando!). En pocas palabras, entrar de lleno al ruedo. Normalmente, este periodo de adaptación me toma poco tiempo, pero en esta ocasión me ha costado un poco más de trabajo (no tengo idea de porqué, pero como diría una buena amiga “seguro es la edad”). Me he tenido que adaptar a una nueva rutina, a trabajar con nuevas personas, con personalidades y temperamentos diferentes a los míos, y pasar mucho más tiempo viendo tablas de excel que hacen que literalmente termine viendo todo rayado. Me ha costado tanto trabajo que por estar tan metida en este proyecto, descuide un poco el blog lo cual me llevo a un sube y baja de emociones y alguno que otro reproche hacia mi misma por no poder aguantar el trote.

Sin embargo, es una oportunidad que me esta haciendo crecer de manera personal y profesional, por lo que sentarme a reflexionar sobre lo que me ha pasado en este último mes no fue nada menos que lo esperado. Al terminar el día, estaba tan cansada mental y físicamente que pensar en escribir en el blog y hacerme cargo de las redes sociales de mi negocio pasaban un poco a segundo plano. Decidí no ser tan dura conmigo misma y darme la oportunidad de adaptarme a este nuevo momento de mi vida y una vez que deje de ser tan crítica conmigo misma todo fluyó más fácilmente hasta llegar al día de hoy en donde estoy escribiendo esto y he logrado encontrar la manera perfecta de manejar mis redes sociales.

Si estas leyendo este artículo y lo que estas pensando es “Ah pues que chingón por Mariana, pero ¿y a mi que?” aquí te va la verdadera reflexión que tuve: haz lo que se te de la gana y por que a ti se te da la gana. Nos pasamos mucho tiempo pensando en cual es el camino que debemos de tomar, si debemos de seguir en nuestro trabajo de escritorio o empezar nuestro propio negocio; si debemos de expandir nuestra empresa, venderla o fusionarla con otra o simplemente si es posible que un emprendedor pueda regresar a un trabajo de oficina y aún llamarse emprendedor. Nos ponemos a pensar en que dirán los demás de nuestras decisiones, en lugar de pensar que es lo mejor para nosotros y no darle importancia al que dirán. En conclusión, sin importar cual es la situación, cuando se nos presenta una oportunidad tenemos que pensar en que repercusiones tiene para nosotros, como nos afecta, si en retrospectiva nos podemos arrepentir por no tomarla y lo más importante si nos hará felices a nosotros y no a los demás.

En la vida de los emprendedores, de futuros emprendedores y de los que ya tienen un negocio hecho y derecho, es importante caernos, ensuciarnos y levantarnos de nuevo para salir victoriosos cada vez con más aprendizajes. La oportunidad que tomo el día de hoy es la mejor decisión para mi momento de vida. En un mes he aprendido tanto que siento que ya llevo un año trabajando en esto y créanme que las historias no terminan, sólo se acumulan.

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De ama de casa, a emprendedora, a dueña de negocio… ¡esos son huevos!

Todos conocemos historias de emprendedores. Algunos que han emprendido por decisión propia y otros que se vieron forzados por diferentes circunstancias. Estas historias las encontramos a nuestro alrededor y no hace falta voltear a ver a los CEO’s de grandes empresas para sentirnos inspirados y tener un modelo a seguir del cual podamos aprender.

No fue hasta que yo misma decidí emprender, que me di cuenta de cuantos emprendedores había a mi alrededor y sólo los había visto como el tío que hace empaques para comida, el esposo de mi prima que da conferencias o la comadre que hace bordados. Aunque todas las historias me enseñan algo, hay una en particular que siempre me hace pensar “esos son huevos” y es la historia de Marce (la comadre que hace bordados), quien después de haber perdido a su esposo a causa de cáncer, tuvo que tomar la decisión de sacar adelante sus tres hijos de 6, 4 y 2 años. La decisión no fue fácil. La solución más evidente y sencilla era encontrar un trabajo y a su vez encontrar a alguien que le ayudara a cuidar a sus hijos mientras ella trabajaba. Aunque su grupo de apoyo era sólido, después de un mes trabajando como godín, Marce decidió que sus hijos eran más importantes y renunció.

Como a muchos nos ha pasado, la oportunidad de emprender llegó a su puerta por medio de una socia que le ofrecía iniciar un negocio de bordados. Sin pensarlos dos veces, y un poco guiada por la desesperación de hacer algo para mantener a su familia, decidió aventarse a un mundo desconocido de telas, hilos, ponchados y máquinas, de las cuáles no tenía la más remota idea de cómo funcionaban. Después de dos meses de capacitaciones, búsqueda de proveedores y compra de muebles de segunda mano, el negocio estaba listo para empezar a operar; sólo hacían falta los clientes. Poco a poco llegaba la gente y todo indicaba que el negocio iba a continuar creciendo; hasta que 7 meses después, por diferencia de pensamiento y manera de trabajar, las socias deciden separarse por mutuo acuerdo. La separación fue sencilla, dividiendo contablemente el negocio en dos y cada quien por su lado.

Para Marce esto significaba iniciar de nuevo. Buscar un nuevo local que estuviera cerca de su casa y una empleada que se pudiera encargar del changarro mientras ella hacia la parte pesada de buscar clientes; además de tener que ser administradora, mercadóloga, mensajera, niñera, chofer y cocinera, todo en uno. Con un año de altos y bajos, de clientes recurrentes a clientes que no regresaban, y a base de anuncios en la sección amarilla, volanteo, publicidad en revistas y publicidad de boca en boca (o sea marketing en su más pura expresión) Bordados Quality se daba a conocer, los números pasaban de rojos a negros (lo que siempre es un punto de quiebre para cualquier emprendedor) y la comadre puedo respirar un poco.

Los aprendizajes forzados (aquellos que nos damos cuando nos estampamos de cara contra un problema) hicieron su aparición en Bordados Quality tres años después, cuando los clientes dejaron de llegar y el negocio estuvo a punto de cerrar. Marce tuvo que ingeniárselas y lanzó un nuevo producto: unas cajas de madera con aplicación de bordado en la tapa. El negocio resurgió como el ave fénix de las cenizas. De ahí en adelante, los aprendizajes han continuado y los clientes han seguido llegando.

Catorce años después de haber conocido su historia, decidí preguntarle por que no hacía crecer su negocio, compraba más máquinas, alquilaba un local más grande y aumentaba su producción de bordados. La respuesta fue clara: no estaba dispuesta a sacrificar el balance entre su vida y el trabajo. Desde el día en que tomo la decisión de renunciar a su trabajo godín, Marce estaba convencida de que primero venían sus hijos y luego todo lo demás. Con cada pedido grande o urgente, tomaba la decisión de dejar pasar el trabajo (arriesgándose a perder al cliente) para evitar trabajar bajo presión durante horas extras y no poder llegar a casa a revisar tareas, dar de cenar y soltar uno que otro regaño. Al día de hoy, Marce abre y cierra su negocio a la misma hora, va a comer a casa y no trabaja los fines de semana (claro, que en 14 años seguro habrá alguna excepción); se encarga de sus hijos (y los sigue regañando), se volvió a casar y todavía tiene tiempo para tomarse una café o ir a un club de lectura con su comadre.

La historia de Marce es la historia de una mujer emprendedora que por circunstancias ajenas a ella, se vio orillada a tomar una decisión que cambiaría su vida. Ha vivido situaciones de machismo al tener que estar en una industria que sólo era de hombres y en más de una ocasión le han querido ver la cara únicamente por ser mujer. Tuvo que aprender sobre administración, recursos humanos, marketing, ventas y finanzas para consolidar un pequeño negocio que seguirá siendo pequeño por decisión propia y no por falta de ganas o recursos. Seguramente que las cosas no han sido siempre miel sobre hojuelas y en más de una ocasión pensó en tirar la toalla (aunque no se lo confesara a nadie) pero mi recuerdo siempre va a ser el de una mujer, con tres maravillosos hijos, que nunca dejo de sonreír por más fea que estuviera la situación.

Su historia me llena de emoción, me inspira a luchar en momentos adversos y me enorgullece poder tener una mujer más en mi vida que me enseña a luchar contra los retos y a lidiar con el desmadre de emprender siempre con una actitud positiva.

Puedes visitar Bordados Quality en Las Flores #2, Colonia Azteca en Toluca, Edo. de México y en el teléfono (722) 217 2484.

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Lo más difícil de emprender es no perder la cabeza en el intento

Si tuvieras la oportunidad de mudarte a cualquier ciudad del mundo ¿harías lo mismo que estás haciendo ahorita o querrías hacer las cosas diferente? ¿Estarías dispuesto a empezar un nuevo proyecto, desarrollar un nuevo negocio o explorar una nueva actividad? La verdad es que es muy fácil pensar que si decidimos cambiar de ciudad, estado o país, las cosas van a ser diferentes o que al renunciar a tu trabajo y volverte emprendedor va a ser más fácil que soportar la monotonía de un trabajo godín. A pesar de que estas cosas son ciertas, (eventualmente tener tu propio negocio es mejor que estar en una oficina más de ocho horas al día y vivir en otra ciudad se volverá una experiencia divertida) debemos de ser consciente de que antes de llegar a ese punto hay que esforzarnos y tener la dedicación y determinación de hacer que las cosas funcionen.

Pensar que las cosas mágicamente cambian sólo por haber dado un gran paso, es una idea equivocada que todos hemos tenido. Idealizamos tanto ese cambio, que cuando las cosas no salen a la primera sufrimos una gran decepción, haciéndonos perder el enfoque de lo que queremos y pensar que no fue una buena idea después de todo. Muchos factores entran en juego al salir de nuestra zona de confort y cambiar nuestro estilo de vida, cualquiera que este sea, y la paciencia es un elemento clave que debemos tener presente todos los días. Paciencia para darnos cuenta que los cambios toman tiempo, paciencia para aprender una nueva habilidad, adquirir un nuevo conocimiento o simplemente para adaptarnos a un nuevo entorno. La paciencia es importante para cumplir con nuestra meta, objetivo o proyecto, simplemente por que las cosas no suceden en un abrir y cerrar de ojos.

Cuando vemos a nuestro alrededor a personas que están trabajando en una cafetería pensamos “Yo quiero ser esa persona que puede estar trabajando en una cafetería a medio día y no tener que preocuparme por nada” o al señor que está sentado en un sillón (en esa misma cafetería) leyendo un libro y tomando un café nos decimos a nosotros mismos “Cuando sea grande quiero ser como él”. Lo que no vemos es que la persona que esta trabajando en esa cafetería ha pasado semanas, meses o incluso años trabajando en un proyecto independiente, teniendo que sacrificar muchas cosas para llegar a trabajar tranquilamente en esa cafetería (si es que está trabajando tranquilamente); y no vemos que el señor de más de 60 años, probablemente trabajo durante 40 para hoy poder estar sentado leyendo su novela de misterio. Estar en contacto con estas personas (aunque sea de lejos) y con el constante bombardeo de información en nuestras redes sociales, podemos perder el enfoque de lo que realmente queremos lograr y regresar al status quo.

En lugar de compararnos con nuestra competencia, amigos, mentores o con quien sea, pensemos que nosotros también tenemos la capacidad de lograr nuestras metas y de vivir la vida que queremos. Dejemos de pensar en como lo vamos a hacer y empecemos a hacerlo; podemos empezar por tomar un curso o unirnos a un evento para conocer nuevas personas que nos puedan inspirar y de las cuáles podamos aprender algo. Seamos auténticos y dejemos de querer hacer las cosas como las hacen los demás y hagámoslas como nosotros las queremos hacer. Dejemos de tener prejuicios sobre nuestro trabajo y mantengámonos fieles a nuestras ideas, valores y convicciones. Si hacemos las cosas con amor y dejamos atrás la idea de cómo se tienen que hacer, vamos a poder transmitir a nuestros clientes, consumidores y demás personas a nuestro alrededor la pasión con la que hacemos lo que hacemos. Dejemos de ser sistemáticos y salgamos de nuestra propia estructura mental para lograr nuevos y mejores resultados.

Hoy, mientras caminaba a una nueva cafetería para escribir este post, pensando en todo lo que quería decir y como lo quería decir, me cruce con un ciclista que traía sus audífonos puestos cantando a todo pulmón. Pasó rápidamente enfrente de mi, pero durante ese segundo me di cuenta que él tenía dos opciones, (1) manejar su bicicleta esquivando coches y mentando madres ó (2) cantar sin importar quien lo escuchara o si cantaba bien y tener un camino agradable. Claramente eligió la segunda y con eso alegró mi día, haciéndome pensar que las opciones las tenemos nosotros y sólo está en nosotros elegir la opción adecuada. ¿Queremos ser los que se quedan estancados en el “mañana lo hago” o queremos salir en nuestra bicicleta a cantar sin importar quien nos escuche? Hacer las cosas de manera diferente, traerá resultados diferentes; así que cámbiate de ciudad, renuncia a tu trabajo, canta en tu bicicleta, recordando que no va a ser fácil, pero valdrá la pena. Sé lo que quieras ser, haz lo que quieras hacer, pero hazlo con pasión y las cosas llegarán; no hoy, no mañana y puede que no lleguen hasta después de mucho tiempo, pero cuando lleguen, sabrás que lo haz hecho bien.

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Este año es el bueno: como cumplir tus propósitos de año nuevo.

Estamos a 3 días de terminar el 2017. Tres días que representan un cambio, un nuevo ciclo y una nueva oportunidad. La mayoría de nosotros pensamos en el año nuevo como un símbolo para tomar lo bueno, dejar atrás lo malo, cambiar de página y empezar otra vez. Este cambio trae consigo los muy aclamados y muy poco cumplidos propósitos de año nuevo. Hemos querido dejar de fumar, hacer más ejercicio, comer más saludable y viajar más. Llevar una vida con menos estrés y ganar dinero extra también se encuentran en los primeros lugares de la lista y si eres emprendedor, la lista varía un poco y los propósitos se relacionan al bienestar del negocio.

El 1 de enero, después de haber librado la posible asfixia por meternos todas las uvas a la boca, estamos motivados, con toda la energía para cumplir con cada uno de los propósitos que nos hicimos y esperando sacar lo mejor del nuevo año. Como a muchos nos ha pasado, para febrero la lista de propósitos ha avanzado muy poco y pensamos que un propósito cumplido en 11 meses es más retador. Y así transcurre otro año, en donde nos dejamos llevar por la corriente, el día a día, la monotonía y esperamos a que llegue otro año para hacer borrón y cuenta nueva.

Desde que empecé con la consultoría (y desde que trabajaba de godín), mi mundo se ha basado en objetivo y metas que hay que alcanzar sin importar si quedan tres días u once meses para cumplirlos. Después de un aprendizaje que me cayó como balde de agua fría, me di cuenta que identificar mis propósitos personales y profesionales no debía de ser una causa de estrés, sino una fuente de gratificación y logro (además de hacerme crecer como persona). A diferencia de los objetivos laborales, los propósitos y objetivos personales tienen un mayor peso simplemente por el hecho de que somos nosotros contra el mundo; el reto es nuestro y cumplirlos nos hará sentir como superhéroes.

Cómo cumplir los propósitos de año nuevo

En la vida como en los negocios, puede resultar abrumador  cumplir con nuestros propósitos por muchos factores tanto internos como externos que nos pueden hacer caer en un espiral de procrastinación que termina por desmotivarnos. Afortunadamente, existen distintas maneras de lograr lo que nos proponemos y generar un círculo virtuoso que nos lleve a mantenernos motivados y a sentirnos mejor con nosotros mismos.

No importa si eres emprendedor, catedrático o godín, estos consejos te ayudarán a hacer que este año sea diferente y no dejar intacta la lista de propósitos.

1.- Elige propósitos reales. A veces nos vemos muy ambiciosos y nos ponemos propósitos u objetivos de negocio que por más maravillosos que puedan ser no los podremos cumplir ya sea por falta de tiempo, estructura o simple y llanamente falta de ganas. Entre más sencillo y alcanzable sea el objetivo, más fácil será motivarnos e ir por más.

2.- Divide el propósito en acciones sencillas. Así como lo lees. Por ejemplo: tu propósito es iniciar un nuevo negocio, pero antes de empezar a vender debes de realizar otras actividades (definir el nombre, crear la identidad de marca, conocer a tu mercado, entre muchas otras cosas), antes de poder poner la cereza en el pastel. Si cada una de éstas las divides hasta que se conviertan en tareas fáciles de cumplir, podrás ir tachando la lista más rápido y te motivarás a alcanzar el propósito más grande que es tener un negocio.

3.- Busca apoyo. No quiero decir que salgas a buscar a alguien que te ayude, porqué los propósitos son algo personal, pero si tienes un mentor, un guía o un grupo de apoyo que te motive para seguir adelante, será mucho más sencillo llegar a la meta.

4.- Crea un sistema de recompensas. Los incentivos son estímulos positivos para hacer algo mejor, para terminarlo más rápido o como motivación. Si ya dividiste el propósito en acciones más pequeñas, crea un incentivo para cuando termines cada una de éstas. Puede ser algo tan sencillo como comerte tu postre favorito, comprarte los zapatos de temporada o irte de viaje.

5.- Los propósitos no se crean ni se destruyen, solo se transforman. Si llevas todos los años con el mismo propósito y sigues sin cumplirlo tienes de dos, o ya te pones las pilas para cumplirlo o ¡lo modificas!. Nada en la vida está escrito en piedra y si a la mitad del camino ves que no esta saliendo como lo planeabas, cambia tu estrategia. Es mejor hacer una modificación que se ajuste al momento por el que estamos pasando, que estar frustrados por no conseguirlo. Ojo, esto no quiere decir que el 31 hagas tu lista de propósitos y el primero de enero ya los estés cambiando. En caso de que lo requieras modifica tiempos, cantidades, ingresos, números o lo que sea necesario para que al final del año te sientas orgulloso de todo lo que lograste.

6.- Escríbelos. Puede sonar muy simple, pero tener un recordatorio visual hará que no se te olvide que es lo que quieres lograr y porqué.

Ahora si, aprovechemos estos tres días para cargarnos de energía positiva y demos el paso hacia el 2018 con la mejor versión de nosotros mismos. Dejemos a un lado los pretextos y las excusas para no cumplir con nuestros propósitos, seamos más fuertes para afrontar las situaciones que nos cuestan trabajo y más pacientes para alcanzar todo lo que nos propongamos.

Les deseo un buen fin de año y un 2018 lleno de todo lo que su corazón desea, incluidos todos los desmadres de ser emprendedor.

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Los 10 regalos ideales para un emprendedor

Es la época de dar y recibir. Damos y recibimos amor, buenos deseos, agradecemos por un año que termina y esperamos lo mejor para el año que comienza. Aprendemos, crecemos y reflexionamos sobre lo bueno, lo malo y el desmadre que pasamos como emprendedores, con esperanza de que el desmadre se mantenga en orden por lo menos durante la primera mitad del año.

Todo esto suena muy romántico y, aunque no deja de ser cierto, también es la época en la que damos y recibimos regalos. Encontrar el regalo ideal para cada persona en nuestra vida no es fácil; por eso, y para que no acabes regalando otro suéter (hay que aceptarlo, todos lo hemos hecho), te comparto la lista de regalos ideales para un emprendedor.

Estos regalos, además de ser útiles, serán muy bien recibidos.

  1. Funda para computadora. He escuchado a más de una persona agradecer que tiene una funda para su computadora y en lo personal, lo agradezco después de que un día de trabajo arduo y cansado aventé la mochila con todo y computadora. La computadora no sufrió daños, pero la carcasa no la pasó tan bien; desde ese día ya no pienso tener mi computadora al desnudo. Yo tengo una Incase, pero existen muchas otras opciones que varían dependiendo de la computadora y el modelo.
  2. Disco Duro externo. Ya no tenemos la computadora del trabajo y después de tener que invertir en la que consideramos que es la mejor, siempre existe la posibilidad de que algo falle o que sea secuestrada por aliens que quieren conquistar el mundo. La computadora se puede reemplazar, pero la información es lo más importante. Yo uso un disco duro externo de 1TB, para poder hacer el respaldo completo de mi información (¡incluidas todas mis fotos!)
  3. Batería externa. Entre visitas a clientes, revisar el correo, subir una foto a Instagram o hacer una publicación en Facebook, la batería del celular se acaba (y si tienes un iPhone con iOS 11 peor). Mi mamá siempre decía que un celular sin batería no sirve de nada, así que para no hacerla enojar a ella ni a los clientes, mejor tener una batería externa para las ocasiones en las que no podemos parar a cargar el teléfono. (Como observación hay que cargar la batería, si no es un poco inservible). Yo opté por una Mobo con duración de dos cargas, de tamaño mediano que cabe en cualquier lado y no es nada molesto.
  4. Libreta. Uno de los mejores consejos que recibí de mi jefa fue que a toda reunión fuera con una libreta y una pluma (las fuera o no a usar), ya que por lo menos me vería intelectual e interesada (aunque sólo una de estas aseveraciones fuera correcta). Desde ese momento no he dejado de hacerlo. Hay de libretas a libretas, y de las más cool que he visto son las Moleskine; están padres, son fáciles de guardar y eleva nuestro nivel de sofisticación en un 100%.
  5. Agenda. Este es uno de los regalos clásicos de la época, pero para un emprendedor una agenda es su brazo derecho. Sí, ya existen las agendas electrónicas y el teléfono mismo te ayuda a programar y recordar todas las reuniones y eventos sociales a los que tenemos que asistir; pero nada le gana a una agenda tradicional (es igual que con los libros electrónicos, la versión en físico es mejor). Mis favoritas son las agendas formato esquela, con el calendario de la semana en una página y otra página para notas.
  6. Libro para colorear. Estos libros para adultos ya son toda una moda (una muy buena) y desde mi punto de vista muy productiva. Además de darnos unos momentos de relajación, motiva nuestra creatividad. Hay de todos tamaños, colores y sabores, así que por opciones no paramos (Splendid Cities está increíble). No olvides incluir algunos colores o rotuladores (se ve más bonito) para complementar este regalo Zen.
  7. Audífonos. Los emprendedores somos valientes, fuertes, determinados y en muchas ocasiones introvertidos. Una de nuestras actividades favoritas es ir a una cafetería a trabajar y que nadie nos moleste; no por que seamos antisociales, pero por que nos metemos en nuestro pequeño mundo y no salimos hasta que tenemos que ir al baño. Este mundo en el que nos sumergimos, está lleno de trabajo y música, por eso unos audífonos son el regalo perfecto para no molestar a los que están a nuestro alrededor.
  8. Pasión por emprender. Fue el primer libro que leí cuando decidí emprender. Algunas cosas las sabía, otras las intuía y muchas otras no tenía ni idea; me ayudó a tener una mejor perspectiva de lo que es ser emprendedor, por donde iniciar y de él saque grandes consejos que hoy en día sigo aplicando. No importa en que etapa de emprendimiento nos encontremos, este libro nunca debe dejar nuestra mesita de noche.
  9. Rework.Lo leí por recomendación de un amigo. Al principio estaba un poco escéptica por como planteaban ser emprendedor y la manera de afrontar las diferentes situaciones por las que se pasan cuando se inicia cualquier negocio. No se si fue el escepticismo o que me relacioné demasiado con lo que estaban diciendo, pero lo acabe más rápido de lo que pensaba. Es fácil de leer y responde muchas incógnitas que están al aire cuando emprendes solo o con un socio. Definitivamente se debe leer.
  10. The Storyteller’s Secret. Todos hemos visto por lo menos una de las famosas pláticas de TED, y Carmine Gallo está determinado a enseñarnos como podemos hablar mejor en público. En este libro comparte con nosotros los secretos de los mejores storytellers de la época actual, y aunque en los últimos meses me he obsesionado un poco con el tema de contar historias, este libro te hace repensar todo lo que dices, pero más importante: como lo dices. No es necesario ser mercadólogo o creativo para contar una historia; es más, el principal narrador de tu historia de emprendimiento eres tu mismo, así que vamos a aprender un poco de los grandes y hagamos historia.

Ya no hay pretexto para regalar ese suéter o una tarjeta con abrazos infinitos durante el año. Usa esta guía y haz feliz a tu emprendedor favorito.

P.D: Si das clic en cualquiera de los links en los regalos, te llevarán a la página de Amazon México… ¡y te ahorrarás el desmadre de las tiendas!

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¿Estás listo para renunciar a tu trabajo?

Desde el momento en el que pasó por mi mente la idea de renunciar, recibí un bombardeo de preguntas que parecían no tener fin. Tuve una sesión de preguntas con mi familia y cada una de ellas tenía una respuesta clara y definitiva; llegó el punto en el que mi papá sabía que estaba convencida por que no había pregunta que no pudiera contestar (esto nos tomo varias horas y unas cuantas cervezas). A pesar del apoyo que recibí de las personas cercanas a mi, era inevitable que alguien me preguntara porqué estaba renunciando y si estaba segura de que quería dejar un trabajo estable, en una empresa con buenas prestaciones y que cada quincena me daba mi hermoso (pero muy bajo) sueldo. La respuesta siempre era sí; estaba lista para presentar mi carta de renuncia y que mi vida dejara de girar alrededor de un trabajo rutinario, sin nuevos retos y sin posibilidad de crecimiento.

Las preguntas empezaron a cambiar cuando empecé la consultoría; ahora ya me preguntaban si había tomado la decisión correcta, si no quería regresar a trabajar en una empresa y la que nunca faltaba era si me iba mejor económicamente siendo independiente. Todas estas preguntas vienen de un lugar de curiosidad y de interés, sobre todo cuando eran (y son) formuladas por alguien que ha considerado renunciar a su trabajo para crear su propia empresa; lo que también me ha llevado a recibir la madre de todas las preguntas ¿Cómo supiste que estabas lista para renunciar y emprender tu propio negocio? y para el disgusto de todos los que me han hecho esta pregunta, no existe una fórmula mágica para saber cuando es el momento adecuado.

Así supe que era momento de renunciar

En mi caso fueron una serie de factores que me hacían pensar que ya era momento de salir de mi zona de confort y enfrentarme a nuevos retos, pero la señal más grande fue el trabajo que me costaba levantarme cada día para ir a la oficina. Ver a mis amigos y compañeros de pasillo me alegraban mucho el día, pero era una tortura inevitablemente revisar el reloj cada 5 minutos y pensar que aún me quedaban 7 horas (como mínimo) para adentrarme en el tráfico de Polanco e intentar llegar a mi casa en menos de dos horas. Al parecer mi desdicha era más grande de lo que quería aceptar y lo supe hasta el momento en el que, al darle la noticia de mi renuncia, uno de mis mejores amigos me volteó a ver y me dijo “Que bueno que renunciaste, ya estabas muy amargada”. Me quede en shock. “¿Amargada? ¿yo? ¡¿en que momento?!” Claramente había tomado la decisión correcta.

Aunque renunciar no constituye un duelo como tal, si existe una etapa de negación muy fuerte, especialmente cuando decides renunciar para emprender. En el post anterior (Re) Emprendiendo, comenté que después de haber intentado iniciar una consultoría en Responsabilidad Social con una socia y haber fallado, pase un par de semanas muy difíciles en los que el principal personaje de la historia era la depresión. Me cuestionaba una y otra vez si en realidad había tomado la decisión correcta 6 meses antes, me preguntaba a mi misma que iba a hacer para mantenerme y el pensamiento más recurrente era la decepción que sería para todos aquellos que me apoyaron y creyeron en mi. Cómo logré conseguir la motivación y el empuje para salir de esa depresión, tampoco lo sé. Me di cuenta que a la persona que más estaba decepcionando era a mi misma y con eso en mente me agarre los pantalones, empecé a construir lo que quería y hoy no podría ser más feliz.

Cuando renunciar a un trabajo

 

Como ya lo dije, la fórmula mágica no existe y tomar la decisión no es fácil para todos. No es sencillo para alguien que no tiene familia (como yo) y tampoco lo es para alguien que si la tiene y es el principal proveedor. Las dudas van y vienen; un día te levantas convencido y al siguiente estás seguro que tu zona de confort no es tan mala. Sin embargo, existirá un detonante que sea lo que te lleve a tomar acción a tus pensamientos (el detonante puedes ser tu mismo o algo en tu entorno). A mi me costo varios meses de infelicidad y perder a una persona que quería mucho, para darme cuenta que existen otras opciones, que no valía la pena dar más por algo (en este caso un trabajo) que cuidar de mi misma y mi felicidad. Mi vida no estaba balanceada.

Si te encuentras en ese momento de incertidumbre en el que no sabes si ya es momento de renunciar, ten paciencia y escúchate a ti mismo para encontrar la respuesta. Podemos mentirle a las personas que están a nuestro alrededor, pero nunca a nosotros mismos; así que deja todo lo que estas haciendo, sal a dar una vuelta, ve por una cerveza, un café o tu bebida de preferencia y dedica una hora para hablar contigo mismo y aclarar la mente. No es sencillo y no es inmediato, pero si es posible. Confía en tu voz interior, en esa felicidad que sientes cuando te visualizas haciendo lo que te apasiona y todo se va a acomodar solito.

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El Passatge dels Gats: más que un simple café

Estás en una ciudad que no conoces y obviamente quieres salir a conocer. Google maps ya es tan sofisticado que tiene una sección llamada “Explorar” que te da opciones de lugares para visitar dependiendo lo que quieras hacer. Lo primero, siempre, es un café. Le preguntas a Google maps y voilà las opciones no terminan.

Así fue como llegue a El Passatge dels Gats en Valencia. Perdida, agripada y con frío encontré un lugar que desde el nombre llamo mi atención «El pasaje de los Gatos” y al estar cerca decidí ver de qué trataba. Al llegar fue justo lo que uno podría pensar, una cafetería con gatos, pero tenía algo peculiar que ya estando ahí, no podía no entrar a ver. Al llegar, hay dos grandes puertas de cristal (de esas pesadas que requieren de un poco de esfuerzo para abrirse); en la segunda hay un letrero que pide a los visitantes cerrar la primera puerta y esperar a que el encargado abra la segunda. Pacientemente esperé y cuando entre al lugar, un chico me pidió muy amablemente que no tocara a los gatos y que pasara un momento con él. La intriga crecía cada vez más ¿Es un café que tiene gatos? ¿Cuántos gatos hay? ¿Porqué no los puedo tocar? Me acerque con David (no supe su nombre hasta mucho después) quien, seguido de asegurarse que no tenía reservación, me preguntó el tipo de entrada que quería. No se que cara hice, pero me imagino que fue una mezcla entre sorpresa y confusión por que no entendía que me estaba preguntando. Con su distinguida amabilidad, me comenta que existen 4 entradas disponibles dependiendo del tiempo que me quisiera quedar. Como necesitaba cafeína urgentemente me decidí por la entrada con duración de 1 hora.

Después, pasamos a las normas del lugar. Conforme pasaban los minutos, cada vez entendía un poco más de que iba y en que consistía el Cat Café al que acababa de entrar. Las normas son bastante sencillas: no se puede entrar con otros animales (aunque sean gatos), puedes jugar con los gatos de manera tranquila y respetuosa, se pueden tomar fotos sin flash para no lastimar a los ojos de los gatos, por ningún motivo se les puede dar comida (llevan una alimentación especial), si ves a un gato dormido déjalo dormir y no lo tomes en brazos.

Mientras me tomaba el café, empecé a revisar mis alrededores y lo noté todo. Note las reglas impresas y enmicadas en un par de sitios dentro del café; observe como se comportaban las personas que ya estaban ahí; note que los gatos tenían completa libertad dentro del establecimiento (uno de ellos empezó a jugar con mi mochila) y me di cuenta que el café, a diferencia de todos los demás cafés en los que he estado, estaba adecuado para que los gatos vivieran ahí y para que las personas disfrutaran de convivir con ellos. El lugar ES de los gatos. Con mi curiosidad innata, decidí preguntarle a David si podía volver la semana siguiente para que me contara todo acerca de su negocio, ya que nunca había conocido un lugar parecido a éste y me intrigaba saber como fue que él lo había logrado. Sonriente, aceptó y quedamos para el martes a las 5:00 p.m.

Emocionada por conocer una historia de emprendimiento en un país y ciudad diferentes a los míos, visité el sitio web y preparé algunas (muchas) preguntas. Llegado el martes, el procedimiento de entrada fue el ya conocido, únicamente acompañado de una chica argentina amante de los gatos. Después de atender a las personas que llegaron conmigo, David me preguntó lo que quería de tomar y empezamos a platicar. La primera, y obvia, pregunta fue cómo empezó el primer Cat Café de Valencia. En agosto de 2016 David se encontró a un pequeño gato afuera de su casa después de una lluvia torrencial; como buen protector y amante de los animales no lo podía dejar a su suerte, ya que además de estar enfermo, algún coche lo podía atropellar y la historia de éste pequeño podía acabar de una manera muy triste. Así que sin pensarlo dos veces, David tomó al pequeño gato y lo llevo a su departamento en donde prontamente le dio un poco de comida y lo acobijo para al día siguiente llevarlo con el veterinario. Una vez alimentado y revisado, el pequeño gato fue adoptado gracias a los esfuerzos de David y sus amigos. El tiempo pasó y durante una visita a Barcelona David conoce el Cat Café de esta ciudad, como trabaja y se decide a abrir el primero en Valencia y hacer una diferencia para los gatos abandonados en esta ciudad.

La idea estaba clara, lo único que hacia falta era encontrar un local, una asociación que trabajara con gatos de la calle y los permisos. Oh los permisos. Mientras David me cuenta que lo más difícil de empezar El Passatge del Gats fueron los permisos, no puedo evitar pensar que España no se salva de los procesos burocráticos por los que debe de pasar un emprendedor para empezar su negocio. Después de eso, lo demás fue sencillo. David pasaba las tardes sentado en medio del local esperando que llegara la inspiración sobre como había que decorar el local, que muebles se tenían que mandar a hacer, cuáles se debían comprar y lo más importante con que asociación trabajar. El Passatge dels Gats colabora con ADAANA, una asociación sin ánimo de lucro que tiene como objetivo ayudar a asociaciones protectoras ya existentes apoyando en organización de eventos, fomentando la adopción y concientizando sobre la situación de los animales abandonados en la comunidad. El Cat Café funciona como albergue para los gatos rescatados por ADAANA en su transición para encontrar un nuevo hogar y una nueva familia. ADAANA realiza el procedo de rescate y revisión de los gatos, los vacuna y esteriliza antes de llevarlos a su hogar temporal, en donde son cuidados por David y sus padres. Aquí es en donde, de cierta manera, se resuelve mi duda del concepto de cobrar la entrada a un café. Al no ser un café normal al que puedas llegar, pedir un café y sentarte a platicar, leer o lo que sea, este Cat Café te cobra la entrada para que puedas convivir con los gatos, disfrutar de su compañía y el dinero recaudado es utilizado para cuidar de ellos y mantenerlos fuera de peligro.

Además de disfrutar la compañía de los gatos, es posible que los comensales los adopten, aunque no es tan fácil como decir “Éste me gusta ¡lo quiero!”. El proceso de adopción de los gatos es igual al que se maneja en las asociaciones que se dedican a su rescate, además de que David se toma el tiempo de conocer la personalidad de cada gato para poder colocarlo con la familia correcta. Desde que abrió sus puertas en mayo de 2017, El Passatge del Gats ha dado en adopción a cerca de 25 gatitos que han sido recibidos cálidamente en su nuevo hogar. En ese momento, ya estaba completamente fascinada con lo que me contaba David y quería saber más. Desde mi visita el primer día, me llamó la atención que me preguntara si tenía reservación; nunca me habían preguntado en un café si tenía reservación. La razón por la que se tiene que hacer reservación es por que durante los primeros meses de apertura, no se daban abasto para atender a tantas personas y por cuestiones de seguridad, tanto para los comensales como para los gatos, no se podían tener tantas personas dentro del local; lo cuál si lo pensamos detenidamente, tiene mucho sentido y nos da la oportunidad de convivir con los gatos sin presión y pasar un buen rato.

Para mí, David lo tiene todo bajo control. Sabe lo que quiere de su negocio y hasta donde lo quiere crecer; también sabe que no quiere hacer una franquicia por temor de que los dueños de la franquicia no hagan tan buen trabajo y se haga una mala reputación de El Passatge del Gats.

Pero lo más importante es la labor que hace David en pro de los animales, el cariño y cuidado que les da antes de que se vayan con una nueva y definitiva familia. Si vives o estás en Valencia (si no estás, tienes que venir), no dudes en hacer tu reservación para conocer este gran concepto y a todos los gatos que están ahí; y por que no, igual y llevarte uno a casa.

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