El desmadre

¿Estás listo para renunciar a tu trabajo?

Desde el momento en el que pasó por mi mente la idea de renunciar, recibí un bombardeo de preguntas que parecían no tener fin. Tuve una sesión de preguntas con mi familia y cada una de ellas tenía una respuesta clara y definitiva; llegó el punto en el que mi papá sabía que estaba convencida por que no había pregunta que no pudiera contestar (esto nos tomo varias horas y unas cuantas cervezas). A pesar del apoyo que recibí de las personas cercanas a mi, era inevitable que alguien me preguntara porqué estaba renunciando y si estaba segura de que quería dejar un trabajo estable, en una empresa con buenas prestaciones y que cada quincena me daba mi hermoso (pero muy bajo) sueldo. La respuesta siempre era sí; estaba lista para presentar mi carta de renuncia y que mi vida dejara de girar alrededor de un trabajo rutinario, sin nuevos retos y sin posibilidad de crecimiento.

Las preguntas empezaron a cambiar cuando empecé la consultoría; ahora ya me preguntaban si había tomado la decisión correcta, si no quería regresar a trabajar en una empresa y la que nunca faltaba era si me iba mejor económicamente siendo independiente. Todas estas preguntas vienen de un lugar de curiosidad y de interés, sobre todo cuando eran (y son) formuladas por alguien que ha considerado renunciar a su trabajo para crear su propia empresa; lo que también me ha llevado a recibir la madre de todas las preguntas ¿Cómo supiste que estabas lista para renunciar y emprender tu propio negocio? y para el disgusto de todos los que me han hecho esta pregunta, no existe una fórmula mágica para saber cuando es el momento adecuado.

Así supe que era momento de renunciar

En mi caso fueron una serie de factores que me hacían pensar que ya era momento de salir de mi zona de confort y enfrentarme a nuevos retos, pero la señal más grande fue el trabajo que me costaba levantarme cada día para ir a la oficina. Ver a mis amigos y compañeros de pasillo me alegraban mucho el día, pero era una tortura inevitablemente revisar el reloj cada 5 minutos y pensar que aún me quedaban 7 horas (como mínimo) para adentrarme en el tráfico de Polanco e intentar llegar a mi casa en menos de dos horas. Al parecer mi desdicha era más grande de lo que quería aceptar y lo supe hasta el momento en el que, al darle la noticia de mi renuncia, uno de mis mejores amigos me volteó a ver y me dijo “Que bueno que renunciaste, ya estabas muy amargada”. Me quede en shock. “¿Amargada? ¿yo? ¡¿en que momento?!” Claramente había tomado la decisión correcta.

Aunque renunciar no constituye un duelo como tal, si existe una etapa de negación muy fuerte, especialmente cuando decides renunciar para emprender. En el post anterior (Re) Emprendiendo, comenté que después de haber intentado iniciar una consultoría en Responsabilidad Social con una socia y haber fallado, pase un par de semanas muy difíciles en los que el principal personaje de la historia era la depresión. Me cuestionaba una y otra vez si en realidad había tomado la decisión correcta 6 meses antes, me preguntaba a mi misma que iba a hacer para mantenerme y el pensamiento más recurrente era la decepción que sería para todos aquellos que me apoyaron y creyeron en mi. Cómo logré conseguir la motivación y el empuje para salir de esa depresión, tampoco lo sé. Me di cuenta que a la persona que más estaba decepcionando era a mi misma y con eso en mente me agarre los pantalones, empecé a construir lo que quería y hoy no podría ser más feliz.

Cuando renunciar a un trabajo

 

Como ya lo dije, la fórmula mágica no existe y tomar la decisión no es fácil para todos. No es sencillo para alguien que no tiene familia (como yo) y tampoco lo es para alguien que si la tiene y es el principal proveedor. Las dudas van y vienen; un día te levantas convencido y al siguiente estás seguro que tu zona de confort no es tan mala. Sin embargo, existirá un detonante que sea lo que te lleve a tomar acción a tus pensamientos (el detonante puedes ser tu mismo o algo en tu entorno). A mi me costo varios meses de infelicidad y perder a una persona que quería mucho, para darme cuenta que existen otras opciones, que no valía la pena dar más por algo (en este caso un trabajo) que cuidar de mi misma y mi felicidad. Mi vida no estaba balanceada.

Si te encuentras en ese momento de incertidumbre en el que no sabes si ya es momento de renunciar, ten paciencia y escúchate a ti mismo para encontrar la respuesta. Podemos mentirle a las personas que están a nuestro alrededor, pero nunca a nosotros mismos; así que deja todo lo que estas haciendo, sal a dar una vuelta, ve por una cerveza, un café o tu bebida de preferencia y dedica una hora para hablar contigo mismo y aclarar la mente. No es sencillo y no es inmediato, pero si es posible. Confía en tu voz interior, en esa felicidad que sientes cuando te visualizas haciendo lo que te apasiona y todo se va a acomodar solito.

Photo by Ian Schneider on Unsplash

Acerca de marianabzcs

Emprendedora adicta a la lectura, los nuevos negocios y la responsabilidad social. No lo sé todo, pero todo lo investigo. La mejor manera de conocerse uno mismo es iniciar un negocio.

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