El desmadre

Lo más difícil de emprender es no perder la cabeza en el intento

Si tuvieras la oportunidad de mudarte a cualquier ciudad del mundo ¿harías lo mismo que estás haciendo ahorita o querrías hacer las cosas diferente? ¿Estarías dispuesto a empezar un nuevo proyecto, desarrollar un nuevo negocio o explorar una nueva actividad? La verdad es que es muy fácil pensar que si decidimos cambiar de ciudad, estado o país, las cosas van a ser diferentes o que al renunciar a tu trabajo y volverte emprendedor va a ser más fácil que soportar la monotonía de un trabajo godín. A pesar de que estas cosas son ciertas, (eventualmente tener tu propio negocio es mejor que estar en una oficina más de ocho horas al día y vivir en otra ciudad se volverá una experiencia divertida) debemos de ser consciente de que antes de llegar a ese punto hay que esforzarnos y tener la dedicación y determinación de hacer que las cosas funcionen.

Pensar que las cosas mágicamente cambian sólo por haber dado un gran paso, es una idea equivocada que todos hemos tenido. Idealizamos tanto ese cambio, que cuando las cosas no salen a la primera sufrimos una gran decepción, haciéndonos perder el enfoque de lo que queremos y pensar que no fue una buena idea después de todo. Muchos factores entran en juego al salir de nuestra zona de confort y cambiar nuestro estilo de vida, cualquiera que este sea, y la paciencia es un elemento clave que debemos tener presente todos los días. Paciencia para darnos cuenta que los cambios toman tiempo, paciencia para aprender una nueva habilidad, adquirir un nuevo conocimiento o simplemente para adaptarnos a un nuevo entorno. La paciencia es importante para cumplir con nuestra meta, objetivo o proyecto, simplemente por que las cosas no suceden en un abrir y cerrar de ojos.

Cuando vemos a nuestro alrededor a personas que están trabajando en una cafetería pensamos “Yo quiero ser esa persona que puede estar trabajando en una cafetería a medio día y no tener que preocuparme por nada” o al señor que está sentado en un sillón (en esa misma cafetería) leyendo un libro y tomando un café nos decimos a nosotros mismos “Cuando sea grande quiero ser como él”. Lo que no vemos es que la persona que esta trabajando en esa cafetería ha pasado semanas, meses o incluso años trabajando en un proyecto independiente, teniendo que sacrificar muchas cosas para llegar a trabajar tranquilamente en esa cafetería (si es que está trabajando tranquilamente); y no vemos que el señor de más de 60 años, probablemente trabajo durante 40 para hoy poder estar sentado leyendo su novela de misterio. Estar en contacto con estas personas (aunque sea de lejos) y con el constante bombardeo de información en nuestras redes sociales, podemos perder el enfoque de lo que realmente queremos lograr y regresar al status quo.

En lugar de compararnos con nuestra competencia, amigos, mentores o con quien sea, pensemos que nosotros también tenemos la capacidad de lograr nuestras metas y de vivir la vida que queremos. Dejemos de pensar en como lo vamos a hacer y empecemos a hacerlo; podemos empezar por tomar un curso o unirnos a un evento para conocer nuevas personas que nos puedan inspirar y de las cuáles podamos aprender algo. Seamos auténticos y dejemos de querer hacer las cosas como las hacen los demás y hagámoslas como nosotros las queremos hacer. Dejemos de tener prejuicios sobre nuestro trabajo y mantengámonos fieles a nuestras ideas, valores y convicciones. Si hacemos las cosas con amor y dejamos atrás la idea de cómo se tienen que hacer, vamos a poder transmitir a nuestros clientes, consumidores y demás personas a nuestro alrededor la pasión con la que hacemos lo que hacemos. Dejemos de ser sistemáticos y salgamos de nuestra propia estructura mental para lograr nuevos y mejores resultados.

Hoy, mientras caminaba a una nueva cafetería para escribir este post, pensando en todo lo que quería decir y como lo quería decir, me cruce con un ciclista que traía sus audífonos puestos cantando a todo pulmón. Pasó rápidamente enfrente de mi, pero durante ese segundo me di cuenta que él tenía dos opciones, (1) manejar su bicicleta esquivando coches y mentando madres ó (2) cantar sin importar quien lo escuchara o si cantaba bien y tener un camino agradable. Claramente eligió la segunda y con eso alegró mi día, haciéndome pensar que las opciones las tenemos nosotros y sólo está en nosotros elegir la opción adecuada. ¿Queremos ser los que se quedan estancados en el “mañana lo hago” o queremos salir en nuestra bicicleta a cantar sin importar quien nos escuche? Hacer las cosas de manera diferente, traerá resultados diferentes; así que cámbiate de ciudad, renuncia a tu trabajo, canta en tu bicicleta, recordando que no va a ser fácil, pero valdrá la pena. Sé lo que quieras ser, haz lo que quieras hacer, pero hazlo con pasión y las cosas llegarán; no hoy, no mañana y puede que no lleguen hasta después de mucho tiempo, pero cuando lleguen, sabrás que lo haz hecho bien.

Photo by Clark Tibbs on Unsplash

 

 

Acerca de marianabzcs

Emprendedora adicta a la lectura, los nuevos negocios y la responsabilidad social. No lo sé todo, pero todo lo investigo. La mejor manera de conocerse uno mismo es iniciar un negocio.

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