Amor en el ocaso
El desmadre

¿Es amor o sólo un mentor?

Se puede confundir con un alma gemela, pero es sólo un mentor que te ayudará a sobrevivir tu etapa de emprendedor.

Ser emprendedor es algo que simplemente sucede.

Todos lo pensamos más de una vez y contemplamos la bella idea de que tener un negocio propio haría que nuestra vida fuera más sencilla y feliz, o ¿alguno de nosotros no nos imaginamos siendo exitosos desde el día 1?

Después de tanto considerarlo, un buen día sucede. Renuncias a tu trabajo y te aventuras al mundo maravilloso de decirle a alguien más que haga lo que tu ya no quieres hacer. Al segundo día de haber iniciado, te das cuenta de que no eres exitoso y no sabes por que; empiezas a leer las estadísticas sobre la cantidad de emprendedores que fracasan durante los primeros dos años, te das cuenta de la cantidad de cosas que tienes que hacer de administración que no sabias que existían, Googooleas todo sobre finanzas y en un ataque de pánico descargas el libro “Finanzas para Dummies” para ver si hay algo de claridad en como hacer una factura. En ese instante te arrepientes de haber renunciado, quieres regresar a esa vida Godín de estar seguro de que en la quincena te van a depositar.

Los que ya pasamos por eso, vemos todos esos pensamientos y sentimientos de ansiedad como algo jocoso que recordar…hasta que nos vuelve a pasar. Es muy distinto entrar en pánico en una situación en la que no sabemos a lo que nos enfrentamos, que estar en una situación en la que crees que estas aprendiendo hasta que te vuelves a dar un madrazo contra la pared. SPOILER ALERT ¡este tipo de aprendizajes nunca terminan! Cuando crees tener el dominio de tu empresa y de tu mente (que es más complicado que manejar un negocio, mientras haces malabares con una mano y parado sobre un pie) las cosas más sencillas te llegan a cimbrar el piso. Puede ser un comentario de alguien que sigue creyendo que los emprendedores sólo “tienen mucho tiempo libre” o de otro emprendedor que te cuenta como perdió a un gran cliente o también puede ser una historia que te inspira a hacer más cosas y así conquistar el mundo entero.

No importa si empezaste tu negocio solo o desde el principio has tenido un socio; tampoco importa si eres godín de tiempo completo o freelance, todos hemos tenido días en los que estamos hasta arriba y somos los más chingones y días en que estamos tan bajoneados que creemos que escuchar canciones depresivas y comer helado es nuestra única salida; pero … para este y cualquier otro momento de tristeza existen los mentores (sí, suena muy similar a un slogan de una famosa marca de tarjetas de crédito, débito y servicios).

En el penúltimo capítulo de su libro “Pasión por emprender, de la idea a la cruda realidad”, Andy Freire menciona que tener un mentor de vida cuando se esta emprendiendo es una de las cosas que puede hacer la diferencia entre un negocio exitoso y uno que fracasa. Un mentor puede ser cualquier persona, incluso un desconocido, que te dice las palabras correctas en el momento correcto para que puedas seguir adelante y cumplir con tus metas; ojo, estas palabras pueden ser de aliento o nos pueden meter un cague para que reaccionemos. Los mentores vienen en distintas presentaciones, se materializan en cuanto menos lo esperas y se sienten como una brisa refrescante en un día soleado (una disculpa por el momento de romanticismo) y si somos inteligentes no los dejaremos ir. Entre muchas de las cosas que nos puede dejar un mentor, nos quedamos con el impulso que nos dan para seguir creyendo en nosotros mismo y de hacer que las cosas sucedan.

Así que como diría un gran mentor (un maestro de la carrera de Merca por ahí del 2010) “Lo más preciado que les puedo decir es que para tener éxito, se rodeen de personas más exitosas que ustedes”.

Seamos nuestros propios mentores y busquemos otros que nos ayuden en nuestras adversidades, en nuestras alegrías y en nuestro desmadre.

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