El desmadre

Emprender sin miedo, no es emprender.

Como por arte de magia, un día tienes una idea de negocio. Piensas a quien le vas a vender, buscas más información y lo platicas con un par de personas sólo para descartar que sea la idea más descabellada del mundo. Consigues validar la idea y enloqueces. Evalúas los pros y contras de hacerlo, haces cuentas, revisas tus ahorros y con cada paso estás más convencido de que puede funcionar.

Los días pasan, sigues emocionado. Buscas más información sobre la industria, piensas en tu ventaja competitiva y encuentras a tu competencia. Piensas “No sabía que había tanta competencia” y dudas un poco. Te preguntas cómo un negocio nuevo va poder con competidores que llevan años en el mercado; “Mi ventaja competitiva. ¡Eso! Eso es lo que me va a hacer sobresalir, seré mejor que la competencia y también me comprarán a mi”. Decides dormir un poco (por que claro, llevas varios días sin dormir por esta pensando en tu futuro emprendimiento) y mañana seguirás trabajando en la idea. A la mañana siguiente, mientras te arreglas para ir al trabajo, sigues pensando; lo sientes y sabes que esto puede ser un buen cambio. ¡Por fin, podrás dejar tu trabajo!.

Llegas a tu trabajo y la rutina diaria continua. Checar correos, ir a reuniones, hacer llamadas y reportes. Acabas exhausto (como siempre) y al llegar a casa, no piensas en nada más que echarte en el sillón, con una cerveza bien fría y Netflix. Mañana seguirás con el proyecto, ahora estas muy cansado para pensar claramente. Al día siguiente la rutina vuelve a aparecer; ir al trabajo, al gimnasio, salir a cenar, regresar a casa (con más, menos variaciones dependiendo de la semana) pero el trabajo te vuelve a jalar al lado obscuro. Todos los días pospones continuar con tu proyecto, diciéndote que el fin de semana lo haces, cuando tengas más tiempo. Hasta que llega el día en que ves un post en Facebook con tu idea de negocio pero con otro nombre, te das cuenta que no le diste la atención suficiente y a alguien más se le ocurrió esa gran idea y si la hizo realidad.

Mientras tomas una cerveza con tus amigos les cuentas, entre encabronado y frustrado, que una nueva empresa desarrollo tu idea. Que lo tenías todo pensado, sólo no actuaste. Después de que te desahogas, te vas a dormir tranquilo de que pronto, muy pronto tendrás otra idea y esta si la vas a llevar a cabo.

Para muchos, esta historia es de miedo. Es de miedo por que a todos los que hemos emprendido nos ha pasado. Es la historia de terror de no poder dejar nuestro trabajo godín para poder cumplir nuestro sueño y quedarnos estancados; de hacernos mil y un preguntas: ¿Y si fracasa? ¿Y si a nadie le gusta? ¿Y si me quedo sin dinero? ¿Cómo voy a vivir? y así sucesivamente hasta generarnos tal pánico a nosotros mismos, que lo bloqueamos y seguimos adelante con la rutina ya conocida. A diferencia de una historia de terror, en este caso el malo (que es el miedo) nunca muere. El miedo a la incertidumbre, a las preguntas, a no saber si funcionará o no, siempre estará ahí. Aún después de varios años de haber iniciado, ese miedo sigue latente; cuando lanzas un nuevo producto, abres una nueva sucursal o haces un cambio de imagen. Sí, el miedo no desaparece y en su momento no lo podamos ver, pero es algo bueno. El miedo es lo que nos impulsa a seguir adelante, a buscar diferentes maneras de hacer las coas y hacer que funcionen. Se podría decir que es nuestro motor.

Pero sólo esperar a que todo salga bien y no poner manos a la obra no funciona. Por eso, te compartimos algunos tips para que dejes de tener miedo y te avientes a empezar ese nuevo negocio antes de que alguien más lo haga.

  • Planea y ejecuta. Se vale planear siempre y cuando ejecutes lo planeado. Si quieres más información sobre como planear bien tu negocio, te recomendamos nuestro artículo ¿Qué debo de saber antes de empezar mi negocio?
  • Ten un plan B. Éste no tiene que estar detallado y no debes de hacer todo un pergamino con información, sólo debes de saber que hacer en caso de que el plan A falle. Tener una red de seguridad por decirlo así.
  • Ten un guardadito. Siempre vamos a pensar en el dinero, si hay, si no hay, si se puede gastar o no. Para que estés más tranquilo, ten un guardadito para la temporada de vacas flacas. Calcula tus gastos y ahorra para los momentos en que las ventas bajen o para tomarte unas buenas vacaciones.
  • Saber que hacer cuando el negocio despegue. Cuando emprendes el inicio es lento; te vas acoplando a un nuevo ritmo de trabajo, a retos que no sabías que enfrentarías, todo es nuevo, brillante y bonito. Luego empieza a crecer y el caos viene con el crecimiento. Ten un plan para saber como operar con 5, 10, 15 o hasta 100 clientes y que recursos necesitas.

Además de estar preparados en papel, hay que estar preparados mentalmente. La confianza en uno mismo es básica para emprender y aún no existe alguien que pueda predecir si un negocio será exitoso o un completo fracaso. Así que en cada uno de nosotros está el hacer que sea un éxito y si por cualquier razón no funciona, empezarás un nuevo proyecto, una nueva empresa y lo volverás a hacer todo de nuevo, por que ya sabes que estás hecho para salir adelante y una vez que emprendes una vez, es fácil volverlo a hacer.

Empezar con miedo es mejor que empezar sin él, ya que si no te da miedo quiere decir que no vale la pena el riesgo.

Photo by Stefano Pollio on Unsplash

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