¿Necesitas un plan de marketing? Sigue estos 7 pasos para hacerlo

Hace un par de semanas estuve en un evento bastante informal que reunía a un grupo de personas interesadas en marketing. El grupo era variado y consistía de programadores, marketeros y los despistados que hasta ahorita se dieron cuenta de lo increíble que es el marketing y le están dando un giro en su carrera. Durante la velada, platique con una chica que pertenece a este último segmento y, que ya entrados en materia, comenta que “esto del marketing es nuevo, es reciente, por lo que estudiarlo ahora es el momento ideal”. Me quede con el ojo cuadrado. La perdone por ser contadora (sin ofender a los contadores) y a que seguramente nació en la época en donde las redes sociales ya eran algo normal; por lo que únicamente me limité a decirle que el marketing ha evolucionado y por ende nosotros, como especialistas, debíamos de evolucionar con él.

El comentario de esta chica, aparte de muy gracioso y para nada cierto, es un pensamiento más común de lo que creemos. Pensar que el marketing es una nueva disciplina no es tan descabellado por el simple echo de ver la velocidad en la que se transmite la información, se cambian de tendencias y con la que los influencers pueden estar en la cima de la montaña, para caer en una campaña mal gestionada y ver como sus sueños se derriten como chocolate en pleno verano. Este pensamiento no sólo le surge a aquellas generaciones que no tuvieron que tomar clases de radio y televisión para saber como medir el retorno en la inversión, pero también le surge a los emprendedores y dueños de pequeños negocios que necesitan adaptar su comunicación para que vaya al mismo paso que el de la tecnología.

El plan de marketing

El primer anuncio que vio la luz del día y el video patrocinado que acabas de ver en Facebook tienen una razón de ser, en ocasiones no es la razón adecuada, pero siguen teniendo un propósito; y todo se debe a los distintos objetivos que tenemos con nuestras empresas. El marketing y las ventas no suceden por arte de magia y tampoco suceden por meterle un chingo de dinero a Google o a Facebooks Ads. La nueva razón del marketing es poder conectar con tus clientes y seguidores para que seas LA marca que sobresale ante la competencia. ¿Cómo puedes empezar a plasmar esto? Con un plan de marketing.

El plan de marketing funciona de la misma manera que el plan de negocios de tu empresa, pero para que no te hagas bolas, estas son los 7 puntos en los que te debes de enfocar para involucrarte en la nueva generación de marketing y llevar tu negocio al siguiente nivel.

Cómo empezar un plan de marketing

1. Quién eres, qué haces y porqué lo haces. Lo primero que hay que tener claro es que hace nuestra empresa (obvio sabemos que sabes que hace tu empresa) pero lo tienes que plasmar para que este concepto no sólo exista en tu cabeza. Escribe su razón de ser, su historia, si tiene socios, cuantos empleados hay y lo más importante que productos o servicios vende.

2. Conócete a ti mismo. ¿Cuál es la situación actual de tu empresa en términos de visibilidad en línea? Acuérdate que estar en línea no es sinónimo de tener una página de Facebook o un perfil en Instagram. Tu presencia online esta determinada por las herramientas que utilizas para hacer llegar los mensaje adecuados a las personas adecuadas. Mide el rendimiento de tu página web, cuantas visitas tiene, que páginas son las más visitadas, de donde vienen las visitas, que redes sociales utilizas y que métricas de engagement tienen (los likes no cuentan); por último identifica cuales son las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas de tu negocio. Esto te ayudará a saber en dónde estás, que tienes y por dónde debes empezar.

3. Conoce a tu competencia. Lo he dicho varias veces (y de hecho muchas personas lo dicen), pero lo volveré a decir por si son nuevos en el blog: nuestra competencia esta ahí y existe para motivarnos y para buscar nuevas formas de hacer las cosas. Son ellos los que nos mantienen a la vanguardia y los que nos hacen innovar para reinventarnos en todo momento. Hacer un análisis de tu competencia te hará ver tus áreas de oportunidad y es posible que haga que se te prenda el foco (ojo aquí: que se te prenda el foco no quiere decir que copies o hagas plagio de tu competencia, eso es un NO rotundo por donde lo veas). La información que debes de buscar es esencialmente la misma que identificaste para tu negocio en el punto anterior pero enfocado a tus competidores, así que saca tu lupa, ponte a investigar y haz que gire la ardilla.

4. Conoce a tu público objetivo. Identificar los datos demográficos de nuestros clientes es sencillo, pero ya no es suficiente. Hoy en día debemos de adentrarnos un poco más y realmente conocer hacia quién estamos enfocando nuestros esfuerzos de marketing. Además de conocer su edad y en donde vive, debemos de conocer sus intereses, que contenido le gusta y con cuáles interactúa; así como obtener más información sobre como se comunica y a quien acude cuando necesita recomendaciones de compra. Entre más sepas mejor.

5. Haz tu propuesta de marketing. Ya que conoces todo lo anterior, podrás plasmar lo que quieres obtener de tu marketing. Empieza por identificar los objetivos de marketing que quieres lograr (incrementar ventas, aumentar las visitas en sitio web o el engagement en redes sociales), las estrategias y tácticas para lograr estos objetivos y las métricas que te ayudarán a medir lo que estas haciendo. No olvides que tus objetivos deben de ser SMART (Específicos, Medibles, Alcanzables, Realistas y en Tiempo), y que tienes que identificar los canales y el contenido que necesitas para lograrlos.

6. Establece un presupuesto. El alcance orgánico esta muerto, es triste pero cierto. Así que para que no te quedes como un artículo o foto más en el ciberespacio, determina un pequeño presupuesto para poder promocionarte en los canales adecuados. Apóyate del análisis de tu empresa y de tu plan de marketing para saber en que canales debes invertir y cuanto. No necesitas invertir miles de pesos, con que tengas claro el objetivo y lo que quieres lograr con cada publicación lo podrás alcanzar con poco dinero.

7. Si no funciona ¡cámbialo!. Para realmente saber si una estrategia funciona o no necesitas tiempo. Tiempo para poder ver los resultados, para saber que sirvió y que no, y como reaccionaron tus seguidores y clientes. Una vez que haya pasado un periodo de tiempo considerable (como mínimo tres meses) podrás ver información interesante que te ayudará a continuar con el plan original o hacer modificaciones. Aprovecha esta gran oportunidad que te brinda el marketing digital y prueba, mide y cambia.

Hacer un plan de marketing puede sonar engorroso y hasta un poco aburrido, pero si te concentras lo puedes tener listo más rápido de lo que te imaginas y la información que vas a obtener te va a ser de mucha ayuda. Si estas empezando solo, te recomiendo que rebotes tus ideas con la persona a la que más confianza le tengas para que puedas tener perspectiva nueva y diferente; y si tienes a un equipo de marketing, no delegues la responsabilidad completa, como dueño de negocio también es tu responsabilidad saber que está pasando y asegurarte de que los objetivos de marketing estén alineados con los objetivos globales de la empresa.

¡Feliz planeación!

AUTORA

Mariana Báez
Mariana Báez Camargo

Emprendedora adicta a la lectura, los nuevos negocios y la responsabilidad social. No lo sé todo, pero todo lo investigo. La mejor manera de conocerse uno mismo es iniciar un negocio.

 

 

 

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Carta a mi yo emprendedora

La idea ya había pasado por tu mente, “Cuando sea grande voy a poner mi propio negocio.” Te hacía ilusión tener una pequeña cafetería, levantarte temprano para abrir y tener el control de lo que pasaba o no con tu pequeño changarrito. Querías ser como todos aquellos dueños de su negocio que se ven tan felices, y sabes que algún día serás parte de ese grupo selecto.

Sin pensarlo, ese día llegó antes de lo que creías. No tuviste que esperar a tener 50 años para ser emprendedora, pero chance y si vas a tener que esperar un poco más para tener tu cafetería. Ser emprendedor se ve fácil, se ve como un reto que puedes afrontar, pero sobretodo un reto que vas a poder cumplir aunque no tengas idea de cómo hacerlo. Has leído que cuesta sangre, sudor y lágrimas, aún así algo en ti dice que puedes hacerlo. Ves con ilusión el futuro. Te visualizas despertándote temprano, con un café en la mano, el sol brillando por la ventana pensando que va a ser un buen día. Tomas tu café tranquila, feliz y con una sonrisa en la cara porqué no le tienes que rendir cuentas a nadie y por que tu día depende completamente de ti. Esta es la visión romántica de lo que es ser emprendedor, es la versión de los cuentos de hadas en dónde al final todo es color de rosa. Lees artículos sin parar, hablas con un par de emprendedores (en este momento tampoco conoces a tantos) y aunque todos concuerdan en que es difícil ser emprendedor, no crees que sea tan extremo como lo dicen; total, cada quien tiene sus experiencias y habla como le va en la feria.

¡Oh la inocencia!

Desde el primer momento te vas a dar cuenta que está nueva realidad es algo inesperado. Es algo que supera cualquier expectativa o imagen de lo que pensaste que es ser emprendedor. Los días parecerán más largos, con cada paso que des te encontrarás con una nueva idea, un nuevo concepto y una nueva responsabilidad que no habías tomado en cuenta. Intentaras abrir tu círculo de emprendedores y te vas a dar cuenta que tus habilidades sociales se ven opacadas en frente de emprendedores más experimentados, que te hacen pensar que no tienes la más mínima idea de lo que estás haciendo. Te sentirás minúscula en más de una ocasión y habrán personas que te harán sentir minúscula en más de una ocasión. Pero eso no es cierto. No eres minúscula, eres grande. Tendrás que aprender a darle valor a las cosas pequeñas, a celebrar cada paso como si fuera el último y ver cada fracaso, cada error y cada paso hacia atrás como un aprendizaje. Vas a tener que aprender a no ser una víctima y que si te caes, sólo tu te vas a poder levantar y entre más tiempo le des vueltas al asunto, más tiempo vas a perder en poder hacer cosas más productivas.

Vas a tener que aprender a vender, a mejorar tu técnica con cada cliente y a encontrar tu propio ritmo de trabajo. Habrá días en los que las horas no son suficientes, se te va a olvidar comer hasta que ya sea hora de cenar. El café (por aquello de mantenerte despierto) y el riopan (por aquello del estrés, la ansiedad y el café) se convertirán en tus aliados infalibles, pasarás más horas pensando en tu proyecto que en contestar los mensajes de tus amigos y se te olvidarán una que otra fecha importante, pero tus amigos lo entenderán. Planearás hasta cansarte, pero sabes que lo haces por algo y no nada más “porqué hay que hacerlo”. Te quieres aventar así sin más, pero cuando cierras los ojos sabes que el paracaídas aún no está listo; no esperes a que todo este planeado hasta el último detalle para poder dar este gran paso, aviéntate, arriesga y el propio camino te va a decir que es lo que sigue. Haz las cosas correctas, con todas las de la ley y pagando todos los impuestos aunque cada mes pienses que es un abuso lo que te están quitando. Lleva un control de lo que ganas, lo que gastas y lo que usas; preocúpate por tener suficiente, pero no dejes que los pensamientos de escasez llenen tu mente y dejes pasar oportunidades por pensar que te vas a quedar sin dinero. No lo malgastes, siempre invierte en ti o en tu negocio.

Muchos te llamarán inexperta, especialmente cuando hablamos de temas de consultoría, y otros te llamarán chingona. Muchos otros te van a juzgar y otros tantos te tendrán envidia (de la buena, mala o ambas). Vas a compararte con los demás, preguntándote que han hecho ellos para tener el éxito que tienen, mientras tu sigues en el mismo lugar. ¡EY! no estás en el mismo lugar, has avanzado tanto que no te has dado cuenta que todo a tu alrededor es diferente. Sigue en movimiento, sal de tu zona de confort cada vez que sea necesario, mirando a tu alrededor, pero siempre con la vista en el objetivo. Conocerás a personas que hacen lo mismo que tu y personas que te dirán que lo hacen mejor que tu. Evita entrar en el circulo vicioso de conocer a tu competencia y obsesionarte con lo que están haciendo y conviértelo en un circulo virtuoso en el que puedes tener una buena colaboración, crear un producto o servicio en conjunto o simplemente conocerás a alguien que te pueda ayudar en temas en los que en verdad no eres experta. Ah, por que esa es la otra, tienes que aceptar que hay cosas que no sabes y pedir ayuda va a ser necesario. Pídele ayuda a alguien que sepa (si es un amigo asegúrate que le vas a pagar o por lo menos invitar unas cuantas cervezas) contrata a un especialista o toma un curso para que te puedas enfocar en lo que realmente sabes y te gusta hacer. No tengas miedo de cuanto te va a costar, acuérdate que tienes que invertir, pero no regatees; si a ti no te gusta que los clientes te regateen no hagas lo mismo con los demás. Paga un precio justo y si es alguien que va empezando como tu y puedes ayudarle a poner un precio, hazlo, todos acabarán beneficiados.

Aprenderás muchas cosas, más de las que pudiste haber aprendido en la escuela. Entenderás que todos somos muy amigos hasta que hay dinero de por medio y perderás un par de amigos por querer “hacer el favor”. Entenderás que tener un socio es un compromiso mayor incluso que casarte y estarás agradecida que no firmaste ningún papel antes de que tu socia desapareciera. Te vas a emocionar, desilusionar y habrá más de una vez que vas a querer tirar la toalla. Te preguntarás si eres la única que se siente así y si las sonrisas que todos ponen en sus perfiles son falsas.

Ser emprendedora sacará lo mejor y lo peor de ti. Habrá momentos en donde estés en la cima del mundo y otros en dónde te sentirás tan pequeña que vivir en “Querida encogí a los niños” se quedará corto. Conocerás a grandes personas que te van a querer ver triunfar, pero también conocerás a personas que van a abusar de tu amabilidad y conocimientos, te van a ver la cara y te van a chingar. Esas personas son las que te van a hacer más fuerte, te van a dar más experiencia y harán que tu caparazón crezca para identificarlos más rápido cuando se vuelvan a aparecer en tu camino. En algún punto, no sabremos en que momento, te vas a dar cuenta que emprender es una carrera de resistencia y no de velocidad; vas a estar en el último kilómetro y vas a querer pararte para tomar un respiro aunque sabes que tu ritmo de carrera va a decaer completamente. Pero es ahí, en ese último kilómetro cuando llegará alguien, te tomará del brazo y correrá contigo recordándote con cada paso que los sueños no se consiguen con sólo desearlos, sino se consiguen luchando por ellos. Ese último kilómetro es el definitivo, en el que encontrarás las fuerzas para terminar sólo para darte cuenta que la meta es un nuevo comienzo, una nueva carrera, un nuevo reto que vas a tomar con una nueva perspectiva, con entusiasmo y con energía.

Es muy pronto para que te des cuenta, pero un día vas a saber que todo ha valido la pena cuando seas tu la que corra de la mano de alguien que no puede terminar ese último kilometro, el día en el que le des a alguien la misma ayuda y apoyo que te han dado a ti. Te vas a dar cuenta que todo vale la pena por escuchar a una nueva amiga decir que eres una inspiración para que también ella pueda ser emprendedora.

No te rindas. El camino es cansado, pero las recompensas serán mayores a los disgustos. Este no es el momento de tirar la toalla, si ya corriste 15km sólo te faltan 6 para completar el medio maratón.

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¿Estar o no en línea? Esa es la cuestión.

Para muchos la respuesta obvia es estar en línea, sobretodo para nosotros que estamos escribiendo esto y para ti que lo estás leyendo. Pero para muchos otros, aquellos que no crecieron en una era tecnológica, la respuesta no es tan sencilla. Hoy en día muchas cosas suceden en línea, podemos enterarnos de las últimas noticias, compartir nuestras vivencias en tiempo real, además de otras cosas como conocer las promociones de nuestras marcas favoritas y hasta comprar dando click a un botón; todo esto con tan sólo tomar un teléfono inteligente y abrir una red social.

Poniendo a un lado la parte humana de las redes sociales (y el objetivo de Mark Zuckerberg que era unir a la gente), los avances tecnológicos han hecho mucho más fácil la interacción de las marcas con sus consumidores, teniendo una comunicación bilateral y constante, que genera información de valor para mejorar un producto o servicio, o sencillamente incrementar y mejorar la experiencia de compra y elevar la percepción de la marca.

¿Cómo vender en línea?

Ahora bien, estar en línea no significa lo mismo para todas las empresas. Existen muchos medios de comunicación, herramientas y redes sociales que sirven para diferentes tipos de negocios, de todos los giros y en cualquier parte del mundo; porque, seamos honestos ¿cuántos de nosotros no seguimos marcas que no existen en México, simplemente por que nos gusta su esencia y la manera en la que comunican? (además, la magia de la globalización hace posible que podamos pedir algo de su tienda en línea). Sin embargo, aún existen muchos negocios que se hacen “a la antigüita”, es decir, que el dueño sigue pensando que la mejor manera de atraer clientes es ir a tocar su puerta o que un folleto con sus productos es una mejor herramienta que una página web. Incluso hay algunos que aún le temen a la nube por qué algo no puede existir sin que se pueda ver.

Nos guste o no la tecnología, entendamos o no como funciona el internet, actualmente es importante tener presencia en línea, ya que los consumidores se han vuelto más cuidadosos al elegir un producto o servicio y la búsqueda de información es indispensable en el momento de compra. Por esto, es importante identificar que es lo que mejor funciona para tu negocio. Es importante saber si tu cliente también está en línea o es de lo que sigue apreciando mucho más una llamada telefónica o una visita.

También tenemos que conocer los recursos que nos pueden ayudar para cada aspecto de nuestro negocio. Es muy común encontrarnos a emprendedores que cuando se habla de tener presencia en línea, lo primero que les viene a la cabeza es estar en Facebook y las ventas vendrán solitas. ¡ERROR! Sí, Facebook es una de las redes sociales más grandes, pero no todos los usuarios la utilizan para comprar o tener una interacción con una marca; muchos usuarios (principalmente los baby boomers o generaciones anteriores a los millennials) la utilizan sólo para estar en contacto con su familia, subir fotos penosas de sus hijos y compartir videos de chistes.

Entonces, si tu negocio va dirigido a un mercado que no nació con un teléfono en la mano, deberás de buscar alternativas para llamar su atención y que puedan comprar de manera sencilla tu producto o servicio.

5 opciones para tener presencia online

Afortunadamente, el mundo cibernético crece cada día y por opciones no paramos.

1.Tener un lugar en donde este toda tu información. Cuando investigamos sobre una marca, lo queremos saber todo. Que productos o servicios ofrece, cuanto cuesta, que diferencia tiene con la competencia y hasta un poco de su historia. Al preguntarle al señor Google vamos a obtener muchas respuestas a estas preguntas, pero la primera fuente debe de ser tu propio sitio web. Nadie conoce mejor tu marca, así que tu eres la mejor fuente de información. No necesita ser una página muy sofisticada, pero sí debe de llamar la atención de tus futuros clientes.

2. Vende en línea. Para muchos vender en línea es tener una tienda en línea, creada y gestionada por uno mismo. Afortunadamente ya existen plataformas, tanto para productos como para servicios, que te permiten vender a través de ellos (obvio pagando una comisión) pero con la posibilidad de tener una mayor alcance y por ende mayores ventas. También existen las plataformas de afiliación, en las que personas promueven tus productos o servicios y si se realiza una venta a través de su página o blog, se llevan una comisión, convirtiéndose en tu nuevo equipo de ventas.

3. Desarrolla una estrategia de marketing digital. No te quedes sólo con tener presencia en redes sociales, toma ventaja de las herramientas para hacer campañas de e-mail marketing, colaboraciones con blogs o sitios web que puedan hablar de tu marca y crea contenido de valor para compartir en las redes sociales en las que está tu mercado meta (no todos están en el mismo lugar)

4. Utiliza los diferentes canales para hacer publicidad. Es hacer lo mismo que antes pero desde tu computadora. Youtube es la nueva televisión, los podcasts el nuevo radio y las redes sociales el nuevo periódico. Aunque puedes utilizar cada uno de éstos de manera constante y sin pagar, invertir un poco de dinero te dará más visibilidad y mayor alcance.

5. Da un excelente servicio y atención. Este punto es muy importante. Si toda la transacción de la compra en línea sale bien para el cliente no tendrás ningún problema; pero si sale mal, el cliente va a querer una respuesta y no sólo un mensaje en Facebook o un tweet diciendo cuanto lo sientes. Se atento, contesta las preguntas y dudas que tengan, da seguimiento y si es necesario levanta el teléfono para que sepan que hay una persona atrás de todo esto.

No tengas miedo a experimentar, a probar, medir y hasta cometer errores, ya que todo esto te ayudará a identificar que es lo que el internet tiene para ti y como te ayudará a llevar tu negocio literalmente a cualquier lugar del mundo.

Publicado originalmente en Roastbrief

No todos los hashtags son buenos (un aprendizaje de la semana)

Así fueron los aprendizajes de la semana:

  1. No todos los hashtags se deben de usar: La semana pasada nos encontrábamos en plena investigación de hashtags para una marca de ropa y bolsas de mujer, en específico para el post de una bolsa cruzada. Después de algunos minutos de ardua búsqueda entre fotos, influencers y famosas, nos encontramos con #everydaycarry que se traduce como “lo que cargo todos los días” y teniendo 2,333,927 publicaciones parecía ser una buena opción. La idea era buena y complementaba muy bien la publicación (porqué que mujer no lleva siempre una bolsa), hasta que decidimos entrar a ver las publicaciones de dicho hashtag. Si lo buscan en Instagram podrán ver que todas las publicaciones son sobre armas de fuego o armas blancas, cosas que claramente no van acorde a los valores de una marca de bolsas para mujer. Para terminar pronto, la expresión sí es utilizada para describir cosas que llevamos con nosotros todos los días, pero se ha vuelto extremadamente popular para todos aquellos que portan armas. Este ejemplo nos deja claro como un hashtag, por más publicaciones que tenga, si está mal utilizado puede perjudicar a una marca; así que no uses hashtags sólo por usarlos, utiliza aquellos que hablen de tu marca, sus valores, que realmente conecten con tu público y sólo para estar seguros, revisa antes de usarlos.
  2. A nadie le gusta que lo rechacen: Una de las primeras cosas que aprendemos como emprendedores es a saber que el no ya lo tenemos y lo que hay que conseguir es el sí. Esta mentalidad hace que muchas personas tomen valor, mientras que otras se queden con miedo de efectivamente recibir el no. Todos pensamos lo mejor de nosotros, de nuestro trabajo, de nuestro producto o servicio y queremos que todos lo vean igual. Pensamos que los clientes van a ver las mismas bondades que vemos nosotros y que no habrá manera en que digan que no… hasta que lo dicen. Recibir tu primer rechazo es fuerte, el shock dura desde horas hasta días en los que repasas cada detalle para identificar que has hecho mal y poder regresar con la solución perfecta para demostrar que si eres tan chingon como lo piensas. Esto puede pasar más de una vez, de hecho puede pasar cada vez que te rechazan. La duda llega y te preguntas si eres tu o son ellos, si realmente tu producto o servicio tiene ese valor agregado que tu ves o de plano no sirve para nada. ALTO. Antes de llegar al pozo sin fondo de la victimización en donde nadie comprende nuestro sufrimiento, debemos de hacer la reflexión sobre lo que ha ido bien y no tan bien de alguna presentación en específico, aclarar si el rechazo viene porqué no es lo que esperaban o porqué no es lo que necesitan. Acuérdate que siempre hay un roto para un descocido y si un cliente no acepta tu propuesta de trabajo, alguien más lo hará. Analiza que puedes hacer mejor y sigue tirando la caña para pescar el pez más gordo, entre más veces la tires más probabilidades tienes de pescar algo.
  3. Cuando se cierra un puerta, se abre una ventana. Existe una historia que cuenta como un hombre se queda en el techo de su casa después de una inundación. El señor le rezaba en todo momento a Dios para que lo ayudara y su fe era tan grande que sabía que Dios lo iba a salvar. Un rato después, pasa un hombre en una balsa y le dice que suba; el señor da las gracias y rechaza la invitación esperando que Dios lo salve. Los mismo pasa con un hombre en un barco, uno en una lancha y hasta un helicóptero. El señor sigue esperando que Dios lo salve, pero la inundación es tal que se muere y cuando llega al cielo le pregunta a Dios “¿Por qué no me salvaste?” y Dios le responde “¿Y la balsa, el bote, la lancha y el helicóptero que te mande?”. Esta bonita historia, que también puede contarse como un chiste, sirve para darnos cuenta que las oportunidades no siempre vienen de la manera y en el momento en el que las necesitamos o queremos. Las oportunidades se presentan y depende de nosotros identificarlas, tomarlas y sacar lo mejor de ellas. También nos podemos quedar esperando a que lleguen y toquen nuestra puerta cuando ya nos hayamos ahogado después de la inundación.

¡Hasta la próxima!

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Los 6 conceptos que debes saber para tener tu negocio en línea

El crecimiento es inminente en cualquier negocio, más cuando eres emprendedor y te quieres comer el mundo. Desde que nace la idea en tu mente estas pensando cual es el siguiente paso, cuantas personas vas a necesitar, a quien vas a contratar para que te lleve los temas legales y fiscales y lo más importante quien te va a ayudar (o cómo) a tener presencia en línea. Una vez que alcanzas ese punto de estabilidad en tu negocio, además de tener tranquilidad financiera y emocional, te preguntas que es lo que tienes que hacer para continuar creciendo y llegar a muchas más personas de las que llegas hoy. La respuesta parece sencilla y muy evidente: empezar a vender en internet.

Durante los últimos años hemos escuchado que todos lo que quieren dar el siguiente paso en su carrera de emprendedor son aconsejados para que vendan sus productos o servicios en línea; lo único que hay que hacer es poner una tienda, establecer los precios,  hacer los envíos y tener redes sociales para convertirte en el siguiente Jeff Bezos. La idea que se tiene del e-commerce es que es tan fácil que estás a un click de tus clientes y vas a ganar dinero mientras duermes; pero esto puede no ser tan sencillo, o incluso tan inmediato, para un emprendedor o una pyme como lo puede ser para una empresa grande con más trayectoria.

¿Qué es un e-commerce?

Empecemos por aclararnos en el concepto de e-commerce (sí, nos vamos a poner un poco técnicos para evitar confusiones de cualquier tipo). Tal como lo dice su nombre es un comercio electrónico y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) lo define como el proceso de compra, venta o intercambio de bienes, servicios e información a través de las redes de comunicación. Así que sí, es un negocio online y sí, cada vez esta tomando más fuerza en México y en el mundo. Ahora bien, para poder tener un negocio en línea, ya sea como complemento a un negocio tradicional o que se haya creado específicamente con este modelo de negocio en mente, es importante saber como lo vamos a hacer y que factores hay que considerar.

Antes de seguir, también es importante conocer el concepto de marketplace que seguramente ya viste en Facebook y es la pestañita en el que las personas compran y venden cosas. Y efectivamente, un marketplace es el lugar en donde se realizan transacciones comerciales entre empresas y consumidores o entre consumidores. En pocas y breves, un marketplace es la versión en línea de un centro comercial, ya que tienes todo tipo de productos en un solo lugar. ¿Cuál es la diferencia entre una tienda en línea y un marketplace? Que la tienda en línea tiene únicamente los productos o servicios de una empresa y el marketplace tiene varios productos de varias empresas (Amazon es el líder indiscutible de los marketplaces).

Seguramente te preguntas a que viene al caso la cátedra de conceptos que acabamos de dar, pero es importante saberlos y poderlos diferenciar par tomar la mejor decisión cuando se trata de adentrarnos en este modelo de negocio. Sin importar si tu empresa vende productos o es un proveedor de servicios, debes de tomar en cuenta lo siguiente para empezar de lleno.

¿Cómo emprender un negocio en línea?

  1. Haz números. No es lo mismo crear un sitio web a crear una tienda en línea. Tampoco es lo mismo tener tu tienda en línea a estar en un marketplace. Una tienda en línea tomará tiempo en crearse y que conforme a tus especificaciones, además del gasto de hosting, dominio y correo para poder dar una buena atención a tus clientes; mientras que en un marketplace debes de considerar los gastos de creación de la cuenta más los gastos de comisión que te cobran por cada transacción que tengas. Esto puede hacer la diferencia cuando tienes pocos productos o servicios, ya que te puede salir más caro el caldo que las albóndigas y terminarás pagando más de comisión que lo que ganas por el producto o servicio o simplemente no ganarás tanto.
  2. La entrega es crucial. Nadie podrá negar que hay un gozo inexplicable en ir a una tienda y tener la satisfacción inmediata al hacer una compra. Con los negocios online esa satisfacción inmediata se creía perdida hasta que Amazon empezó a hacer entregas en un día y en algunos casos en tan sólo unas horas. Lo mismo pasa con Zara y grupo Inditex, que en algunos países tiene la opción de entrega del vestido de moda el mismo día que lo compras. Así que debes de pensar cómo y en cuanto tiempo estarás entregando tu producto o servicio a tus clientes, porqué esto más la atención que les des van a hacer la diferencia de que te compre a ti o a tu competencia o que de plano se vayan a una tienda a comprarlo. Ojo, en este punto también tienes que hacer números, porqué sí puedes entregar en el mismo día pero créenos lo pagarás muy caro.
  3. No perder el contacto humano. Hay dos principales razones por las que la gente no compra en línea, una es la desconfianza de que su información no sea cuidada adecuadamente y la otra es el saber que hay una persona atrás de la pantalla que le pueda resolver sus dudas y no es un robot que está tratando de conquistar al mundo. La atención al cliente es importante, pero en un e-commerce se vuelve una de las prioridades para que los clientes sepan que vas a contestar sus preguntas, darle seguimiento a su pedido, que su producto llegará a su casa en el tiempo establecido y si hay algún problema hay una persona de carne y hueso que la atenderá y no es sólo una respuesta automatizada.
  4. Relación calidad precio. Las estrategias de precio deben de estar presente en cualquier negocio, pero cuando hablamos de un negocio en línea hay otros gastos que tenemos que tomar en cuenta, como la comisión del marketplace, si el costo de envío lo pones en el precio del producto o lo paga el cliente y el cobro de transacciones con proveedores como PayPal. Una vez que hayas considerado todos los gastos adicionales (los de arriba son algunos ejemplos) responde las siguientes preguntas ¿tu precio es competitivo? ¿tu cliente está dispuesto a pagarlo y esperar a que le llegue el producto o que se concrete una cita o sea el día del curso en línea? La respuestas a estas preguntas, te ayudarán a definir tu precio y ser competitivo.
  5. Promoción, promoción, promoción. Si tener una estrategia de marketing digital para un negocio tradicional es importante, para un negocio en línea es tres veces más. Imagina que todo el esfuerzo que haces para cumplir con el customer journey desemboca en poner un link a tu tienda en línea o al lugar en donde se encuentra tu producto o servicio. Esto no quiere decir que ya tienes permiso de bombardear o atosigar a tu cliente, pero la conversión puede ser más rápida (no inmediata, sigue sin ser magia), además de que el contacto y la comunicación pueden ser más constantes; eso sin mencionar el gran incremento en tu base de datos para ¡crear más promociones!
  6. Los negocios en línea también pagan impuestos. El internet no es tierra de nadie y aunque tiene la gran ventaja de que puedes vender a nivel mundial, tu sigues teniendo que pagar impuestos a nivel local. Busca la asesoría de un contador para que te ayude a identificar bajo que régimen fiscal te debes de inscribir (puede ser desde persona física con actividad empresarial hasta crear una S.A o una S.C. dependiendo de tu negocio), como debes de realizar facturas para clientes nacionales e internacionales y otras cosas que no sabemos porqué nosotros no somos contadores. ¡Asesórate bien!

 Ahora ya toca arrastrar el lápiz y crear el plan de negocios para tu e-commerce. El miedo es el mismo a cuando crear un negocio físico, pero la pasión seguirá siendo tu motor. No esperes volverte EL mejor emprendedor en línea, tampoco creas que por tratarse de un negocio de este tipo vas a vender miles de productos en cuanto abras tu tienda.

El acercamiento a tus productos o servicios será más rápido, pero sin la estrategia correcta, la implementación adecuada y los mensajes originales, nadie te va a conocer y te convertirás en una página más en el olvido del ciberespacio.

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Estos son los aprendizajes de la semana

1.- Encontrar en los demás tu motivación: Las redes sociales son nuestras mejores aliadas, pero también pueden ser nuestras peores enemigas cuando de emprender se trata. Seguimos a expertos de nuestra industria, a nuestros competidores y a uno que otro que habla de temas que nos interesan, por lo que diario vemos sus actualizaciones y pensamos en como ellos han logrado tanto y como lo podemos conseguir para nosotros. Cada que vez que alguien tiene una nueva certificación, que cerró un nuevo cliente o ha logrado un nuevo objetivo, antes de pensar que ellos si tienen suerte (además de tenerles un poco de envidia), debes de tomar en cuenta el tiempo que lleva esa persona (o empresa) haciendo lo que hace, cuantas veces se habrán dado en la madre y se ha tenido que levantar y el trabajo que le ha costado llegar a donde están. En lugar de pensar que no podremos llegar a tener ese mismo éxito, hagamos la reflexión sobre lo que hemos logrado desde que decidimos ser emprendedores y veamos a estos emprendedores como inspiración para lograr nuestros propios objetivos. No todos los caminos de los emprendedores son iguales, cada quien tiene sus problemas, sus éxitos y sus fracasos, y ten por seguro que cuando cumplas tus objetivos tu también vas a querer gritarlos a los 4 vientos como todas las personas a las que sigues y habrá alguien preguntándose como lo hiciste.

2.- Esta bien pedir ayuda: No sabemos en que momento se creó ese mito de que un emprendedor no debe pedir ayuda; es un mito que nos hace creer que somos superhéroes y que todo lo tenemos que solucionar nosotros (sobretodo cuando estamos empezando), desde temas sencillos como administración o el manejo de un negocio, hasta pasar por temas de financiación y soporte emocional. Todos aquí sabemos las altas y bajas que vienen con ser emprendedor, además del desgaste emocional de festejar tu primer post y luego darte cuenta que sólo lo vieron tus papás. Cualquiera que sea tu dilema emprendedor, no dudes en acercarte a quien más confianza le tengas y desahogar un poco tu alma. Hay que aprender a pedir ayuda a quienes saben cosas que nosotros no, a pedir un préstamo para poder lanzar un nuevo proyecto o platicar con alguien para tener una perspectiva diferente a un problema. Pedir ayuda no te hace un emprendedor débil, pedir ayuda te hace un emprendedor inteligente.

3.- Se vale decir que no, dejar a un cliente y buscar otras opciones: Cuando emprendemos nos queremos comer al mundo. Aceptamos clientes con los que no necesariamente trabajaríamos porqué por algún lugar se empieza y seamos honestos necesitamos mover el flujo de dinero; incluso hay veces que aceptamos condiciones que normalmente no aceptaríamos sólo por el miedo de perder un cliente. Ser emprendedor no es sinónimo de estar mendigando, cuesta trabajo, esfuerzo y muchos huevos hacerlo como para que alguien lo vea como sólo un trabajo o que no te de la importancia que te mereces. Di que no, rechaza clientes con los que no quieres trabajar, no aceptes que te regateen el precio de tu trabajo y trabaja con aquellas personas que te valoren y que ambos disfruten trabajar juntos. Si no te late, no lo hagas y aléjate de las malas vibras. Cuando dices que no, eres fiel a tu negocio, a tus valores y sabes lo que vale tu trabajo, los clientes buenos llegarán a ti.

4.- Con dinero baila el perro: A todos nos ha pasado, pero esta semana le paso a dos emprendedoras (que además son amigas). Ambas trabajan como asesoras y a ambas sus clientes no les han pagado; cada vez dan excusas más tontas sobre porqué no han pasado las transferencias, les piden que tengan paciencia siempre con la promesa de que “ya pronto te voy a pagar”. Aquí hay dos moralejas:

a) Si eres el cliente, no seas abusivo. Esta persona es tu proveedor y es tu obligación (sobretodo si tienes un contrato) pagarle, es su trabajo, de eso vive, así que cumple con los pagos y acuérdate que también los clientes se pueden hacer de una mala reputación.
b) Si eres el proveedor, asesor o lo que sea, no dejes que te quieran ver la cara. Está en ti evaluar hasta donde dejas que llegue el cliente y que tanto estas dispuesto a aceptar; recuerda que es tu trabajo y que te puedes hacer fama de “el que no se queja cuando no se le paga”. Pero ojo, antes de mandar a ese cliente por un tubo, asegúrate de tener otros clientes para que el golpe a tu bolsillo no sea tan fuerte.

5. -Las oportunidades no llegan solitas: Si crees que por tu cara bonita las cosas te van a salir como esperas, estas muy equivocado. Podemos desear con todo nuestro corazón que nuestro negocio sea exitoso, tener muchas visitas en el blog, incrementar nuestro flujo de dinero o llegar a ser un experto en nuestra industria, pero si no trabajamos para conseguirlo, nuestros más grandes deseos no se van a cumplir. Si quieres lograr tus metas (personales o emprendedoras) sal y pártete la madre tratando de buscar clientes, desvélate escribiendo artículos para publicar en tu blog, aprende todo lo que puedas y siempre, siempre, siempre hazlo con pasión. Habrá días en los que quieras tirar la toalla, en los que crees que tienes la peor suerte del mundo, pero ten paciencia, el universo da lo que pides y si pides y trabajas por ello, las recompensas llegarán.

¡Hasta la próxima semana!

Photo by Emma Matthews on Unsplash

8 consejos para combatir la ansiedad emprendedora

Durante toda mi vida he creído que no tenemos que ser un remanso de paz, ni pretender ser los seres más iluminados para poder controlarnos; sólo basta aprender a identificar cuando nuestros pensamientos se están saliendo de lo normal, cuando definitivamente ya estamos en una fase fuera de control y el mundo se está cayendo a pedazos en nuestra cabeza. En estos momentos es necesario hablarnos para hacernos reaccionar y traernos de vuelta a la realidad: “Hey… hey, si tú (pon aquí tu nombre), ¡tranquilo! ¡Contrólate y respira! Recuerda nuestra máxima: Cuándo no sepas que hacer, no hagas nada ¡solo respira!”

Y si, te puede parecer simple, pero ponte a pensar que los pensamientos negativos nos lleva a tener reacciones inmediatas e imprevistas, y son precisamente estas reacciones inmediatas de las que más nos arrepentimos después. ¿Y sabes porqué? Porque fue en esos famosos 5 minutos que reaccionamos sin pensar lo que íbamos a decir o a hacer, tomando decisiones no tan acertadas y que nos pueden llevar a cambiar el rumbo hacia un destino no tan acertado. ¿Y todo para qué? Pues únicamente para dar salida a lo que estábamos sintiendo en ese momento, y liberando la presión de los estragos que nuestras emociones estaban generando en nosotros mismos.

¡Ufff! Peligroso, ¿cierto? Yo diría que sí, ¡y mucho!

Este tema no es de hoy, ni es nuevo, ni improvisado. Ni nuestra educación, cultura, sociedad y tampoco nuestra anatomía nos ayuda. Hace tiempo leía en el libro de “Inteligencia Emocional” de Daniel Goleman el concepto de “Cerebro reptiliano” y “Amígdala”. ¡Caray! Seguro leer “reptiliano” ya te da todo un panorama de a dónde voy con esto. Cuando conocí estos conceptos entendí el porqué de nuestras reacciones aceleradas y sin control. Resulta ser que nuestro cerebro está dividido en tres: el cerebro reptiliano, el límbico y el neocórtex. En palabras simples, el cerebro primitivo es la estructura que se formó primero, y que está ahí desde los cavernícolas. En el cerebro primitivo se encuentra la amígdala, que es esa parte del cerebro que nos permite estar alerta ante cualquier amenaza. Esta parte del cerebro son las conductas simples e impulsivas, necesarias para la supervivencia, y gestiona las conductas de acuerdo a los estados fisiológicos del organismo: miedo, hambre y enojo, entre muchas otras. Este cerebro es lo que hacía que cuando un cavernícola veía a un mamut, en vez de pensar en su grandeza y majestuosidad, primero saliera corriendo y después diseñara acciones para cazarlo y alimentarse.

El cerebro límbico asocia experiencias y emociones, y obviamente está relacionado con el aprendizaje. Es decir, emociones agradables tendemos a repetirlas; experiencias dolorosas o poco satisfactorias tendemos a evitarlas. Y finamente tenemos el neocórtex, que son esos nuevos “pliegues” que fueron formando una nueva estructura de nuestro cerebro, más evolucionada, menos enfocada en la reacción y más dirigida hacia la racionalidad, al pensamiento sistemático y lógico.

¿Y por qué te estoy explicando todo esto? Porque, aunque estamos en pleno siglo XXI, aun hay estructuras de comportamiento fuertemente arraigadas en los seres humanos que responden más al cerebro reptiliano que al neocórtex, principalmente en temas de emociones.

En nuestra sociedad y como parte de nuestra educación no hay una cultura del trabajo personal y del enfoque en desarrollar nuestra inteligencia emocional. Desde pequeños nos dicen: “No te dejes”, “Si en la escuela te pegan, tu defiéndete”, “No dejes que te esté diciendo esas cosas, tú contéstale”, “Para un cabrón, cabrón y medio”. Un amigo me contaba que su papá le decía: “Si veo que llegas golpeado de la escuela, acá te va a ir peor, así que tu sabes”. En fin, la ley del que pega primero pega dos veces o pega más fuerte, no nos ha ayudado en nada a evolucionar como sociedad; y en mi experiencia, hoy en día una de las cualidades que la gente admira en otros es extrañamente eso: el control e inteligencia emocional.

Entonces ¿qué pasa con los emprendedores? ¿Cómo logramos controlarnos en esos momentos donde todo sale de control, donde nuestro negocio parece el mundo en llamas y dominado por robots que quieren acabar con la humanidad? ¿Qué pasa con esos días donde no es el mamut persiguiéndonos, sino nuestros clientes poniéndose difíciles, sin querernos pagar, quejándose de que quieren más resultados por la misma cantidad de dinero? ¿qué pasa con esos días donde sentimos que no agregamos suficiente valor, que nuestro producto no es suficientemente bueno, que el mundo nos dará la espalda y ya nos vimos actualizando nuestro curriculum y yendo a entrevista para volver a trabajar en una empresa? ¡Noooooooooo! (léase imaginando que vamos cayendo en una espiral hacia el mundo Godín).

Bueno, pues regresemos a la realidad donde en verdad el mundo no está tan mal.

8 maneras de regresar a ti

Cuando estés en esas situaciones intenta regresar en ti de esta forma:

  1. Reconócete en estos estados de ánimo exaltados. Aprende a reconocer que estás en una realidad alterna, y regresa. Cuando ya no estás prestando atención a lo que tu cliente te dice, o estás comiendo y en vez de saborear lo que estás probando, estás viendo como tu negocio tiene un anuncio de “Cerrado por bancarrota” o “Cerrado por no ser lo suficientemente bueno”, identifica que estás creando escenarios exagerados y poco apegados a la realidad y regresa.
  2. Si ya regresaste, respira. Parece simple, pero es en serio, si estás muy fuera de control respira profundamente. Inhala y exhala largo, pausado y profundo, hazte consciente de tu respiración. ¿Tú crees que la gente que fuma lo hace porque es un hábito maravilloso? ¡No! Date cuenta (o si no fumas piensa en alguien que si lo haga) como un cigarro te lleva a inhalar y exhalar profundamente, y eso precisamente es lo que te calma. Además de que, para echarte un cigarrito, tienes que salir del ambiente que te estaba generando ansiedad, enojo, tristeza o cualquier otra emoción. Practica inhalar, y exhalar; verás cómo poco a poco esa acción te hace regresar al momento presente, darte cuenta de lo que está pasando, y permitiéndote tener un campo más amplio para moverte y determinar cómo quieres reaccionar ante lo que está pasando.
  1. Se vale no reaccionar en el momento. Se vale pedir 5 minutos, se vale decir “déjame analizarlo y regreso con una respuesta”, se vale repetir la frase para poder recapitular y ver si estamos entendiendo correctamente lo que nos están diciendo. En otras palabras, es válido si no tenemos una reacción en el momento y nos tomamos unos minutos o un tiempo para determinar que es lo que realmente debemos responder o hacer. Date ese tiempo, habla con otras personas, haz las preguntas que creas convenientes. No todo es inmediato, no todo es instantáneo. Date permiso de analizar y dar una pensada a las cosas, incluso si lo tienes que repetir en tu cabeza para poder asimilar de mejor forma la situación.
  1. Identifica tus frases o situaciones catalizadoras. Aprende a conocerte e identifica que palabras o situaciones te “encienden” o generar una emoción que no puedes controlar fácilmente, de tal forma que cuando se presenten, ya sabrás reaccionas de cierta forma a esto y que es mejor jalarte las riendas para evitar sobre reaccionar o decir y hacer algo en lo que no saldrás bien parado.
  1. Incorpora prácticas de trabajo personal a tu vida diaria. Hablarlo todo con tus mejores amigos, o estar pensando todo el día encerrado en tu habitación respecto a una situación, no hará de ti una mejor versión de ti mismo. Se requiere trabajo personal para enfrentarte a situaciones que sabes que no controlas fácilmente, y principalmente que tu cuerpo y tu mente estén contigo cuando así lo necesites. Prácticas como la meditación y el yoga, en mi experiencia, ayudan muchísimo en el reto de conocernos a nosotros mismos y avanzar en controlar nuestras emociones.
  1. Lee libros o artículos de inteligencia emocional. Aunque parezca cliché, para nosotros los emprendedores, los libros son nuestra forma de capacitación no formal a bajo costo. A veces leer una frase inspiradora, un artículo interesante de trabajo personal o un libro que nos ayude a entender de estos temas, poco a poco nos va a haciendo sentido y los veintes comienzan a caer de a poco en nuestro día a día.
  1. Encuentra tu frase inspiradora. Siempre hay algo que nos hace volver a nosotros mismos. Yo tengo en mi repertorio algunas frases que hacen que, cuando me veo inmersa en mi mundo en llamas donde los robots dominan a la humanidad, me hacen entender que esa película ya me la he contado en el pasado y que debo salir de ahí para poder ver las cosas de forma objetiva. Busca cuál es tu palabra, frase o ese algo que te hace volver en ti, para centrarte y ver las cosas como son.
  1. Por último y la más importante: ¡CONFIA EN TI POR FAVOR! Ser emprendedor es complicado y requiere de un gran valor el salir todos los días a buscar clientes, generar ideas, aportar valor, cobrar facturas, motivar a tu equipo, administrar el dinero. Si, todo eso que cuando eras empleado otros lo hacían por ti. Date cuenta de que hoy tú haces todo eso y más, y son cosas que te sacan de tu zona de confort. Seguro habrá situaciones que domines muy bien y otras serán totalmente ajenas a todo lo que conoces. Pero todo es aprendizaje y están haciendo camino. Ten confianza en lo que estás haciendo, sé claro en tus planes operativos y estratégicos, ejecuta las acciones necesarias y sigue caminando. No todo saldrá perfecto ni a la primera, no eres perfecto, pero tampoco eres una pesadilla para tu cliente.

En fin, mis mejores consejos son: Aprende a respirar, aprende a tener frases salvavidas que te sacarán de situaciones complejas, y date tiempo para conocerte, valorarte y a tener a la mano la fuerza que requieres para hacer frente a cualquier situación que se presente.

Recuerda: No eres el primero ni el último emprendedor. Somos una comunidad, y estamos ahí los unos para los otros, viviendo experiencias muy similares y apoyándonos en esta red de sueños.

AUTORA

Pao Espejel
Paola Espejel

Profesional, mamá y emprendedora. Paola creó hace un año EMMAX, una empresa que ofrece soluciones en procesos, sistemas y clima laboral enfocado en yoga y meditación (Dharana). Paola ha trabajado en distintas empresas en las áreas de sistemas y atención a cliente. Gracias a que su pasión en la vida son la yoga y la meditación como herramientas para entender la mente y regular emociones, ha entendido que la máxima experiencia de la vida es esa: estar vivo

Para conocer más sobre el trabajo de EMMAX visita su página http://www.emmax.com.mx/

Del miedo a la realidad: la publicación de mi primer curso

Desde que empecé a dar asesorías a emprendedores en 2015, además del miedo de emprender, lo que todos tenían (y tienen) en común es querer tener presencia en redes sociales; pero no sólo quieren tener presencia, quieren tener más ventas. Siendo mercadóloga, habiendo trabajado en comunicación y relaciones públicas teniendo tratos con bloggeras y medio digitales, me generaba un poco de curiosidad que los emprendedores no pensaran en las redes sociales como un canal de comunicación, sino como un canal de ventas.

Gracias a mi naturaleza curiosa, me puse a investigar (lo que me llevo a horas de navegar por internet, algunas veces con sentido y muchas otras no) y me di cuenta que efectivamente la percepción de las redes sociales entre los emprendedores era como tener una sección amarilla digital en el que debes poner miles de anuncios para que la gente te compre. Afortunadamente, el mercado y los consumidores han cambiado y lo último que estos quieren es ser bombardeados constantemente con anuncios de compra. Lo que los consumidores quieren, es encontrar una marca que hable su mismo idioma, que conecte con ellos y si, que les solucione un problema. El meollo del asunto surge cuando no sabemos como llegar a estos clientes, como hablarles y nos urge vender (como a cualquier otro negocio), es por esto que los emprendedores utilizan las redes sociales sin un camino definido y aventando una que otra imagen, escribiendo uno que otro post e incluso he visto algunos que utilizan un perfil personal y no una página.

Viendo que estos errores eran cada vez más comunes y las preguntas sobre como vender más en redes sociales no paraban, me puse a pensar como podía ayudar a estos emprendedores pero a gran escala. Después de mucho meditarlo, llegue a la conclusión de que hacer un curso era la mejor opción. Primero me emocioné, luego dude muchísimo, luego me volví a emocionar y luego entre en pánico. ¿Cuánto iba a cobrar por el curso? ¿Debía cobrar por el curso? ¿La gente lo pagaría? ¿Tengo conocimientos suficientes para hacer un curso y que la gente lo compre? y como estas preguntas hubo unas 100 más, hasta que decidí que empezaría por crear el contenido y luego me preocupaba por todo lo demás.

La parte del contenido vino fácil, lo difícil fue estructurarlo. Mi mamá es maestra y tiene una paciencia impresionante, sabe como explicar, no se desespera cuando el alumno no entiende y sus métodos de aprendizaje son divertidos… Yo, soy todo lo contrario. Crear el contenido me preocupaba porque no sabía si iba a poder dar la información de manera que se entendiera, fuera concisa pero sobretodo que fuera útil. Lo escribí, lo revisé, lo imprimí lo modifique y como por la 5ta vez que lo leí quede satisfecha. Ahora venía lo divertido: el diseño; aunque no soy diseñadora, confié suficientemente en mi creatividad como para poder hacer algo que quedara bonito y lo demás se lo deje a CANVA. Mi siguiente duda era el formato. Tenia claro que necesitaba describir lo que estaba en la presentación para que quedara claro, pero no quería salir en cámara (que aunque si hablo con mi computadora, lo hago nada más cuando no reacciona y no quiero que muera) así que decidí que sólo grabaría mi voz.

Después de leer el script en voz alta unas diez veces, me senté, me puse los audífono y empecé a grabar…hasta que pasó el camión de la basura e hizo un ruido impresionante. Así pasaron las horas, los días y terminó la semana. Estaba cansada de leer lo mismo 50 veces y tener que repetirlo por algún ruido, por que había estornudado o porque ya tenía la boca seca de tanto hablar. Las horas nalga no paraban. Además de hacer el curso, tenía que seguir trabajando, escribiendo en el blog y buscando nuevos clientes, por lo que la frustración y las dudas se empezaban a acumular. Después, pasé a la parte de edición en donde comprobé que puedes tener las herramientas más chingonas, pero si no las sabes utilizar no sirven de nada y me fui a lo que mejor conozco: iMovie. Mientras todos esto pasaba y le comenté mi hallazgo a un par de personas quienes me motivaron a que siguiera adelante, me echaban porras de que sabía de lo que estaba hablando y sus palabras hacían que confiara cada vez más en lo que estaba haciendo.

Una vez terminado, vino la fase de prueba. De las 6 personas a las que les pedí que hicieran el curso: una lo hizo y me dio feedback casi inmediato, otra lo hizo a la mitad y no lo terminó, dos ni lo abrieron y otras dos se tardaron casi dos meses en darme feedback. Obviamente esto no ayudó a mi estrés y a mi miedo de que no funcionara el curso. La falta de respuesta me hacía pensar que el curso no era útil y que mejor siguiera con mi vida; y efectivamente lo deje en pausa hasta hoy, que decidí que no iba a permitir que mi miedo a que no funcionara me privara de saber si efectivamente podía funcionar. Monte mi escuela en línea, subí el contenido, cree la página de compra y aquí estoy sacando este proyecto a la luz.

Ahora bien, si yo estuviera leyendo esto, pensaría que es el speech de ventas más extraño del mundo, ya que, aunque aseguro mis conocimientos, soy honesta en decir que me costó trabajo organizar mis ideas y que el contenido fue hecho de la mejor manera posible, con las herramientas que tenían a mi alcance. Pero a pesar de todo esto, de haber batallado con mi poca experiencia como docente, logro transmitir los conocimientos que se que le serán útiles a los emprendedores ¿Por qué lo se? Por que es lo que hago todos los días con mi marca, es lo que hago todos los días para otras empresas y por que no me atrevería a cobrarle a alguien por algo que no le va a servir. Hoy doy un gran paso al volver a salir de mi zona de confort y enseñarle al mundo que tengo mucho que aportar y en diferentes formato. Aceptaré las críticas, buenas y malas, para seguir mejorando y seguiré trazando mi camino para cumplir mi objetivo de ayudar a otras personas a cumplir sus sueños, como yo estoy cumpliendo los míos.

El curso “Domina tus redes sociales. Una guía práctica para emprendedores” no es una varita mágica que hará que vendas, tampoco es la receta del éxito, es información útil para que alcancemos eficientemente a nuestro mercado meta y se enamoren de nuestro negocio tanto como nosotros estamos enamorados de nuestro desmadre emprendedor. Haber creado el curso y ponerlo a la venta, a sido un verdadero desmadre, con una montaña rusa de emociones que hasta este momento no paran. Tengo miedo, emoción y un poco de ansiedad de saber como va a terminar esto, pero tan confiada estoy de que todo saldrá bien, que ya estoy pensando en que otro curso o ebook puedo crear para seguir apoyando a emprendedores como yo. (Si tienen algún tema en mente déjenlo en los comentarios)

Si te interesa el curso inscríbete aquí, y tanto si te interesa o no mucho, por favor comparte para que pueda llegar a más personas. Acepto opiniones, comentarios, sugerencias y observaciones (obvio con respeto, tampoco se vayan a poner agresivos) para que este desmadre cada vez tenga un poco más de sentido.

Sinceramente,
Su nueva maestra Mariana Báez-Camargo Sánchez (por que si tengo madre)

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El liderazgo desde mi punto de vista

Mucho se habla del liderazgo en las empresas, de que características debe de tener un buen líder y que tienes que hacer para serlo. Al igual que muchas creencias, considero que la imagen de un líder se ha llegado a idealizar tanto como en su momento Disney idealizó a las princesas y príncipes. Los medios de comunicación ponen en la mira a empresarios y dueños de negocio que llevan años de experiencia trabajando con equipos multidisciplinarios y te dan una lista de las 10 cosas que ellos hacen para ser excelentes líderes. Sí, esta bien, ¿pero siempre han sido así? ¿nunca perdieron los estribos? ¿nacieron siendo líderes o aprendieron tanto que llegaron a saber como ser buenos líderes? y ¿leyendo este artículo voy a ser igual de buen líder que ellos?

Cualquier que haya tenido un trabajo, ha tenido un jefe. Los que tenemos ya algunos años (no muchos) trabajando, hemos tenido buenos jefes, malos jefes y jefes que quisiéramos ver desaparecer. A mi me ha tocado trabajar con todo un poco; tuve un jefe que no delegaba, mientras yo me picaba los ojos sin hacer nada, también tuve otro que si te hacia una pregunta y no era la respuesta que esperaba (pero si la correcta) aparecía su versión Hulk y no había nada más que decir y, aunque mucha gente no me lo cree, trabaje con una Miranda Priestly que literal un día me hizo acompañarla al baño para que me siguiera contando todo lo que teníamos que hacer mientras ella hacia otras cosas (y no estaba precisamente retocándose el maquillaje, if you know what I mean). También he tenido clientes que son malos líderes, los que creen que son buenos líderes pero no lo son y los que en verdad son tan buenas personas que transmiten liderazgo a su equipo.

Además de haber tenido la experiencia como empleados, muchos hemos tenido la experiencia de trabajar con un equipo bajo nuestro comando al cual le debemos demostrar nuestro liderazgo, y no me dejarán mentir que hay veces en que ser un líder cuesta mucho más trabajo, especialmente cuando tu “subordinado” no da una.

¿Qué es ser un buen líder?

Hemos leído y escuchado más de una vez que un buen líder es aquel que va de la mano con su equipo para hacerlo crecer, que los ayuda e impulsa al cumplimiento de objetivos y lo más importante, que es una figura de la cual todos pueden aprender y ve por el bien de la compañía. Un buen líder es una persona que es bien intencionada, que sabe escuchar, que comparte sus conocimientos y que ve por un bien colectivo y no únicamente un bien personal. Pero este líder también es una persona; tiene días buenos y días malos, se desespera, pierde un poco la paciencia y ganas no le faltan de pendejearse a uno que otro (perdón, pero no encontré una mejor expresión). Es por esto mismo que creo que hay líderes que algunos empleados consideran buenos, mientras que otros no los pueden ver ni en pintura.

Si lo que tu quieres es ir a trabajar contento como dueño de negocio, empleado o el que limpia, y quieres tener una buena convivencia con las personas con las que trabajas, te comparto algunos consejos que te harán ser un mejor dueño de negocio, empleado o limpiador, sin importar si eres jefe o no y sin importar si te consideras un líder o no.

1.- Siempre hay algo que aprender: Hace algunos ayeres, cuando perdía los estribos, mi jefa siempre me decía “Lo que te choca, te checa” y aunque en el momento me encabronaba un poco más, cuando me calmaba lo entendía (y ahora lo entiendo mucho más). Cuando tienes un jefe que grita, que no te hace caso, que menosprecia tu trabajo y todos los días te preguntas que has hecho para merecer esto, mejor pregúntate que tienes que aprender de esa persona. Toma la iniciativa y trata de ir un paso delante de la situación, se proactiva, da respuestas a preguntas que no se han hecho y checa que es lo que te choca, por que seguramente tu haces lo mismo con alguien de tu equipo o con alguien en tu vida personal.

2.- Hay malos jefes, pero también hay malos empleados. La culpa siempre la tiene el jefe, es la versión godín de “Yo no choque, me chocaron” y esto tiene una explicación muy sencilla: es más fácil echarle la culpa a alguien más que aprender de nuestros errores. Pero la verdad es que hay empleados malos, malísimo y pésimos. Hay quienes hacen lo mínimo necesario, no ponen ningún esfuerzo en hacer las cosas mejor y cuando tu pierdes la paciencia como jefe la culpa es tuya e inmediatamente eres un mal jefe y por ende un mal líder. Este es otro momento de aprendizaje y de hacer una reflexión de lo que tu puedes hacer mejor y compartirlo con ese empleado para que cambie su actitud o descubras si hay algo en lo que puede ser más productivo y esa falta de ganas sólo se debe a que esta extremadamente aburrido.

3.- Escucha y comparte. Simplemente por ser personas con distintas personalidades, tenemos diferentes opiniones y maneras de ver las cosas. No siempre vamos a estar de acuerdo en todo y con todos, pero podemos escuchar y estar abiertos a nuevas posibilidades. Tu experiencia profesional y conocimientos cuentan mucho, pero a veces, y muy seguido, una perspectiva externa, fresca y nueva puede ser justo lo que necesitas para encontrar la solución a un problema y dejar de ahogarte en tu propio desmadre. Motiva las sesiones de brainstorming en con tu equipo, incentiva a que opinen y que todos trabajen en conjunto. Ojo, es importante que participes, acuérdate del punto #1.

4.- Se humilde. Me da mucha risa cuando las personas que se creen humildes presumen que son humildes (por si no se habían dado cuenta, eso es la anti-tesis de la humildad). Cuando eres emprendedor, dueño de un negocio o el jefe de un equipo, siempre da miedo admitir que no tenías la razón y aceptar un fracaso duele más que pegarte en el dedo chiquito del pie con la esquina de la mesa. En el momento en el que nos equivocamos, reaccionamos de mala manera o explotamos, no hay poder humano que nos haga aceptar que hemos actuado mal (y según yo es simplemente por naturaleza y por el momentum que llevan las cosas) pero bien dice el dicho es de sabios cambiar de opinión. Si tuviste un lapsus en tu momento de liderazgo y actuaste de una manera que tu mismo no consideras correcta o en verdad crees que te pasaste, esta bien que pidas disculpas, te retractes o hagas las cosas de manera diferente. Las personas a tu alrededor, y tus empleados, te lo agradecerán.

5.- Más sabe el diablo por viejo. Trabajando con dueños de negocios me he topado con algunos que no son considerados buenos líderes. Estos son los empresarios que llevan muchos años con su negocio, que están acostumbrados a hacer las cosas de cierta manera y trabajan a la antigüita. Son aquellos dueños de negocios que empezaron como emprendedores antes de que ser emprendedor se pusiera de moda y por lo tanto no son muy aptos a que las nuevas generaciones les digan como deben de manejar su negocio. Estos empresarios son considerados por muchos como malos líderes por lo mismo que su manera de trabajar es diferente, han pasado por buenas y malas y seguro han perdido bastante dinero en el proceso. Si trabajas con uno de ellos, en lugar de pensar en lo malos líderes que son y que cuando tu seas líder nunca vas a se así, piensa que por algo están en donde están y que algo puedes aprender de ellos (volvemos al punto #1) e incluso, puedes probar tus habilidades de comunicación y liderazgo al proponer una nueva manera de hacer las cosas o como yo, introducirlos al hermoso mundo de las redes sociales.

Como ven, este post no se trata de cómo ser el mejor líder; no importa si tienes personas a tu cargo, si tu puesto es gerencial o incluso si no tienes las habilidades que todos dicen que deben de tener los líderes, lo importante es saber tratar con personas, entender todos los días que la persona sentada enfrente de ti puede estar pasando por un mal momento y que no importa la edad, ni la experiencia, siempre podemos aprender de los demás.

El último consejo

Para terminar, si quiero recalcar que ser líder no significa que seas perfecto. Es normal que podamos perder los estribos, que nos desesperemos o que no sepamos en un momento determinado como guiar a otra persona; pero lo que no está bien es descargar esos momentos de ira y desesperación con las personas que están a tu lado, especialmente si son tus subordinados. Elevar la voz, regañar públicamente a alguien, ser agresivo y faltar al respeto no es aceptable seas o no un líder. Si estas en una situación en la que sientes que puedes explotar, toma 5 minutos, respira y regresa a tu centro para que no acabes hiriendo susceptibilidades y tu reputación como emprendedor, jefe, dueño de negocio y líder se vaya al caño. Todos somos humanos y por eso mismo, lo primero es respetar nuestras diferencias y tratar con respeto a los demás.

Ser líder es tener la capacidad de inspirar, motivar y compartir con las personas con las que trabajas para crear cosas increíbles que favorezcan a todo el equipo, a la empresa, a la comunidad, al medio ambiente, y en fin, a todos.

Así que aprende, comparte y vive el desmadre sin preocuparte de ser un buen líder y solo preocupándote por ser mejor persona.

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¿Crónica de un fracaso anunciado? No necesariamente

Hace algunos meses, publicamos un artículo en el que hablábamos de cómo uno de los retos más grandes de emprender es no perder la cabeza en el intento y no dejar que nuestros miedos nos paralicen y nos eviten conseguir nuestras metas, objetivos y sueños. Los emprendedores nos guiamos por la pasión; nuestra brújula interna nos lleva a pensar de manera innovadora todo el tiempo y a hacer que las cosas funcionen, o mejor dicho dejamos el corazón en la cancha (esta metáfora es patrocinada por el Mundial Rusia 2018). Pero aunque siempre vamos a hacer todo lo posible por que nuestros proyectos y empresas prosperen, para muchos llega un momento en el que hay que tomar decisiones que nos hacen replantearlo todo y hacernos la pregunta más temida por todos los emprendedores: ¿es momento de tirar la toalla?

Replantear tu negocio no es sinónimo de fracaso

Existen muchas, más bien infinitas, razones por las que una empresa no está logrando los resultados esperados. Algunas son internas y otras externas, el cambio en el mercado, los avances tecnológicos y las innovaciones dentro de las industrias son sólo algunos de los aspectos que nos afectan directamente y si no estamos preparados nos puede llevar la corriente. Antes de tirar la toalla y dejar que los pensamientos de fracaso inunden nuestra mente, cerremos los ojos, tomemos una inhalación profunda, exhalemos y lo más importante, no entremos en pánico.

Quien ha pasado por esta situación sabe que tomarse un momento para respirar es difícil (y no entrar en pánico puede llegar a ser casi imposible), el hacer una pausa para replantear el negocio no es malo, al contrario, puede ser justo lo que tu y tu negocio necesitan para poder continuar y regresar con más fuerza.

¿Qué es lo que tienes que hacer en este pequeño momento de pausa? Te lo contamos:

1.- Haz cuentas. Conoce cuanto tienes y para cuanto tiempo te alcanza. La temporada de vacas flacas es más que conocida por los emprendedores, pero la realidad de las vacas flacas se ve reflejada cuando estás en un momento de crisis y aún así debes de pagar gastos fijos, nóminas y todos aquellos gastos que son inminentes para que sigas operando. Si los número no te dan, puedes buscar un inversor que este dispuesto a apostar por ti y por tu empresa o también optar por buscar un crédito. Cualquiera de las dos opciones suponen un riesgo que debes de asumir y del cual debes de estar convencido que vas a poder solventar en un futuro para no endeudarte.

2.- Replantea tu estrategia. Nadie aprende sin equivocarse y puede ser que te encuentres en este punto precisamente por que haz apostado por una estrategia que termino por no funcionar de la manera correcta (aunque sea consecuencia de un cambio externo). La gran maravilla de los errores es que se puede aprender de ellos, así que siéntate (solo o con tu equipo), toma un papel y una pluma y literal arrastra el lápiz para encontrar el nuevo camino que debes de tomar teniendo en consideración todo lo que has aprendido. Puedes replantear tu mercado, tu producto o tu canal de venta, apuesta por estrategias de comunicación que te ayuden a tener visibilidad y piensa más allá de lo obvio para que tu negocio renazca como el ave fénix.

3.- Elige bien con quien vas a trabajar. Los momentos de cambio no son fáciles, la tensión se acumula y tendemos a ver un sentido de urgencia sobre todo cuando sentimos el agua hasta el cuello. Ser el dueño del negocio y estar en este tipo de situaciones no es fácil y se complican un poco más cuando tienes a un equipo (grande o pequeño) que tiene sus propias necesidades. Lo que tienes que hacer, primero que nada y habiendo pasado por los puntos uno y dos, es ser sincero con ellos. Probablemente ya saben que la situación no va bien, pero siempre es reconfortante escucharlo directamente del que lleva la batuta. Si te sinceras con ellos, les describes la situación actual y los haces partícipes de la solución es muy probable que cuentes con ellos para sacar adelante el barco y que se pongan la camiseta por todos para salir del bache. En situaciones de crisis, un equipo unido puede llegar a lograr maravillas; aliéntalos, motívalos, pero sobre todo hazles saber que pueden confiar en ti y que tu también estas haciendo tu parte para que todos salgan ganando.

4.- No hay ideas malas ni tiempo que perder. Cuando llegamos a este punto, ya no podemos irnos por lo seguro, debemos de ser capaces de identificar aquellas ideas que pueden aportar de las que no y no sólo estar dando patadas de ahogado. Es el momento de sacar todos los proyectos que tenias planeados hacer en el mediano y largo plazo e implementarlos. Pero no lo hagas “como el borras”, tomate el tiempo de planear y ejecutar de manera inteligente para que den resultados y que realmente aporten valor. No esperes más para hablar con ese nuevo cliente, proveedor o distribuidor, quítate la pena, el agobio y haz lo que tengas que hacer para que esta nueva etapa de tu negocio prospere.

5.- Pon un plazo. Aunque muchas veces el plazo lo dictan los números, tienes que ser consciente de hasta que punto vale la pena luchar. Cuando establezcas tus nuevos objetivos, utiliza la metodología SMART para plantearlos y que todo quede claro. Se honesto contigo y pon un tiempo realista en el que puedes sacar adelante tu empresa y si en ese periodo de tiempo tienes que volver a alguno de los puntos antes mencionados, esta bien. Es mejor regresar mil veces, a mentirnos a nosotros mismos sobre la realidad en la que vivimos.

6.- En verdad no entres en pánico. Este punto es el último mencionado a propósito para que después de las reflexiones que tuviste con los otros cinco, te des cuenta que no debes de entrar en pánico. Si mientras leías los puntos anteriores llegaron a ti nuevas ideas, anotaste algunas cosas que tienes que hacer y hasta con quien tienes que hablar, no hay entonces alguna razón por la que debas de entrar en pánico. Sabes lo que tienes que hacer, con quien lo vas a hacer y que tiempos necesitas, por lo tanto haz tu nuevo plan y confía en que tienes todo lo necesario para seguir triunfando. Transmite esta tranquilidad a las personas que han decidido remar contigo en el barco y no bajes la guardia. Una mente tranquila trabaja mejor que una mente agobiada.

Tomate un día, dos, el fin de semana o el tiempo que sea necesario para replantear tu negocio. Despeja tu mente, respira y responde todas las preguntas que te vengan a la mente (tanto buenas como malas); se honesto contigo, con lo que quieres obtener de esta nueva etapa para tu negocio y confía en que tu espíritu emprendedor te ayudará a seguir de la mejor manera. Acuérdate que ser emprendedor, aventurero y salirte de lo normal no es fácil, muchos de los grandes fracasaron miles de veces antes de encontrar la pepita mágica, pero lo que los hace diferentes es que a pesar de fracasar, no desistieron de perseguir sus sueños. El fracaso no es malo, es sólo una nueva oportunidad de aprender.

Así que agárrate bien los pantalones y chíngale, por que esto apenas comienza.

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